Los 5 destinos más visitados del mundo

Las atracciones turísticas más visitadas del mundo no son las que a veces pensamos. Lugares como la Torre Eiffel (que recibe 7 millones de personas al año) no pueden siquiera compararse con los siguientes:

#1. El Gran Bazar de Estambul, del siglo XV, que recibe 91 millones de personas anualmente.

Foto: boomsbeat

Foto: boomsbeat

#2. La plaza del Zócalo, en Ciudad de México, con 85 millones de visitas anuales.

zocalo

#3. Time Square, en Nueva York, con 50 millones de visitantes al año.

#4. El Parque Central, de Nueva York, ocupa el cuarto lugar con 40 millones anuales.

Foto: PlanetWare

#5. El Strip de Las Vegas, con nada menos que 31 millones de visitantes por año.

Foto: NTS Limo

Foto: NTS Limo

¿Otros lugares sumamente visitados? La Ciudad Prohibida, en Beijing, China, que recibe cerca 16 millones de visitante cada año; y le sigue en la lista Disney World en Florida, con 19 millones.

De todos estos lugares, solo me falta por visitar Las Vegas (que por supuesto está en mi lista de deseos). Y tu viajero, ¿Cuál de estos lugares te falta por conocer?

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Cuba y Estados Unidos abrirán embajadas en sus respectivos territorios

Foto: @cubadebate

Después de medio siglo, finalmente se anunció de forma oficial que Estados Unidos y Cuba volverán a tener embajadas en sus respectivos territorios a partir del próximo 20 de julio del 2015. Este es un gran paso de avance que forma parte del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones que se inició el pasado diciembre del 2014.

El Presidente Obama aseguró que “los esfuerzos para aislar a Cuba, a pesar de las buenas intenciones, han tenido el efecto contrario” por lo que instó al Congreso de los EEUU a levantar el embargo económico que este mantiene sobre la isla desde 1962. Sinceramente espero que la respuesta del Congreso americano sea favorable para nosotros los cubanos.

Raúl Castro por su parte confirmó la decisión de Cuba de restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y abrir embajadas, en una carta dirigida a Barack Obama, la cual se hizo pública en los medios oficiales cubanos. La misiva lee “Me complace dirigirme a usted para confirmar que la República de Cuba ha decidido restablecer relaciones diplomáticas con los Estados Unidos de América y abrir misiones diplomáticas permanentes en nuestros respectivos países, el 20 de julio de 2015”.

El restablecimiento de las relaciones entre ambas naciones, desde mi punto de vista, no solo aviva la esperanza de nuestros hermanos cubanos que permanecen en la isla sino también la de los miles y miles de cubanos que vivimos en el exilio. Claro está, los cambios serán poco a poco, pero se está logrando. Hay muchos, como yo, que lamentablemente no podemos regresar siquiera para ver a nuestros familiares; pero tengo la esperanza que las cosas cambien y pueda algún día regresar a la tierra que me vio nacer.

Fuentes: BBC News

Foto: Cubadebate

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Países que no exigen visa a los cubanos con Green Card

pasaporteEl pasaporte cubano es uno de los más restringidos a nivel mundial, pero créalo o no, hay algunos países nos permiten la entrada sin visa previa (aquí la lista).  No obstante, para los cubanos que vivimos en los Estados Unidos o Canadá y poseemos la tarjeta de residencia permanente “Green Card”, existe la posibilidad de viajar a unos cuantos países más sin necesidad de tramitar una visa.

Tenga en cuenta que las leyes migratorias de los países cambian constantemente, así que para estar seguros antes de viajar es mejor consultar primero con el respectivo consulado del país que piensan visitar.

Países que no exigen visa a los cubanos con Green Card

  1. Antillas Holandesas (Aruba/Bonaire/Curazao) – Hasta 30 días
  2. Bahamas – Hasta 30 días
  3. Belice – Hasta 30 días
  4. Costa Rica – Hasta 30 días
  5. Canadá – Hasta 180 días
  6. Guatemala – Hasta 30 días
  7. Honduras – Hasta 30 días
  8. Islas Caimán – Hasta 30 días
  9. Islas Turcas y Caicos – Hasta 30 días
  10. Islas Vírgenes Británicas – Hasta 30 días
  11. Jamaica – Hasta 30 días
  12. México – Hasta 180 días
  13. Nicaragua – Hasta 30 días
  14. Panamá – Hasta 30 días
  15. Puerto Rico – Indefinido (Estado Libre Asociado)
  16. República Dominicana – Hasta 30 días
  17. Salvador – Hasta 30 días

Si conoces de algún otro país que nos permita la entrada a los cubanos residentes en EEUU, no vaciles en ponerlo en los comentarios para agregarlo a esta lista.

© 2015 Un Cubano por el Mundo
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Capítulo 31 Viviendo mi sueño americano

