Capítulo 28 Laberintos y coyotes

Nos encontrábamos en la casa del coyote en Ocotal, Nicaragua. Este es el pueblo fronterizo desde donde empezaría nuestra ruta hacia México. Manuel y yo estábamos aterrados en aquel cuartico recibiendo las instrucciones de qué hacer en caso de alguna eventualidad durante el trayecto. El coyote nos aseguró que todo saldría bien y llegaríamos a Tapachula, México, en dos días como estaba previsto. Pero nosotros estábamos tan nerviosos que no sabíamos ni cómo reaccionar, y prácticamente llegamos a dudar si estábamos en el camino correcto. No teníamos la menor idea de cómo sería ese viaje, pero no nos quedaba de otra que ser optimistas y aferrarnos a la promesa de nuestro guía, que juraba que todo iba a salir bien.

A la media noche partimos rumbo a la frontera de Honduras a bordo de una camioneta blanca, con una persona que no conocíamos. El coyote dijo que nos encontraría en Puerto Cortés, uno de los pueblos que hay antes de llegar a la frontera con Guatemala. Nosotros no sabíamos dónde estaba el pueblo ese, si el norte o el sur, al este o al oeste, no sé, estábamos algo confundidos y confiando a ciegas en lo que nos decía el coyote y en sus instrucciones. Pero bueno, a pesar de estar tensos teníamos fe que todo iba a salir bien, y de esta manera empezamos el recorrido.

Ocotal, Nicaragua

Ocotal, Nicaragua

El chofer de la camioneta no nos habló durante el camino, de un momento a otro salió de la vía y se metió por un campo y por unos recovequecos que daban terror; y de ciudad nada y autopistas menos, aquello era un monte en el medio de la nada. No estaba seguro si eran cafetales o platanales, o cualquier otra cosa, pues no se veía nada; cuando de pronto disminuimos velocidad y  había un hombre con un machete caminando al lado de la camioneta mirando para adentro. Por primera vez el chofer habló y nos dijo que nos bajáramos y siguiéramos camino con aquel hombre. Le dije “¿en serio?” porque a la verdad ya me estaba dando miedo. El tipo asintió con la cabeza, y nos tuvimos que bajar. Caminamos por unos 20 minutos por la orilla de  aquello que parecía un camino, y llegamos a una casita donde nos recibieron los guardianes del lugar, unos perros bien escandalosos y con ganas de morder a alguien. Pero afortunadamente una señora salió y los amarró para que pudiéramos pasar.

El guía nos dijo que nos sentáramos en el portal hasta que nos avisara; y una media hora más tarde se apareció y nos dijo que lo siguiéramos. Sus instrucciones fueron precisas, teníamos que caminar rápido y sin detenernos pues la persona que nos iba a recoger no podía  esperar y teníamos que llegar a la hora acordada. Nada de linternas ni ningún tipo de luces y mucho menos hablar, de lo contrario podíamos ser descubiertos. Con el corazón a mil salimos detrás de aquel hombre. Eran sembradíos altos, como maizales o algo así, no estoy seguro, pero los trillos eran bastante irregulares y con subidas y bajadas. Manuel y yo nos dimos las manos porque allí no se veía nada y de esa manera podríamos seguirnos sin miedo a que alguno de los dos se quedara atrás, ya que ni siquiera se podía hablar. Yo me caí un par de veces con esa corredera, pero nada, me paraba y seguíamos. Manuel igual se resbaló un par de veces pero como yo iba detrás pues lo ayuda a levantarse y continuábamos prácticamente corriendo detrás de aquel hombre.

Después de casi una hora caminando por aquellos laberintos, nos detuvimos y nos quedamos quietos por un momento. A lo lejos se veía una luz que encendía y apagaba cada uno o dos minutos. El guía nos dijo: “Ahí está su trasbordo, esperaremos a que se acerque más y van a seguir con él”. Por nuestras cabezas pasaban mil cosas, estábamos llenos de dudas. En ese momento era como estar perdidos en el limbo sin saber ni dónde estábamos ni para dónde íbamos. Cuando nos dio la señal seguimos caminando rápidamente detrás de él hasta que llegamos a una camioneta parecida a la anterior. Ahí nos subimos y él se despidió diciendo que pronto íbamos a salir de allí y fue a hablar con el chofer del carro que estaba un poco apartado.