Estábamos muertos de hambre y de cansancio, pero por fin habíamos llegado a la tan anhelada frontera de México con los Estados Unidos. El taxista que nos dejó allí dijo que tendríamos que pagar 3 pesos mexicanos para pasar el puente y que cuando llegáramos a la mitad ya estaríamos en nuestro destino. A esa hora nadie traía pesos mexicanos pues lo poco que teníamos lo gastamos antes de llegar allí. Alguien mencionó que cerca había una casa de cambio, pero yo dije que no me arriesgaría a ir a ningún lado, y menos a esa hora (como 6:30 am). Yo solo quería tocar suelo americano lo antes posible, había soñado con ese momento toda mi vida.
La gente no sabía ni qué hacer, no sé si eran los nervios o el cansancio pero ese momento se tornó un tanto confuso. Yo solo recuerdo que Manuel y yo empezamos a caminar de prisa para cruzar aquel puente rápido. El lugar donde cobraban los 3 pesos era como una taquilla donde pagas, empujas un brazo de hierro y sigues, como esos que uno ve en los baños públicos o las entradas de los metros. Yo tenía planeado dejar un dólar que traía pero para suerte nuestra no había nadie cobrando allí, así que cruzamos y a toda velocidad nos dirigimos hacia la parte americana. No sabía si estaba soñando a qué, pero mi corazón empezó a latir aceleradamente cuando vi un cartel enorme que decía WELCOME TO BROWNSVILLE, TEXAS. ¿Estaba en los Estados Unidos? ¿En serio? No paraba de preguntarme esto. Es que realmente no hay palabras para describir la sensación que uno experimenta al llegar a la tierra de la Libertad. No sabía si reír o llorar, eran muchos los sentimientos encontrados.
Mientras entraba al edificio de CPB (U.S Customs and Border Protection) mi mente se llenaba de incertidumbres con cosas como ¿Qué digo? ¿Pido asilo político o Ley de Ajuste Cubano? ¿Entrego mi pasaporte, o solo muestro mi carnet de identidad con la inscripción de nacimiento? (Había escuchado que si uno entregaba el pasaporte lo perdía pues nunca te lo devolvían y obviamente uno no quiere eso pues el pasaporte cubano es muy caro). Eran tantas cosas que a la verdad estaba muy nervioso, no quería bajo ningún concepto que una metida de pata (como decimos en Cuba) me fuera a mandar de cabeza para Sudamérica. Sabía que era difícil pero tenía que empezar a respirar hondo y calmarme, de lo contrario las cosas se podrían complicar.
Al entrar al majestuoso edificio de Inmigración y Protección Fronteriza, Manuel y yo nos pusimos en la cola que había para pasar el control de pasaportes. Al llegar nuestro turno le dijimos al oficial que nos atendió “Somos cubanos y solicitamos asilo político”. De inmediato nos apartó a un lado y luego nos mandó a un salón para ser procesados. Así sucesivamente todos los que venían detrás de nosotros los mandaban para el mismo salón de espera donde se harían los trámites correspondientes.
Poco a poco nos iban llamando para hacer el interrogatorio, íbamos de uno en uno. Ahí teníamos que explicar por qué pedíamos asilo político y como habíamos llegado hasta allí. Firmé un montón de papeles los cuales no te dan tiempo a leer y yo ni pregunté. Ya había visto a dos que pasaron delante de mí y por preguntar qué eran aquellos papeles los pusieron a un cuarto separado y los dejaron por horas allí para que los leyeran, así que yo solo firmaba y cero preguntas. Luego me tomaron las huellas dactilares, un par de fotos y me mandaron a esperar. No quiero mentir, el proceso es muy desagradable. Llegué un poco antes de las 7 am, me llamaron para el interrogatorio sobre la 1 pm y a las 8 pm aún estaba allí en aquel salón esperando.
Uno ve a los oficiales de inmigración haciendo de todo menos su trabajo. Se la pasan merodeando de un lado para otro, haciendo chistes, comiendo, o simplemente sentados con los pies para arriba mirando una que otra película en la computadora. A esa hora (ya tarde en la noche) algunos de los cubanos que estaban allí fueron a preguntar si había algún lugar donde comprar algo de comer o si teníamos que esperar mucho para que terminara el proceso pues no habíamos comido nada desde el día anterior (allí obviamente no había ni agua) y encima del hambre y la sed andábamos sumamente agotados. La respuesta de un par de oficiales mexicanos-americanos que trabajan allí fue: “Si no les gusta el trato, agarren la misma balsa con que vinieron y lárguense a Cuba, aquí no hay atención especial para los cubanos”.
Esa primera “impresión” de bienvenida que nos dieron los americanos nunca la he olvidado. Claro, luego me daría cuenta que todos son así, ya sea que entres por mar, aire o tierra. Los oficiales de inmigración de EEUU reciben un salariazo por estar comiendo de lo que pica el pollo en sus puestos de trabajo y encima se dan el lujo de maltratar a cuanto inmigrante llega a este país. Bueno eso será un asunto del cual quizás hable luego. El caso es que no fue nada agradable el trato que recibimos al llegar; y sinceramente sentía deseos de estar nuevamente en Perú. Por suerte cerca de la media noche de aquel 30 de marzo me entregaron mis papeles y oficialmente podía entrar al país con que tanto había soñado.
Manuel fue uno de los que se acercó y preguntó por comida o agua; y al parecer esto les incomodó a los oficiales y lo dejaron allí junto a otros dos. Yo quería quedarme hasta que le dieran sus papeles pero no me lo permitieron y uno de los guardias de seguridad me dijo que tenía que salir, o mejor dicho “entrar” a los Estados Unidos. Entonces no me quedó de otra que irme, pero un poco nervioso por no saber lo que me esperaba afuera, y también por no saber qué pasaría con mi compañero de viaje, ya que no tenía certeza de si lo dejarían allí por un par de días más o si quizás lo sacarían por algún otro lado. Al salir vi un parque y me senté en un murito que había allí justo al frente de la salida de Inmigración. Ahí me dispuse a esperar hasta que él saliera. Afortunadamente 4 horas más tarde le entregaron sus papeles y lo vi venir con una sonrisa de oreja a oreja.
Manuel y yo nos dimos un abrazo fuerte y lleno de emoción, y entre lágrimas dijimos “Lo logramos coño, lo logramos”. No fue fácil el camino, pero llegamos a la meta. Lo raro es que uno pasa tanto trabajo para llegar que cuando estás ahí no sabes si ya terminó la odisea, o si vas a despertar del sueño y te vas a ver aun cruzando alguna frontera o metido en un pantano con ranas saltando a los lados. Pero bueno gracias a Dios era realidad y finalmente estábamos en la tierra del Tío Sam.
A esa hora, casi amaneciendo tuvimos que empezar a buscar la forma de salir de allí. Alguien me había dicho ya que la Greyhound (una línea de buses) estaba a un par de cuadras así que caminamos hasta la terminal a ver cuánto costaban los pasajes. Yo quería ir para Miami, pero lamentablemente no tenía dinero y no quería llegar a casa de nadie a molestar. Por lo tanto, mi opción era ir para Nueva York donde vivía mi familia y quedarme ahí hasta que empezara a trabajar para independizarme. Al llegar a la terminal de buses preguntamos por el precio de los boletos, y aunque eran bastante económicos eran muchísimas horas en el camino. Ya llevábamos dos días de viaje desde Tapachula hasta Matamoros, no queríamos estar 3 o 4 días más de camino en buses. En lo que a mí respecta, tenía un cansancio tan horrible que lo único que el cuerpo me pedía era una cama urgente.
Manuel llamó a su familia y estos le dijeron que fuera para el aeropuerto más cercano y que les avisara para comprarle el pasaje. Yo por mi parte llamé a una tía mía en Nueva York y le dije la situación. Ella me dijo que no me preocupara y también me pidió ir al aeropuerto más cercano que ella me compraría el pasaje con su tarjeta de crédito, así que Manuel y yo inmediatamente nos fuimos a buscar un taxi que nos llevara. En ese momento nos encontramos con otros dos de los que llegaron con nosotros y también buscaban la manera de llegar al aeropuerto, así que entre los cuatros tomamos el mismo taxi y nos salió como 10 dólares por cada uno.
2013-03-13_BRO_Airport_CHOUY0011EUna vez en el aeropuerto yo reservé en el próximo vuelo a Nueva York y les di el número de mi tía para que se comunicaran con ella y tomaran el pago. Manuel por su parte hizo lo mismo. Por suerte coincidimos en el primer vuelo hasta Houston, y luego ambos tendríamos que tomar vuelos distintos. Es gracioso, pero me sentía un poco raro porque todos hablaban inglés, y esto me hizo recordar mis primeros días en Ucrania donde estaba como perdido sin entender nada de lo que la gente hablaba. Yo sabía inglés básico pero a los americanos no les entendía ni media palabra.
En Houston llegó el momento más difícil de esta travesía, separarme de mi compañero de viaje, Manuel. No sabía que sería de su vida de ahí en adelante y yo no sabía que sería de la mía, pero lo cierto es que no nos queríamos separar. Forjamos una amistad a prueba de balas, como esas de las que casi no existen. Cruzamos juntos toda América para llegar a la tierra de nuestros sueños, y creo que esta experiencia vivida nos hizo valorar al máximo nuestra amistad tan leal y sincera. Solo esperaba que algún día lo volviera a ver, y le deseaba la mejor de las suertes. Con lágrimas en los ojos y sin poder pronunciar palabra alguna nos dimos un abrazo y él procedió a abordar su avión a Miami; ciudad en la que reside hasta el día de hoy, viviendo a plenitud su sueño americano.

A mi llegada a Nueva York.

A mi llegada a Nueva York.

Mi vuelo salió un rato más tarde, y en tan solo un par de horas ya estaba en mi destino final, Nueva York. Allí me recibió mi familia y ya imaginarán ese recibimiento entre lágrimas y abrazos. Por un momento olvidé todo aquel cansancio que traía encima y disfruté ese reencuentro familiar que tanto ansiaba. Las preguntas curiosas no paraban, todos querían saber cómo había sido el camino y las cosas por las que había pasado. “Ya les contaré luego” es lo que les decía y entre una que otra carcajada llegamos a la casa.
Esa noche marcó el fin de una larga carrera hacia una meta que aunque parecía inalcanzable no lo era. Con tan solo 18 años me lancé a esta gran aventura de salir en busca de mi libertad. Dejé atrás a mi familia, mis amigos y lo poco que poseía; y con pasaporte en mano y una mochila llena de sueños me embarqué en una osada aventura que duraría más de cuatro años. Viaje a Ucrania con dos locos aventureros igual que yo, aunque poco después seguí solo mi camino ya que no tenía dinero para continuar. No conocía a nadie allá, no llevaba suficiente dinero y para colmo no hablaba el idioma, pero eso no me desanimó. Limpié pisos en supermercados, lavé platos en restaurantes, y hasta barrí vagones de trenes en ocasiones para poder pagar mi renta. Pasé noches de frio y de tristeza, donde extrañaba el abrazo de mi madre, o algo tan simple como su cafecito caliente cada mañana. A veces quería dejar todo y regresar, pero sabía que si lo hacía echaría a la basura todo el sacrificio que había hecho hasta el momento.
En Ucrania también conocí personas maravillosas, como mandadas por Dios, quienes a pesar de no hablar mi idioma me ayudaron, me guiaron y me dieron el ánimo que necesitaba para seguir adelante. Con la ayuda de algunos de ellos y de algún que otro familiar reuní el dinero que necesitaba para irme a los EEUU. Un plan que lamentablemente fracasó y en un abrir y cerrar de ojos estaba montado en un avión rumbo a Cuba y con una orden de deportación en manos. Esto no me detuvo y empecé a buscar nuevas vías de escape. Con la ayuda de una amiga regresé a Ucrania, pero no era en realidad lo que yo quería y sabía que de allí no llegaría jamás a los EEUU. Poco después encontré la forma de irme a Sudamérica vía Cuba, lo que a su vez me daría la cobertura de hacer un poco de dinero llevando algunas maletas de ropas para vender. La muerte de mi abuelita precipitó ese regreso a la isla.
Un mes más tarde me encontraba en otro avión rumbo a Perú, país me abrió sus puertas y me acogió como a uno más de sus hijos. Allí permanecí cerca de tres años y medios y tuve la oportunidad de llevar a mis padres para que pasaran unos días conmigo. Luego decidí arriesgarlo todo nuevamente y salir de mi zona de confort para tratar de alcanzar finalmente mi meta. Esos días antes de salir conocí a un amigo que se sumó a la aventura. Ambos cruzamos toda américa de sur a norte para hacer realidad nuestros sueños de vivir en una tierra de libertad, justicia, democracia e igualdad social.
Si, y aquí estaba yo ahora, disfrutando mi primera noche en Nueva York, pero consciente de que en ese momento empezaba una nueva vida para mí. Tendría nuevas oportunidades, nuevos amigos y nuevos retos que afrontar. No sabía cómo serían las cosas en lo adelante, pero lo que si sabía era que había venido luchar y ese era el comienzo. Me sentía muy orgulloso de mi mismo por haberlo logrado mis sueños; por haber llegado a la meta a pesar de haber tenido que recorrer el mundo para ello. Ese primer día en los Estados Unidos me sentí el héroe de mi propia historia.

Yo soy Un Cubano por el Mundo. Sí, un cubano como otro cualquiera que un día decidió dejar todo atrás e irse en un largo viaje al exilio para hacer realidad sus sueños de vivir en libertad; y hoy puedo decir con satisfaccion plena y con la frente en alto que estoy viviendo mi sueño americano. Que mi historia, que es la historia de muchos cubanos, les sirva de inspiración para dejar su zona de confort y a salir en busca de sus propios sueños.

A mis hermanos cubanos, sí, a todos aquellos que aún esperan su oportunidad en nuestra isla les deseo la mejor de las suertes, y quiero que sepan a través de esta historia que no están solos ni son los únicos. Somos muchos los cubanos que estamos regados por todas partes del mundo luchando y trabajando duro para sembrarnos un futuro mejor. Algunos ya asentados, otros aun en el camino, pero todos unidos en la misma causa, añorando nuestra Patria cada vez más y deseando que un día nuestra Cuba sea libre….

                                                                                                           Un Cubano por el Mundo | Fin

En Cusco, Perú. Agosto 2014

En Cusco, Perú. Agosto 2014

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La Giraldilla | Símbolo y leyenda de la Ciudad de la Habana

El Castillo de la Real Fuerza es un baluarte de La Habana colonial que queda frente al canal de la bahía y se integra impecablemente al paisaje capitalino desde hace casi quinientos años. Y, en su atalaya, situada en el extremo noroeste de la fortaleza, se yergue una figulina estilizada que, con el transcurso de la historia, se convirtió en un símbolo de la ciudad: La Giraldilla.

Cuenta la historia que por el año 1537 la corona española nombro un nuevo gobernador para Cuba,  don Hernando de Soto. El Rey mandaba al mencionado Comendador a la Isla, para que aparte de gobernarla, preparara una expedición a la Florida, por la cercanía de Cuba a la península descubierta por Ponce de León. El puerto de La Habana, era en aquel entonces el punto de reunión de todas las flotillas españolas en el Nuevo Mundo, y también punto de mira de cuanto corsario o pirata infestaba el Caribe.

El 12 de mayo de 1539 don Hernando de Soto se embarcó rumbo la Florida, al frente de una expedición compuesta por nueve buques y más de 500 caballos escogidos de entre los mejores de Cuba. A partir de ese momento, y por orden expresa del Gobernador, su joven esposa doña Isabel de Bobadilla, se hacía cargo de la administración del país.

Desde ese día doña Isabel,  más que atender al gobierno, se pasaba horas enteras en lo más alto del castillo, en espera de una nave que trajera a su esposo. Soto nunca regresó, murió junto al río Mississippi el 30 de junio de 1540, pero su enamorada esposa continuaba esperándolo. Dicen que finalmente, ella murió de amor.

Y cuenta la leyenda que esta gran pasión de Isabel por Hernando inspiró al escultor habanero Martín Pinzón a crear La Giraldilla, un monumento al amor, el cual fue mandado a fundir en bronce y colocado en la parte más alta del baluarte noroeste del Castillo de la Real Fuerza, por el gobernador Juan de Bitrián y Viamonte quien gobernó La Habana entre los años 1630 y 1634.

La escultura representa una mujer de pie, con ciento diez centímetros de altura, que presenta la falda recogida sobre una de sus rodillas, lo cual se aprecia admirablemente, hasta en los dobleces de la tela. Y sobre el pecho ostenta un medallón con el nombre del escultor y una corona en la cabeza. En La Giraldilla se observan rasgos que evocan las facciones de la mujer española, por lo cual se considera una representación genuina de una ciudad tan espiritualmente española como lo es La Habana.

La Giraldilla es un símbolo inequívoco de la hermosa capital cubana, y se le puede ver en el ron Habana Club, el más famoso de Cuba y en los uniformes de los equipos de baseball de la Ciudad de la Habana. Si no sabías la historia detrás de esta singular escultura, aquí te he dejado una breve reseña de ella. La próxima vez que visites La Habana, no dejes de ir al Castillo de la Real Fuerza y admirar la imponente silueta de la Giraldilla que permanece erguida mirando al horizonte, sin fatigarse, por el paso de cuatro siglos, en espera de su amado.

Fuentes: mgar.net | Mario Marti
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De Cuba al mundo

Este es un artículo muy lindo y emotivo que escribieron mis amigos de Viajeros Crónicos y aquí se los comparto. Es una entrevista que se desarrolla durante 4 maravillosos días que compartí junto a ellos en la capital danesa. Infinitamente agradecido por tan lindo reportaje y espero ustedes lo disfruten tanto como yo.

Leer artículo —–> De Cuba al mundo.

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Capítulo 30 El principio del fin

Esos días en el Instituto Nacional de Migraciones en Tapachula se nos hacían eternos, era terrible la espera sin tener noción de lo que estaba pasando. Los oficiales del INM no daban razón de por qué los salvoconductos no estaban llegando y esto  hacía más angustiosa nuestra espera ya que uno no tenía la opción de salir de allí a nada sin ese documento. Desde nuestra llegada solo 4 habían podido salir, y esto nos preocupaba bastante, ya cada día llegaban más cubanos y en las celdas no cabía un alma más.

Para mala suerte del INM, representantes de los Derechos Humanos (DDHH) vinieron a hacer una inspección sorpresa en el centro de detención de Tapachula y entrevistaron a muchos de los que estábamos ahí. Bueno, no sé si nuestras voces fueron escuchadas o qué fue, pero dos días más tarde llegaron cerca de 40 salvoconductos. Manuel y yo no sabíamos nada, estábamos en el patio aprovechando nuestra hora de sol, cuando de pronto se armó un revuelo grande y todos estaban tratando de entrar al recinto apresuradamente. Pensé que estaba soñando, porque al contrario de este comportamiento inusual todos peleaban siempre por quedarse un rato más afuera.

Dadas las circunstancias nos fuimos corriendo a ver qué estaba sucediendo y vaya sorpresa, estaban llamando a personas que les habían aprobado el salvoconducto. No pasaron siquiera 2 minutos cuando mencionaron a Manuel y luego a mí. Todo fue tan rápido que no sabíamos cómo reaccionar de tanta emoción; lloramos, nos abrazamos, brincamos, totalmente indescriptible ese sentimiento de libertad después de tanta incertidumbre. Veinticuatro días habían transcurrido desde que llegamos a aquella prisión en Tapachula, pero finalmente teníamos en las manos el documento que nos llevaría a la tierra del Tío Sam.

Increíble, pero después tanto tiempo en el camino, por fin estaba muy pero muy cerca de pisar suelo americano. Y no sé por qué, pero Estados Unidos parece como un trofeo inalcanzable para cada cubano, y es el único país que nos quita el sueño pensando en cómo llegar. Si no, mírenme a mí aquí, cuatro años después de haber salido de Cuba aun en la carrera por alcanzar la meta. Por suerte estaba a punto de lograrlo, pero me preguntaba qué sería de los que allí se quedaban sin esperanzas de algún día conseguir el dinero para poder salir. Y por supuesto, esto era una parte del problema, porque lo otra seria conseguir más dinero para entonces llegar hasta la frontera con EEUU y de ahí poder comprar un pasaje hasta Miami, estoy hablando de unos 500 dólares más. Es triste, pero esta es la realidad de muchos de los cubanos que llegan en balsa hasta México y van a parar a estos reclusorios de inmigrantes; que luego no tienen dinero para pagar la multa ni para seguir hasta los EEUU y allí se quedan por meses encerrados.

Bueno, regresando al tema de los salvoconductos les cuento que la autorización no significaba que ya íbamos a salir de allí pues aún faltaban un par de pasos, aunque claro, ya eso era lo de menos. Teníamos que pagar todavía la multa de 5000 pesos mexicanos (unos 500 dólares en aquel entonces) que exigía el gobierno por otorgarnos ese permiso, y como en la prisión no permiten dinero pues había que pedirle a nuestros familiares que nos lo enviaran por Western Union para sacarlo el día que se nos autorizara a salir. Después de hecho el pago, entonces había que esperar a nuestra liberación final. Manuel llamó a su familia ya que ellos le iban a prestar el dinero, y pues yo también llamé a la mía que al igual me ayudarían con este gasto. A la verdad que no sabíamos lo que haríamos al llegar a la frontera pues con lo que teníamos solo nos alcanzaría hasta allí, pero bueno lo que nos importaba en ese momento era llegar, luego nos encargaríamos del resto.