Minutos más tarde nuestro nuevo guía vino y sin saludar encendió la camioneta y empezó a manejar, iba muy despacio y con las luces apagadas. Al rato se subió a la carretera y nos dijo que ya estábamos en Honduras. Seguido a eso entramos a un pequeño pueblito llamado El Paraíso y llegamos a un hostal. El chofer parqueo frente a una habitación, nos dio las llaves y dijo que descansáramos un par de horas que alguien nos recogería exactamente a las 7 am. A la verdad estábamos muertos de cansancio, todo el estrés de ese viaje, metidos en aquel campo, con gente que no conocíamos y con el susto de que algo nos pudiera pasar. Aun así nos daba temor quedarnos dormidos y que nos fueran a asaltar, o matar, o algo. No sé por qué, pero aunque parezca exagerado a esa hora uno está pensando que todo le puede pasar. Finalmente decidimos que era necesario dormir ese par de horas, era mucho el agotamiento. Así que nos duchamos (estábamos sucios y con tierra hasta en las orejas) y luego caímos muertos en la cama.

tegucigalpa-mapA las 7 am exactamente nos estaban tocando la puerta. Nos despertamos sobresaltados y cuando abrimos, era otro hombre que no habíamos visto, y nos dijo que debíamos salir en 5 minutos. Rápidamente nos alistamos, comimos algo de desayuno que él nos trajo, y al camino nuevamente. El guía nos subió a un microbús que nos llevaría a Tegucigalpa, la capital hondureña. Él nos dijo que nos  sentáramos en la parte de atrás del bus en asientos separados y que el iría en la parte delantera. También nos explicó que estábamos en un pueblo fronterizo y que la policía migratoria podría detener el bus para chequear documentos, pero que si nos bajaban a cualquiera de los dos, él se bajaría y lo arreglaría. Y dicho y hecho, minutos más tarde la policía detuvo al bus para pedir documentos al azar. Afortunadamente, este fue nuestro día de suerte, Manuel y yo nos hicimos los dormidos y no nos molestaron.

Al llegar a Tegucigalpa, seguimos detrás del guía esperando alguna orientación. El entró al terminal de buses y nosotros nos sentamos cerca de él. Más tarde vino y nos dio dos boletos y nos dijo que nos teníamos que subir a otro bus para seguir a San Pedro Sula. Nos explicó que en el bus había alguien con gorra roja en los primeros asientos y que ahora era a él a quien teníamos que seguir. Al subir al bus identificamos a nuestro objetivo y procedimos a sentarnos en nuestros respectivos asientos. Como teníamos varias horas de viaje aprovechamos para dormir un poco y recuperarnos, pero uno a la vez ya que teníamos que estar al pendiente si el guía nos hacía alguna señal para bajar.

Un poco antes de llegar a San Pedro Sula, el guía se acercó a nosotros y nos dijo que bajáramos en la siguiente parada, y así lo hicimos. De ahí nos subió a un taxi y le dio algunas instrucciones, y este nos llevó a una casa en Puerto Cortes, donde tendríamos que esperar a la noche para cruzar la frontera a Guatemala. Al llegar a esta casa nos encontramos con el coyote (el nicaragüense). Nos preguntó cómo había sido el viaje y nos dio un poco de confianza diciéndonos que la peor parte ya había pasado. Nosotros en realidad sentimos tremendo alivio de verlo allí, al menos estábamos más tranquilo. Él nos dio su celular y nos dejó llamar a EEUU para hablar con la familia y decirles que estábamos bien. Luego nos dijo que se tenía que ir porque debía que cruzar la frontera a Guatemala antes que cerraran, pero que nos vería del otro lado; y ahí nos despedimos.

Cuando el coyote nos dijo que lo peor había pasado nosotros le creímos, pero lo que no nos imaginábamos era que nos tocaría volver a cruzar la frontera como lo hicimos anteriormente. Y así comenzó otra odisea de terror por esos montes centroamericanos. De la casa donde estábamos salimos en un carro que nos dejó en otra casa en el tope de una loma. Como imaginarán las condiciones ahí eran precarias, estos son lugares donde puedes ver en realidad la pobreza cara a cara. Ahí cuando llegamos lo primero que nos encontramos fueron unos niños que nos ofrecieron unas botas de agua, alquiladas eran 5 dólares, y si nos queríamos quedar con ellas eran 15. Nosotros nos miramos y dijimos “¿Botas de agua? ¿Para qué?” Los niños inteligentemente nos  dijeron “Las van a necesitar para el camino”. Pero nosotros no le hicimos mucho caso, primero porque no podíamos estar gastando dinero y segundo porque no sabíamos si eran necesarias o no para nuestro viaje. Si lo peor ya había pasado y no las habíamos necesitado, ¿por qué las necesitaríamos ahora?