Al día siguiente, cuando todos tenían su código de Western Union para cobrar el dinero, nos llevaron en un bus escoltado para hacer la transacción y en el mismo banco pagamos la multa. Ese día no nos liberaron pues supuestamente ellos tenían que entrar los datos en el sistema e imprimir los salvoconductos. Pero finalmente nos los entregaron al día siguiente en la mañana. De los 40 que teníamos el permiso, 4 se quedaron pues no tenían dinero con que pagarlo, ni para seguir el camino. Con mucha pena, nos tocó dejarlos atrás. Claro, como ellos habían muchos más, como ya les comenté, y todos se aferraban quizás a la esperanza de que uno de los amigos que conocieron durante ese tiempo en prisión se apiadara y les enviara algún día el dinero de la multa.  Incluso sé de algunos que consiguieron el dinero para salir y que se quedaron a vivir allí mismo ya que no tenían para seguir.

Una vez que teníamos el salvoconducto en la mano a eso de las 9 am, nos pusimos de acuerdo para irnos todos juntos en el mismo bus y así ir cuidándonos por si algo pasaba. El bus salía diariamente a las 5 pm y demoraba unas 30 horas en llegar a Matamoros que era la frontera más cercana, así que llegaríamos como a las 11 pm del día siguiente. Lo primero que hicimos después de comprar el pasaje fue ir a comernos algo rico, pues estábamos obstinados de aquella comida mala que nos dieron durante nuestra estadía en la cárcel. La comida mexicana no es como la cubana pero lo que nos importaba era comer algo de carne bien hecho. En este caso encontramos un lugar donde vendían pollos asados y papas fritas, así que allí mismo plantamos y comimos hasta saciarnos. Luego llamamos a la familia nuestra para dejarles saber que ya estábamos fuera y que íbamos en camino.

En el reclusorio nos habían alertado de casos donde falsos policías del INM paraban a los buses y cuando tú les entregabas tu salvoconducto original trataban de sacarte dinero o no lo volvías a ver. Nos dijeron que podíamos sacar unas 10 copias del documento y guardar bien el original, de modo que cuando nos detuvieran entregáramos la copia. Si había algún problema podíamos decir que solo nos dieron copias y que si querían verificar tendrían que llamar a migraciones. También nos aseguraron que los oficiales del INM tenían conocimiento de esto. Manuel y yo, por si acaso, sacamos unas 15 copias, y nos aseguramos de guardar bien el original.

A las 4 y 30 de la tarde ya estábamos todos en la terminal de buses de Tapachula listos para embarcar. Un aire de cubaneo invadía aquel recinto y se oía un fuerte murmuro por todas partes, conversaciones cruzadas, y siempre algún que otro escandaloso llamando la atención con sus conversaciones a todo volumen. No sé si era la emoción de ya estar muy cerca de los Estados Unidos o los nervios de lo que podría pasar en las próximas horas antes de lograr nuestro objetivo; pero lo que si queríamos era subir ya a aquel bus. Y a las 5 en punto llamaron para abordar ¡justo a tiempo! Ya saben cómo somos los cubanos de impacientes, una demora del ómnibus nos hubiese puesto a todos con los nervios de punta.

Cada quien tomó su asiento, y por supuesto Manuel y yo nos sentamos juntos. Este sería un viaje bastante largo y con mucha tensión pues teníamos temor de ser asaltados, o quizás ser víctimas de los temidos Zetas. Otra cosa que nos preocupaba era la incertidumbre de cómo sería al llegar a la frontera de los EEUU, nos habían contado tantas historias al respecto que a la verdad nos ponía un poco inquietos de solo pensarlo. Eso sin contar que a duras penas nos quedaban 20 dólares a cada uno en el bolsillo, pues se habían agotado todos nuestros recursos. Pero nada, por ahora lo primordial sería llegar y de ahí veríamos que hacer.

Como ya nos lo habían advertido, los policías detenían el bus a cada rato en el camino. Esto atrasaba nuestra llegada cada vez más y a ellos no les parecía importar, se tomaban todo el tiempo del mundo para revisar los documentos. El dinero que teníamos no lo queríamos tocar por si necesitábamos comprar alguna tarjeta de teléfono o algo al cruzar la frontera, pero tuvimos que comprar comida pues el bus demoro casi dos días en llegar. Fueron en total 37 horas, salimos un viernes a la 5 pm de Tapachula y llegamos a Matamoros a las 6 de la mañana del domingo. A esa hora, muertos de cansancio y de hambre estábamos medio desorientados, no sabíamos si tomar un taxi o si comprar un boleto en una guagua que cruzara la frontera y bajarnos al llegar allí.

Finalmente optamos por preguntarle a algunos taxistas que estaban afuera cuánto nos cobraban por el trayecto, dejándoles saber que iríamos en grupos de cuatro. La tarifa era 20 dólares por taxi, así que nos saldría en 5 dólares por cabeza, por lo tanto no nos pareció mala idea y lo tomamos. Desde la terminal hasta el puente de Brownsville, Texas, había solo unas 12 cuadras, pero bueno no queríamos arriesgarnos a ir caminando por temor a los asaltos. En tan solo unos minutos estábamos en el ovalo que está frente al puente que cruza a los EEUU. El taxista nos dijo que teníamos que caminar de prisa y una vez que estuviésemos a mitad del puente ya estaríamos en nuestro destino. Era tan raro estar allí que a la verdad nos temblaban las piernas. Eran muchos los sentimientos encontrados, y para colmo con la incertidumbre de no saber si nos habían dejado en el lugar apropiado porque no veíamos la bandera americana por ninguna parte.

Y allí estábamos todos, el grupo de 36 personas que salimos desde Tapachula, parados frente a un puente inmenso que supuestamente sería nuestro último escalón para lograr pisar “finalmente” suelo americano. Todos con nuestras historias y nuestros anhelos, viniendo de lugares distintos y con diferentes historias, pero eso sí, todos con el mismo objetivo en mira, llegar al país de la libertad. ¿Conspiraría el destino en contra nuestra cuando estábamos tan cerca de la meta? No se pierdan el próximo capítulo donde les contaré lo que pasó después y la daré una conclusión a esta historia, que más que mía, es la historia de muchos de cubanos que nos arriesgamos a jugar con fuego con tal de algún día disfrutar de libertad plena y poder vivir el famoso sueño americano.

 Continuará…

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Copyright © 2014 Rodolfo Paneque
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Capítulo 29 Días de sombra

Tapachula, Chiapas, México

Estábamos ya en México y para nosotros, después de todo lo que habíamos pasado, era como haber ganado el 90 por ciento de la batalla. Decidimos quedarnos un par de días en el hostal a donde nos envió el coyote para así tomarnos un descanso y escribirle a nuestras familias. Estábamos sumamente estresados de ese viaje cruzando fronteras desde Nicaragua hasta Tapachula. Entonces, en esos dos días aprovechamos para investigar cuáles serían nuestros siguientes pasos. La dueña del hostal donde nos alojamos nos dio mucha información útil, aunque había algo que no nos esperábamos. Nos dijo que al llegar a migraciones lo más probable era que nos detuvieran hasta que estuviese listo el salvoconducto, que antes te dejaban esperarlo afuera pero ultimamente no era así, sino que te dejaban allí.
El salvoconducto no es más que un documento válido por 30 días para abandonar el país, y se lo dan a los ciudadanos de Cuba que han llegado de una manera u otra ilegalmente a México. Obvio, los cubanos al obtener este documento nos vamos directo a la frontera con EEUU para cruzar pidiendo el asilo político. Para acogernos a ese programa debemos demostrar que somos cubanos y pagar una multa de 500 dólares una vez se nos otorga el salvo-conducto. Este proceso demoraba según nos dijeron entre 20 y 25 días. Nosotros pensamos que de todas maneras ya estabamos allí y no había otra forma de llegar hasta EEUU que no fuera con el dichoso documento, así que nos decidimos a ir y presentarnos en inmigración para empezar el proceso.
Al llegar al INM (Instituto Nacional de Migración) de México en Tapachula, vimos que no era como un edificio normal donde uno hace papeles migratorios, aquello tenía mas cara de prisión que de otra cosa. Pero bueno, ya estábamos allí y teníamos que superar el nerviosismo y el miedo que sentíamos por dentro. El lugar tenía muros altos y unas enormes rejas verdes en la entrada, había una garita de seguridad al frente y varios militares armados cuidando el recinto. Agarramos nuestras mochilas y nos presentamos en la garita. Ahí explicamos que éramos cubanos, que andábamos ilegales y necitábamos el salvoconducto para poder salir del país formalmente.
El representante del INM nos dijo que no había problemas, y nos explicó nuestras opciones. Primero, podíamos esperar afuera en algún hostal mientras el proceso se llevaba a cabo, y demoraría entre 30 y 45 días. Segundo, podíamos esperar dentro del INM y el proceso demoraría entre 20 y 25 días, claro, sin garantías de que así fuera, pero eso era lo que demoraba por lo general. Manuel y yo nos separamos aun lado por un momento y lo pensamos. Un hostal por muy barato que fuera nos costaría mucho dinero por un mes y medio, sin contar alimentación y demás gastos. Si nos recluíamos sería la mitad del tiempo de espera y no tendríamos que pagar ni hospedaje ni comida. Por tanto, nos dirigimos nuevamente hasta la garita y le dijimos al representante que nos quedaríamos allí hasta que obtuviéramos el permiso. Él nos explicó que una vez adentro no era posible salir a menos que se aprobara el salvoconducto o se emitiera una orden de deportación en caso de no proceder el permiso.
Pero ¿para qué preocuparnos? Al final éramos cubanos y por lo que sabíamos a todos les daban ese documento sin problemas. Así que empezamos con el trámite que demoró cerca de una hora en lo que respondíamos los cuestionarios y entregábamos nuestros papeles de identificación (en este caso certificación de nacimiento y carnet de identidad). Al concluir este proceso inicial nos abrieron aquellos portones inmensos y nos permitieron la entrada. De afuera obviamente no se veía mucho, pero una vez adentro nuestras dudas de que aquello parecía una prisión se disiparon ¡era una prisión real! Ventanillas rectangulares pequeñas, barras de hierro por todas partes y militares armados de pies a cabeza eran parte del panorama que veíamos mientras caminábamos escoltados hasta la entrada del recinto.
Por un momento me olvidé de todo el trabajo que había pasado para llegar hasta allí, y de cuán cerca estábamos de nuestro objetivo. Presentía que la estancia en esa cárcel sería el comienzo de una nueva odisea. No sabía el por qué, pero ya me empezaba a asustar. Al entrar al edificio nos pusieron en una cola junto a emigrantes de varios países. Nos dijeron: “Quédense nada más con la ropa que van a usar, se la ponen y lo demás hay que entregarlo en aquella taquilla (indicando el lugar con la mano). Solo se permite el uso de sandalias o zapatos sin cordones; nada de celulares, ni fosforeras, ni comida, ni nada; excepto la ropa que traen puesta.” Yo no lo podía creer, no había duda que estaba entrando a una prisión y no había marcha-atrás pues ya habíamos hecho y firmado los papeles.
Todos se miraban unos a los otros de reojo, como tratando de identificar a algún conocido, porque a la verdad que aquel lugar daba terror, sobre todo para alguien que nunca antes ha estado en un sitio como ese. Había otros con mirada intimidante, no estaban adentro y ya estaban tratando de infundir miedo. Y otros que tenían una cara de susto que ni en las películas de terror (entre ellos Manuel y yo). Al llegar nuestro turno nos desprendimos de nuestras pocas pertenencias, incluyendo un celular de minutos que habíamos comprado por si necesitábamos comunicarnos, y nos dirijimos a la entrada. Esta era como unas rejas que giraban en círculo, y solo te permiten entrar, uno empuja y pasa al otro lado. Al pasar te revisan de la punta de los pies hasta la cabeza para asegurarse que no llevas nada más que lo que traes puesto a simple vista.
migrantes_carceles_paisUna vez adentro nos separaron según la procedencia, cubanos a un lado, centroamericanos y sudamericanos a otro. No había mas nacionalidades en ese momento. A nosotros nos llevaron a la nave donde estaban los cubanos obviamente. Las celdas ahí eran bastante pequeñas, y en cada celda había 5 literas de cemento (una banca arriba y otra abajo). Cuando entramos el guardia gritó “Ahí tienen a dos balseros más, arréglenselas como puedan”. La celda estaba llena, todas las camas ocupadas y dos de ellos durmiendo en el piso. Aquello daba miedo a pesar de estar entre cubanos. No sabíamos qué hacer ni qué decir, nos agrupaban como ganado en un corral. Yo me senté en el piso en una esquina y Manuel se sentó a mi lado. El cruzar las fronteras de Nicaragua a México no era nada en comparación con aquello que estábamos pasando, no se si era mi percepción personal o qué, pero estaba sintiendo las peores sensaciones de todo el viaje.
Pero ustedes ya sabrán como es el cubano de hablador, y los que estaban en la celda siguieron en su cuchicheo y nosotros sentados en el piso sin mencionar ni una sola palabra. Minutos más tarde uno de ellos se bajó de su banca y se presentó. Nos dijo que no tuviéramos miedo que al final estábamos entre hermanos. Eso me alivió un poco, pero sinceramente el estrés, o la sensación de verme preso allí me consumía por dentro. Todo empeoró cuando conocí al resto de los reclusos que estaban allí. Uno de ellos llevaba 9 meses, otro 7 meses y otro 4 meses, los demás entre 20 y 45 días. Cuando pregunté por qué no habían salido si estaban pasados del tiempo, me respondieron que no siempre llegaba el permiso en el tiempo previsto, y que simplemente el INM no daba respuesta de por qué el retraso.

Tomando la hora de sol al medio día. INM Tapachula

Tomando la hora de sol al medio día. INM Tapachula

En ese momento el cielo se me vino abajo. Porque la verdad era que uno sabía cuándo había llegado, pero no sabía cuándo saldría de aquella cárcel. Allí se nos permitía una hora de sol al medio día junto con el almuerzo, y en la cena una hora para comer y ducharse. Imaginarán que la comida diaria era frijoles negros (hervidos con un poquito de sal), tortilla de maíz (por montones), un plátano maduro y algún pedacito de pollo o picadillo de alguna carne. Religiosamente era lo mismo en el almuerzo y la cena. En el desayuno un vaso de café negro o té, y un pedazo de pan con huevos revueltos (día tras día lo mismo).
Los días pasaban y a nadie le llegaba el salvo-conducto en aquella celda. Yo me empecé a deprimir y no salía ni a comer. Perdí más de 15 libras, y parecía un güije demacrado y peludo, porque ni siquiera me afeitaba. Manuel jugó un papel muy importante en esta etapa, a pesar de estar atravesando por la misma situación, él se mantuvo fuerte (o al menos eso aparentaba) y no hacía más que darme ánimo y esperanza. Recuerdo que me decía que no dejara de nadar cuando ya estábamos practicamente en la orilla, que confiara en él, y que saldríamos de allí pronto. Yo no reaccionaba de ninguna manera. Al principio él iba y me traía escondido algo de comer, pero después se sentó a mi lado y me dijo que no se pararía de allí a menos que lo hiciera con él.

INM Tapachula

INM Tapachula

Poco a poco, con paciencia y perseverancia logró sacarme de ese bache, y es algo que siempre le agradeceré. Unos días mas tarde llegaron 4 salvo-conductos. Eso me devolvió la fe y las ganas de seguir adelante, pues al menos ya veía alguna luz al final del túnel. Al irse esos cuatro que recibieron el permiso, yo me pasé a una de las bancas. No había diferencia con el piso, pero ya era una señal de que al menos mi turno llegaría en cualquier momento. Obviamente luego fueron llegando otros, que ocuparon mi esquina en aquella celda, y pasaron por el mismo desespero y ansiedad que yo pasé los primeros días allí.
Estando en la cárcel, como no había mucho tema de conversación, la gente se ponía a hablar de la forma en que llegaron. Los cuentos que se escuchaban ahí eran terribles. Yo había oído algo por los programas de la Doctora Polo en Caso Cerrado, pero nunca me imaginé que a los cubanos nos tocara vivir cosas tan extremas como esas, ya que uno siempre piensa que eso solo se ve en las películas o le pasa a los centroamericanos que tratan de llegar a EEUU en busca de su sueño americano. Pero nada, los cubanos estamos involucrados en eso también y los cuentos eran de terror; mujeres violadas, personas hospitalizadas por golpizas extremas de los Zetas, amenazas de muerte, embarcaciones precarias que naufragaban. De todo como en botica, como decimos en Cuba.

Grupo de cubanos en recluidos en el INM Tapachula. Peor que una prisión.

Grupo de cubanos recluidos en el INM Tapachula.

Recuerdo uno de los que estaba conmigo en la celda, le decían “el trillizo” y él salió con un grupo más de 20 personas (3 embarcaciones en total), la mayoría de ellos era parte de su familia, y estas embarcaciones habían sido hechas por ellos mismos. La lancha de él llegó, pero las otras dos desaparecieron, y en una de ellas venía su esposa, de la que no supo más nada ni de sus hermanos tampoco. Una realidad muy triste que nos partió el corazón a todos los que escuchamos la historia de su propia boca. Como esta, escuché cientos de historias de los cubanos que estaban allí. Dolía ver como algunos se quebraban en llanto recordando las situaciones por las que atravesaban, y a veces a uno se le salían las lágrimas también. Ahí me di cuenta que lo que yo pasé en esos cruces de fronteras no fue nada en comparación con lo que pasaron muchos de mis hermanos cubanos que me acompañaban en la celda en ese momento. Solo Dios sabe cuántas historias más guardan aquellas paredes.

Peor que cualquier otra prisión.

Peor que cualquier otra prisión.