¡Teníamos que haber alquilado aquellas botas! El guía nos recogió y por detrás de su casa empezamos a caminar monte adentro, primero pasamos por un campo lleno de vacas, las vacas en el suelo echadas y nosotros esquivándolas. Luego nos tuvimos que meter por un pantano y los pies se nos hundían cada vez más en aquel lodo, y lo peor era que no se veía nada. Yo solo sentía las ranas brincándome arriba y yo que les tengo miedo, no sé de dónde saque las fuerzas para vencer aquella fobia que me mataba por dentro. Afortunadamente solo caminamos unos 10 o 15 minutos por aquel pantano, y empezamos a atravesar otro campo. Ahí me tocó un baño inesperado. Teníamos que cruzar un arroyo y no había puente obviamente, sino el tronco de un árbol que unía a ambas orillas. Como comprenderán yo no  soy un acróbata ni nada de eso, y me caí a medio cruce. Manuel después de matarse de risa, me pasó desde la orilla una vara larga y me ayudo a salir. Total ya estaba lleno de lodo, así que el agua no me vino mal.

Minutos después llegamos a la carretera, y ahí tuvimos que quedarnos agachados hasta que llegara nuestro siguiente guía. En ese momento, los mosquitos sedientos de sangre del lugar nos acribillaron. Me imagino que pensaron que nosotros éramos su plato de la noche, y se banquetearon. Al llegar la camioneta inmediatamente nos subimos y nos largamos de aquel lugar. Minutos más tardes  estábamos en un hostal en Puerto Barrios, Guatemala, donde el coyote nos estaba esperando. Ahí nos dimos cuenta que no podíamos seguir con aquella ropa ni aunque la laváramos. Tuvimos que botar los zapatos y los jeans y los pulóveres que traíamos puestos ya que no nos daba tiempo a lavar porque debíamos salir en la madrugada.  Al otro día en la mañana compramos un jean nuevo ya que yo solo traía el que boté y aparte un short que tenía extra, pues solo podíamos traer una pequeña mochila de mano. Afortunadamente el coyote pago por eso.

665447-Guatemala-Ciudad-0Esa noche pudimos dormir al menos mejor, pero no fue lo suficiente para recuperarnos del cansancio que traíamos. El coyote nos dijo que nos volvería a ver en Tapachula, México, y salimos en un bus rumbo a Ciudad de Guatemala con otro de sus guías. Para suerte nuestra no hubo ninguna eventualidad en el camino y apenas llegamos al terminal de buses de la capital guatemalteca, nos entregaron los tickets para la continuación hasta Coatepeque, en la frontera con México. Este trayecto también fue sin percances y nos bajamos antes de llegar al destino por cuestiones de seguridad porque según el guía, al llegar allí siempre estaba la policía migratoria chequeando. Ahí subimos a un taxi y fuimos hasta una zona cerca de la frontera donde pasaríamos la noche, pues no había tiempo para pasar ese mismo día. Aunque el coyote originalmente dijo que demoraríamos dos días, nos quedamos tranquilos pues sabíamos que al menos ya estábamos a un paso de México.

A las 6 de la mañana del día siguiente el guía nos recogió en unas motocicletas y salimos para hacer el cruce. Llegamos al rio Suchiate, y esperamos a que nos dieran la señal para subir a una balsa. Allí vi un panorama estilo Apocalypto, la película de Mel Gibson. Los indígenas en el rio bañándose desnudos con sus familias; otros lavando, otros cocinando. Una vida totalmente fuera de serie, cosa nunca imaginé ver. Solo había escuchado historias de los aborígenes y esas cosas cuando estaba en la escuela, pero nunca pensé presenciarlo cara a cara. Bueno en cuanto nos dieron la señal subimos a una balsa con remos que llegó a la orilla y así cruzamos el rio. Fue cosa de 4 o 5 minutos. Al bajar, el hombre de la balsa nos dijo que subiéramos hasta la calle y ahí estaría un hombre en un bici taxi esperando. Y así fue; este hombre nos llevó hasta un parque y ahí tomamos un bus hasta Tapachula. Lo único que nos advirtió fue que si nos paraba la policía dijéramos que éramos cubanos e íbamos a entregarnos a migraciones. También nos dio la dirección del hostal a donde teníamos que ir en Tapachula al llegar para ver al coyote.

mapa

Nuestro recorrido desde Ocotal hasta Tapachula

Todo fue muy fácil, la policía nos detuvo pero dijimos lo que se nos orientó y nos dejaron seguir. Al llegar al hostal, la dueña (no recuerdo su nombre) nos dijo que el coyote tuvo que regresarse a Nicaragua y dejó instrucciones de que le depositáramos el dinero con ella. Obviamente minutos después el llamó para asegurarse. Nosotros le agradecimos de mil manera que todo había salido bien y quedamos en avisarle cuando llegáramos a los EEUU. Su tarea había finalizado pero aun así él nos dijo todo lo que teníamos que hacer para seguir sin problemas nuestro camino.