Por otro lado, había algunas personas allí que les llegaba el salvo-conducto, pero sin embargo no tenían el dinero para pagar los 500 dólares que abusivamente cobraba el gobierno mexicano por otorgárselos, y se quedaban sin poder salir de la prisión del INM, pues eran personas que habían llegado por mar, en embarcaciones diseñadas por ellos y no tenían ni recursos para seguir, ni un amigo ni familiar que les mandara esa suma de dinero. En realidad, son tantas las vivencias que uno tiene cuando está en un lugar de esos, que a veces es mejor pensar que se trata de una pesadilla.
El tiempo seguía corriendo, y nuestro salvo-conducto no llegaba. Estaba tan cerca, pero ta lejos a la vez de lograr mis sueños, que por momentos pensaba que todo se iría por la borda. El cansancio y el estrés se apoderaban de mí, y me sentía atado de pies y manos, sin nada que pudiera hacer para disipar esos pensamientos de pesimismo que empezaban a invadir mi mente. Los días me parecían meses y las semanas se convertían en años. Y allí estaba yo, sentado en aquel rincón otra vez con mil preguntas rondando en mi cabeza, tratando de darme ánimo para soportar la espera y confiar que mi salvoconducto llegaría a la brevedad. Pero ¿saldríamos de aquel infierno en el tiempo previsto?

Les contaré esto y más en el próximo capítulo.

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Capítulo 28 Laberintos y coyotes

Nos encontrábamos en la casa del coyote en Ocotal, Nicaragua. Este es el pueblo fronterizo desde donde empezaría nuestra ruta hacia México. Manuel y yo estábamos aterrados en aquel cuartico recibiendo las instrucciones de qué hacer en caso de alguna eventualidad durante el trayecto. El coyote nos aseguró que todo saldría bien y llegaríamos a Tapachula, México, en dos días como estaba previsto. Pero nosotros estábamos tan nerviosos que no sabíamos ni cómo reaccionar, y prácticamente llegamos a dudar si estábamos en el camino correcto. No teníamos la menor idea de cómo sería ese viaje, pero no nos quedaba de otra que ser optimistas y aferrarnos a la promesa de nuestro guía, que juraba que todo iba a salir bien.

A la media noche partimos rumbo a la frontera de Honduras a bordo de una camioneta blanca, con una persona que no conocíamos. El coyote dijo que nos encontraría en Puerto Cortés, uno de los pueblos que hay antes de llegar a la frontera con Guatemala. Nosotros no sabíamos dónde estaba el pueblo ese, si el norte o el sur, al este o al oeste, no sé, estábamos algo confundidos y confiando a ciegas en lo que nos decía el coyote y en sus instrucciones. Pero bueno, a pesar de estar tensos teníamos fe que todo iba a salir bien, y de esta manera empezamos el recorrido.

Ocotal, Nicaragua

Ocotal, Nicaragua

El chofer de la camioneta no nos habló durante el camino, de un momento a otro salió de la vía y se metió por un campo y por unos recovequecos que daban terror; y de ciudad nada y autopistas menos, aquello era un monte en el medio de la nada. No estaba seguro si eran cafetales o platanales, o cualquier otra cosa, pues no se veía nada; cuando de pronto disminuimos velocidad y  había un hombre con un machete caminando al lado de la camioneta mirando para adentro. Por primera vez el chofer habló y nos dijo que nos bajáramos y siguiéramos camino con aquel hombre. Le dije “¿en serio?” porque a la verdad ya me estaba dando miedo. El tipo asintió con la cabeza, y nos tuvimos que bajar. Caminamos por unos 20 minutos por la orilla de  aquello que parecía un camino, y llegamos a una casita donde nos recibieron los guardianes del lugar, unos perros bien escandalosos y con ganas de morder a alguien. Pero afortunadamente una señora salió y los amarró para que pudiéramos pasar.

El guía nos dijo que nos sentáramos en el portal hasta que nos avisara; y una media hora más tarde se apareció y nos dijo que lo siguiéramos. Sus instrucciones fueron precisas, teníamos que caminar rápido y sin detenernos pues la persona que nos iba a recoger no podía  esperar y teníamos que llegar a la hora acordada. Nada de linternas ni ningún tipo de luces y mucho menos hablar, de lo contrario podíamos ser descubiertos. Con el corazón a mil salimos detrás de aquel hombre. Eran sembradíos altos, como maizales o algo así, no estoy seguro, pero los trillos eran bastante irregulares y con subidas y bajadas. Manuel y yo nos dimos las manos porque allí no se veía nada y de esa manera podríamos seguirnos sin miedo a que alguno de los dos se quedara atrás, ya que ni siquiera se podía hablar. Yo me caí un par de veces con esa corredera, pero nada, me paraba y seguíamos. Manuel igual se resbaló un par de veces pero como yo iba detrás pues lo ayuda a levantarse y continuábamos prácticamente corriendo detrás de aquel hombre.

Después de casi una hora caminando por aquellos laberintos, nos detuvimos y nos quedamos quietos por un momento. A lo lejos se veía una luz que encendía y apagaba cada uno o dos minutos. El guía nos dijo: “Ahí está su trasbordo, esperaremos a que se acerque más y van a seguir con él”. Por nuestras cabezas pasaban mil cosas, estábamos llenos de dudas. En ese momento era como estar perdidos en el limbo sin saber ni dónde estábamos ni para dónde íbamos. Cuando nos dio la señal seguimos caminando rápidamente detrás de él hasta que llegamos a una camioneta parecida a la anterior. Ahí nos subimos y él se despidió diciendo que pronto íbamos a salir de allí y fue a hablar con el chofer del carro que estaba un poco apartado.

Minutos más tarde nuestro nuevo guía vino y sin saludar encendió la camioneta y empezó a manejar, iba muy despacio y con las luces apagadas. Al rato se subió a la carretera y nos dijo que ya estábamos en Honduras. Seguido a eso entramos a un pequeño pueblito llamado El Paraíso y llegamos a un hostal. El chofer parqueo frente a una habitación, nos dio las llaves y dijo que descansáramos un par de horas que alguien nos recogería exactamente a las 7 am. A la verdad estábamos muertos de cansancio, todo el estrés de ese viaje, metidos en aquel campo, con gente que no conocíamos y con el susto de que algo nos pudiera pasar. Aun así nos daba temor quedarnos dormidos y que nos fueran a asaltar, o matar, o algo. No sé por qué, pero aunque parezca exagerado a esa hora uno está pensando que todo le puede pasar. Finalmente decidimos que era necesario dormir ese par de horas, era mucho el agotamiento. Así que nos duchamos (estábamos sucios y con tierra hasta en las orejas) y luego caímos muertos en la cama.

tegucigalpa-mapA las 7 am exactamente nos estaban tocando la puerta. Nos despertamos sobresaltados y cuando abrimos, era otro hombre que no habíamos visto, y nos dijo que debíamos salir en 5 minutos. Rápidamente nos alistamos, comimos algo de desayuno que él nos trajo, y al camino nuevamente. El guía nos subió a un microbús que nos llevaría a Tegucigalpa, la capital hondureña. Él nos dijo que nos  sentáramos en la parte de atrás del bus en asientos separados y que el iría en la parte delantera. También nos explicó que estábamos en un pueblo fronterizo y que la policía migratoria podría detener el bus para chequear documentos, pero que si nos bajaban a cualquiera de los dos, él se bajaría y lo arreglaría. Y dicho y hecho, minutos más tarde la policía detuvo al bus para pedir documentos al azar. Afortunadamente, este fue nuestro día de suerte, Manuel y yo nos hicimos los dormidos y no nos molestaron.

Al llegar a Tegucigalpa, seguimos detrás del guía esperando alguna orientación. El entró al terminal de buses y nosotros nos sentamos cerca de él. Más tarde vino y nos dio dos boletos y nos dijo que nos teníamos que subir a otro bus para seguir a San Pedro Sula. Nos explicó que en el bus había alguien con gorra roja en los primeros asientos y que ahora era a él a quien teníamos que seguir. Al subir al bus identificamos a nuestro objetivo y procedimos a sentarnos en nuestros respectivos asientos. Como teníamos varias horas de viaje aprovechamos para dormir un poco y recuperarnos, pero uno a la vez ya que teníamos que estar al pendiente si el guía nos hacía alguna señal para bajar.

Un poco antes de llegar a San Pedro Sula, el guía se acercó a nosotros y nos dijo que bajáramos en la siguiente parada, y así lo hicimos. De ahí nos subió a un taxi y le dio algunas instrucciones, y este nos llevó a una casa en Puerto Cortes, donde tendríamos que esperar a la noche para cruzar la frontera a Guatemala. Al llegar a esta casa nos encontramos con el coyote (el nicaragüense). Nos preguntó cómo había sido el viaje y nos dio un poco de confianza diciéndonos que la peor parte ya había pasado. Nosotros en realidad sentimos tremendo alivio de verlo allí, al menos estábamos más tranquilo. Él nos dio su celular y nos dejó llamar a EEUU para hablar con la familia y decirles que estábamos bien. Luego nos dijo que se tenía que ir porque debía que cruzar la frontera a Guatemala antes que cerraran, pero que nos vería del otro lado; y ahí nos despedimos.

Cuando el coyote nos dijo que lo peor había pasado nosotros le creímos, pero lo que no nos imaginábamos era que nos tocaría volver a cruzar la frontera como lo hicimos anteriormente. Y así comenzó otra odisea de terror por esos montes centroamericanos. De la casa donde estábamos salimos en un carro que nos dejó en otra casa en el tope de una loma. Como imaginarán las condiciones ahí eran precarias, estos son lugares donde puedes ver en realidad la pobreza cara a cara. Ahí cuando llegamos lo primero que nos encontramos fueron unos niños que nos ofrecieron unas botas de agua, alquiladas eran 5 dólares, y si nos queríamos quedar con ellas eran 15. Nosotros nos miramos y dijimos “¿Botas de agua? ¿Para qué?” Los niños inteligentemente nos  dijeron “Las van a necesitar para el camino”. Pero nosotros no le hicimos mucho caso, primero porque no podíamos estar gastando dinero y segundo porque no sabíamos si eran necesarias o no para nuestro viaje. Si lo peor ya había pasado y no las habíamos necesitado, ¿por qué las necesitaríamos ahora?

¡Teníamos que haber alquilado aquellas botas! El guía nos recogió y por detrás de su casa empezamos a caminar monte adentro, primero pasamos por un campo lleno de vacas, las vacas en el suelo echadas y nosotros esquivándolas. Luego nos tuvimos que meter por un pantano y los pies se nos hundían cada vez más en aquel lodo, y lo peor era que no se veía nada. Yo solo sentía las ranas brincándome arriba y yo que les tengo miedo, no sé de dónde saque las fuerzas para vencer aquella fobia que me mataba por dentro. Afortunadamente solo caminamos unos 10 o 15 minutos por aquel pantano, y empezamos a atravesar otro campo. Ahí me tocó un baño inesperado. Teníamos que cruzar un arroyo y no había puente obviamente, sino el tronco de un árbol que unía a ambas orillas. Como comprenderán yo no  soy un acróbata ni nada de eso, y me caí a medio cruce. Manuel después de matarse de risa, me pasó desde la orilla una vara larga y me ayudo a salir. Total ya estaba lleno de lodo, así que el agua no me vino mal.

Minutos después llegamos a la carretera, y ahí tuvimos que quedarnos agachados hasta que llegara nuestro siguiente guía. En ese momento, los mosquitos sedientos de sangre del lugar nos acribillaron. Me imagino que pensaron que nosotros éramos su plato de la noche, y se banquetearon. Al llegar la camioneta inmediatamente nos subimos y nos largamos de aquel lugar. Minutos más tardes  estábamos en un hostal en Puerto Barrios, Guatemala, donde el coyote nos estaba esperando. Ahí nos dimos cuenta que no podíamos seguir con aquella ropa ni aunque la laváramos. Tuvimos que botar los zapatos y los jeans y los pulóveres que traíamos puestos ya que no nos daba tiempo a lavar porque debíamos salir en la madrugada.  Al otro día en la mañana compramos un jean nuevo ya que yo solo traía el que boté y aparte un short que tenía extra, pues solo podíamos traer una pequeña mochila de mano. Afortunadamente el coyote pago por eso.

665447-Guatemala-Ciudad-0Esa noche pudimos dormir al menos mejor, pero no fue lo suficiente para recuperarnos del cansancio que traíamos. El coyote nos dijo que nos volvería a ver en Tapachula, México, y salimos en un bus rumbo a Ciudad de Guatemala con otro de sus guías. Para suerte nuestra no hubo ninguna eventualidad en el camino y apenas llegamos al terminal de buses de la capital guatemalteca, nos entregaron los tickets para la continuación hasta Coatepeque, en la frontera con México. Este trayecto también fue sin percances y nos bajamos antes de llegar al destino por cuestiones de seguridad porque según el guía, al llegar allí siempre estaba la policía migratoria chequeando. Ahí subimos a un taxi y fuimos hasta una zona cerca de la frontera donde pasaríamos la noche, pues no había tiempo para pasar ese mismo día. Aunque el coyote originalmente dijo que demoraríamos dos días, nos quedamos tranquilos pues sabíamos que al menos ya estábamos a un paso de México.

A las 6 de la mañana del día siguiente el guía nos recogió en unas motocicletas y salimos para hacer el cruce. Llegamos al rio Suchiate, y esperamos a que nos dieran la señal para subir a una balsa. Allí vi un panorama estilo Apocalypto, la película de Mel Gibson. Los indígenas en el rio bañándose desnudos con sus familias; otros lavando, otros cocinando. Una vida totalmente fuera de serie, cosa nunca imaginé ver. Solo había escuchado historias de los aborígenes y esas cosas cuando estaba en la escuela, pero nunca pensé presenciarlo cara a cara. Bueno en cuanto nos dieron la señal subimos a una balsa con remos que llegó a la orilla y así cruzamos el rio. Fue cosa de 4 o 5 minutos. Al bajar, el hombre de la balsa nos dijo que subiéramos hasta la calle y ahí estaría un hombre en un bici taxi esperando. Y así fue; este hombre nos llevó hasta un parque y ahí tomamos un bus hasta Tapachula. Lo único que nos advirtió fue que si nos paraba la policía dijéramos que éramos cubanos e íbamos a entregarnos a migraciones. También nos dio la dirección del hostal a donde teníamos que ir en Tapachula al llegar para ver al coyote.

mapa

Nuestro recorrido desde Ocotal hasta Tapachula

Todo fue muy fácil, la policía nos detuvo pero dijimos lo que se nos orientó y nos dejaron seguir. Al llegar al hostal, la dueña (no recuerdo su nombre) nos dijo que el coyote tuvo que regresarse a Nicaragua y dejó instrucciones de que le depositáramos el dinero con ella. Obviamente minutos después el llamó para asegurarse. Nosotros le agradecimos de mil manera que todo había salido bien y quedamos en avisarle cuando llegáramos a los EEUU. Su tarea había finalizado pero aun así él nos dijo todo lo que teníamos que hacer para seguir sin problemas nuestro camino.

Manuel y yo estábamos radiantes de felicidad, estábamos finalmente en México y no lo podíamos creer. Es como que tú te preparas tanto para algo que cuando lo logras no te lo crees. Todo el trabajo que pasamos valió la pena, nosotros ya nos sentíamos en EEUU. ¿Qué otra cosa podría interrumpir nuestro viaje? Ya estábamos en el norte, solo necesitábamos el permiso de México, y listo,  rumbo a la tierra de la libertad.  Claro, en ese momento no nos imaginamos que las cosas no serían tan fáciles como nos las pintaron. A veces cuando más cerca, más lejos. ¿Por qué digo esto? ¡Les contaré en el próximo capítulo!

Continuará…

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Capítulo 27 Power Ranger a lo cubano

Imagen 026Si bien no era fácil aceptar que deportaran a Manuel para Perú, más difícil era tener que seguir solo el viaje a los Estados Unidos con un coyote que no tenía ni idea de quién era. De un momento a otro todo nuestro futuro se volvió incierto, y me sentía como atado de pies y manos. Manuel por su parte apuesto que se estaría muriendo por dentro, pues yo no tendría problemas, pero si él era deportado, enfrentaría deportación doble, pues de Lima lo enviarían en otro avión para Cuba. No nos quedaba de otra que rezarle  todos los santos habidos y por haber para salir de aquella situación.

Pasaron varias horas, ya era la media noche y aun a Manuel no lo sacaban del aeropuerto. Supongo que estarían haciendo todo el proceso de deportación, llenando papeles y esas cosas. Pero siendo ya casi la una de la madrugara veo que lo traen escoltado para llevarlo al hotel del aeropuerto, donde pasaría la noche en vigilancia para al día siguiente regresar a Perú. Yo de lejos lo seguí y entré al hotel sin ser percibido. Manuel estaba sentado en el lobby mientras el guardia, muy confiado y sin vigilar mucho, le hacia el check-in. Me senté cerca de él y  rápidamente le dije que en cuanto pudiera le pidiera al guardia bajar a buscar agua o algo, y yo iba a estar esperando. Inmediatamente me alejé de él y me quedé en otra parte mirando tele, pero chequeando que pasaba alrededor.