Manuel y yo estábamos radiantes de felicidad, estábamos finalmente en México y no lo podíamos creer. Es como que tú te preparas tanto para algo que cuando lo logras no te lo crees. Todo el trabajo que pasamos valió la pena, nosotros ya nos sentíamos en EEUU. ¿Qué otra cosa podría interrumpir nuestro viaje? Ya estábamos en el norte, solo necesitábamos el permiso de México, y listo,  rumbo a la tierra de la libertad.  Claro, en ese momento no nos imaginamos que las cosas no serían tan fáciles como nos las pintaron. A veces cuando más cerca, más lejos. ¿Por qué digo esto? ¡Les contaré en el próximo capítulo!

Continuará…

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Copyright © 2014 Rodolfo Paneque

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Acerca de Un Cubano por el Mundo

Soy Rodolfo Paneque, un cubano como otro cualquiera haciendo realidad mis sueños de vivir en libertad y viajar por el mundo. Mi pasión por los viajes me llevo a estudiar una licenciatura en Hotelería y Turismo, y de esa manera me he realizado como profesional en el este fascinante mundo al que me he dedicado. Me encanta compartir mis experiencias con amigos y familia y así estimularlos a que viajen también y se vayan a descubrir las maravillas que hay regadas en mundo. Les invito a todos a seguir mi blog y también a seguirme en las redes sociales. Si eres de los míos ¡bienvenido a bordo!
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11 respuestas a Capítulo 28 Laberintos y coyotes

  1. Rosa dijo:

    ESO NO SE VALE EN LA MEJOR PARTE EN PIESA RAPIDO LA OTRA PARTE PERO COMO DE COSTUMBRE MAGISTRAL YA ESTAS GRADUADO DE ESCRITOR TAMBIEN UN ABRAZO

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  2. Nelson dijo:

    Excelente, gracias a Dios, ya en Mexico, pero como siempre seguimos intrigados al final de cada capitulo. Corre para el 29,

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  3. Madeline González dijo:

    NO NO NO, POR FAVOR NO NOS HAGAS SUFRIR NOS QUEDAMOS CON GANAS NO DEMORES TE LO IMPLORO NECESITO LEER EL PRÓXIMO CAPÍTULO YA, ME ENCANTO BENDICIONES Y APRESURATE

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  4. Aida Ascanio dijo:

    Rodo que manera de engrandecerte, por eso te has Ganado el privilegio de llegar a donde esta, gracias por demopstrar que donde hay hombre no hay fantasma ni obstaculo que se le interponga, gracias

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    • Muchas gracias profe! Cuanto aprecio sus palabras y que siempre se tome unos minutos para dejarme un mensaje!
      Y sabe algo? Tiene razon, los fantasmas solos existen en nuestras mentes! Depende de nosotros luchar contra ellos o no, pero nada es imposible! Abrazo fuerte!

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  5. Chabela dijo:

    Hay si ahora viene la mejor parte

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  6. Estela dijo:

    Increíble, pero cierto…quedo ávida de leer el próximo capítulo

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  7. Rodo! Nos pusimos al día con los últimos dos capítulos. Nos seguís asombrando. Es increíble too lo que viviste, más de lo que se puede esperar de una película. ¡Qué historia! ¡Qué locura! Estamos ansiosos por saber cómo hiciste para salir de México.
    Sos un grande Rodo.
    Te admitamos profundamente. Ali y Uli.

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  8. Hola Rodolfo, pues finalmente pude leer los 2 ultimos capitulos, que decirte me he quedado muy impactada. Que valor el tuyo!!!!! Es una aventura muy peligrosa, eres afortunado q hoy la puedes contar pero no todos tienen la misma suerte. Yo no se la recomiendo a nadie. la vida es una sola y esa ruta al sueno americano es un GRAN PELIGRO NO RECOMENDADO A NADIE.

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