Media hora más tarde veo a Manuel con el guardia en el lobby preguntando por agua, me puse a su lado y le dije “No perdamos tiempo, vámonos al primer descuido”. Y aprovechando que el guardia muy entretenido compraba el agua y flirteaba con la chica de la recepción, salimos por la puerta del costado del hotel, nos subimos al carro del coyote que esperaba en el parqueo, y a toda prisa nos largamos del lugar. Teníamos el corazón en la boca, pero era todo o nada. Supongo que todavía deben estar buscando a Manuel. En ese momento me sentí un titán, un Power Ranger a lo cubano por así decirlo. El coyote manejaba aquella camioneta como un mil quince, y pocos minutos después llegamos al primer punto de partida por así decirlo. Allí pasaríamos lo que quedaba de la noche y al día siguiente empezaríamos el camino.

Con mis amigos Fabio, Ceci y los niños

Con mis amigos Fabio, Ceci y los niños

Obviamente Manuel y yo no podíamos pegar un ojo, nos preocupaba la idea que nos fueran a matar para quitarnos el dinero. Pero nada, era tanto el cansancio que con los primeros rayos de sol nos quedamos dormidos; hasta que un par de horas más tarde unos golpes en la puerta del cuarto nos sacaron de la cama de un brinco. El coyote quería hablar de negocios pues no tenía tiempo que perder. Por otro lado yo tenía a mis amigos en Nicaragua que quería ver, y en cierto modo me sentía más seguro si el coyote sabía que teníamos amigos en allí. Así que le dije que yo tenía unos amigos con los cuales encontrarme al medio día en un hotel del área, y que si era posible me llevara. Él estuvo de acuerdo siempre y cuando habláramos del negocio primero. Yo le propuse un plan, pues tenía un poco de temor. Le dije que yo le entregaría la mitad del dinero en ese momento, y la otra mitad al llegar a México. Además, que también quería pasar unos días con mis amigos en su casa, por lo que el plan quedaría de la siguiente manera: Le entregaríamos la primera parte del dinero en ese momento, él nos llevaría con nuestros amigos, nosotros nos iríamos con ellos a su casa en Somoto, y él me recogería 6 días después para seguir el camino. Al llegar a México recibiría la segunda parte del dinero.

El coyote estuvo de acuerdo con el plan. Y para nosotros estaba bien, pues si nos iba a estafar lo mejor era que lo hiciera en un principio. Preferíamos eso a que me dejaran en el medio  de un monte sin dinero y quien sabe hasta en qué situación. Y no es que estuviésemos paranoicos, sino que uno nunca sabe; y encima siempre se escuchan historias aterradoras de inmigrantes muertos por coyotes para quitarle lo que traen; y no solo eso, sino también para quitarle a uno los documentos cubanos y vendérselos a otros inmigrantes por un precio bastante elevado. Así que teníamos que estar alertas y arriesgarnos lo menos posible.

Con Manuel, en Granada

Con Manuel, en Granada

Bueno yo ya había quedado con mis amigos en el sitio que nos veríamos, pero por si acaso los llamé para confirmar. Una hora más tarde el coyote nos dejó en el lugar de encuentro y quedamos que le daríamos una llamada para darle la dirección del lugar donde nos recogería en Somoto 6 días después. Minutos más tarde nos encontramos con mis amigos Fabio y Ceci, y también con sus hijos. Fabio es nicaragüense, pero vivió muchos años en Cuba mientras estudiaba veterinaria. Y Ceci es cubana, vecina mía, y esposa de Fabio. Nosotros éramos muy buenos amigos desde Cuba y fue una alegría inmensa volverlos a ver después de varios años.

Lo primero que hice fue pedirles la dirección y llamar al coyote para dársela. Para este momento mis amigos no sabían cuáles eran mis planes en Nicaragua, y yo en realidad no quería preocuparlos, por lo que seguimos pretendiendo ser turistas. Ceci y Fabio nos dieron un tour completo por Managua, el lago y la ciudad en general. También visitamos luego ciudades aledañas como Granada y Estelí. A la verdad la estábamos pasando fenomenal pero sabíamos que teníamos que contarles a ellos la verdad ya que el coyote tendría que venir a recogernos. Aprovechando un momento donde estábamos todos sentados a la mesa, les conté a grandes rasgos cuales eran nuestras verdaderas intenciones. A Ceci por poco le da un ataque cuando le dijimos que ya habíamos pagado la mitad del dinero. Me dijo que quería ser optimista pero que lo más probable es que ya había perdido mi dinero asegurándonos que el coyote jamás aparecería pues ya tenía su botín, y ahí nos comentó de decenas de casos estafados que ellos conocían.

Imagen 042Manuel y yo mantuvimos la calma y tratamos de aplacar las cosas; les explicamos que nosotros optamos correr el riesgo a quedar abandonados por ahí. Si el hombre era serio y hacia bien su trabajo nos recogería. Además, este coyote me pareció bastante sincero y una buena persona, al igual que su esposa. En cierto modo tenia esperanza de que aparecería. Pero desde el momento que le contamos a Fabio y Ceci sobre nuestro viaje todo se volvió tensión. Era como cargar una sonrisa fingida, donde simulas que todo está bien pero que por dentro sabes que todo se puede ir al infierno. Y así pasaron estos últimos dos días, en plena ansiedad.

Finalmente llegó el día anhelado. Era  viernes y el coyote quedó en recogernos a la 1 pm. Durante esos días con mis amigos nos recibimos ni una llamada de su parte, pero bueno tampoco era que la estábamos esperando, solo que hubiese sido agradable saber que no estaba todo perdido. Pasó la 1 pm, las 2 pm, las 3 pm y ni rastro del coyote. Este nos había instruido de solo cargar con una mochila con lo mínimo en ella. Yo llevaba dos pulóveres más, ropa interior, aseo personal, y la ropa que llevaba puesta. Manuel igual; íbamos totalmente desposeídos de cosas materiales. Pues nada, nos sentamos en la acera de la casa con mochila en mano a esperar nuestro guía, pero este no daba la menor señal de vida y ni siquiera llamaba. La desesperación ya nos estaba atormentando un poco, y no hacíamos más que especular sobre posibles desenlaces. Sinceramente nos resistíamos a pensar que Ceci tenía razón sobre la posible estafa.

Entre la conversa y las especulaciones apareció el rey de Roma. El alma me vino al cuerpo cuando vi a al coyote parado en la puerta, estilo película del oeste. Enseguida nos fuimos a donde estaba el y nos apresuró a salir de la casa ya que debíamos partir inmediatamente. De forma muy breve nos despedimos de Ceci y Fabio, les prometimos que los tendríamos al tanto de la situación y nos subimos a la camioneta que esperaba afuera. Estábamos con los nervios a mil porque a la verdad no sabíamos cómo iban a  ser las cosas, ni cuál sería la ruta ni nada, pero tratamos de disimular un poco el nerviosismo y de quitar la cara de susto.

Imagen 033Luego de una hora de camino llegamos a la supuesta casa del coyote en la frontera con Honduras. Al bajarnos de la camioneta nos dijo que allí íbamos a comer algo y a esperar que anocheciera para cruzar nuestra primera frontera. Nos ofreció algo de comida pero nosotros lo rechazamos alegando que no teníamos hambre, ya que teníamos miedo de comer cualquier cosa que no viéramos como se preparaba. La situación en aquella casa era precaria. Las sillas eran de palo amarrado con alambre y un pedazo de madera arriba para sentarse. Estaban cocinando con leña en el patio y el agua que bebían (con un color medio turbio) la sacaban de un pozo. Por un momento pensé que estaba en otro planeta, me dio un poco de lastima la situación en que vivían. Manuel y yo nos preguntábamos qué hacía él con el dinero de la gente que cruzaba, porque a la verdad era una suma considerable. Para ponerle la tapa al pomo nos presentó a sus 8 hijos y a otros 4 que la esposa ya tenía cuando se casaron, total era 12 hijos, mas ellos dos, y todos viviendo en aquella casita. Nosotros los saludamos sin poder ocultar el asombro, pues no nos imaginábamos que en pleno siglo XXI a alguien se le ocurriría tener tantos hijos y menos cuando se  es pobre. Pero bueno, no podíamos calentarnos más la cabeza, lo que queríamos era salir de aquel lugar lo antes posible.

Cerca de la media noche el coyote volvió al cuartito donde estábamos esperando y nos explicó cómo iba a ser la ruta, las cosas que debíamos y que no debíamos hacer, como actuar en caso de cualquier eventualidad o a quién llamar. Al final nos explicó que la mayor parte del tiempo viajaríamos solos pero que en sí alguien estaría cerca por cualquier cosa. Él iba a ir por la ruta normal y se encontraría con nosotros en algunos puntos del camino. Lo que si nos garantizó fue que estaríamos en México en menos de 48 horas. Nosotros nos aterrorizamos ¿viajar solos?, pero ¿y si algo pasaba? ¿Si nos metían presos por estar sin papeles? Tuvimos que armarnos de valor y avanzar, ya estábamos a mitad de camino y no nos íbamos a retractar. Claro, en ese momento no tuvimos idea de todo lo que se nos avecinaba en ese camino oscuro y turbulento, donde la vida nos demostró que solo sabes que eres fuerte, cuando ser fuerte es tu única opción.

Continuará…

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