Capítulo 26 ¿Cubano? Posible inmigrante

Conseguir la visa para México no era tan fácil como creía, ya que al mi pasaporte reflejar que era nacido en Cuba el proceso para la visa era diferente. Yo no tuve en cuenta ese detalle cuando hice mi averiguación. Y al no tener una respuesta convincente de si me concederían la visa o no para viajar a México, me sentía frustrado y como si estuviera atado de pies y manos. ¿Cómo iba a esperar 3 meses más para saber si me aprobaban la visa o no cuando yo estaba sin trabajo y ya lo había vendido todo? ¿Y si me negaban la visa? Entonces sí que hubiese sido tiempo y dinero perdido. Por lo tanto me dije “Si sigo aferrándome a mi zona de confort jamás voy a avanzar”. ¿Cuál creen ustedes que fue mi decisión? Pues sí, me iba al primer país que me diera visa a Centroamérica y de ahí cruzaría fronteras hasta llegar a la de EEUU.

En esos días había llegado de Cuba un muchacho de nombre Manuel, quien fue invitado por una peruana a la que conoció por internet. Y yo lo conocí a él a través de esta chica. Pero a Manuel no le comenté sobre mi viaje pues traté de mantenerlo en privado y además, no había tanta confianza entre nosotros aún. Pero ese día que salí de la embajada mexicana, casualmente recibo una llamada de él diciéndome que me llamaba para despedirse porque se iba para Cuba. Yo le pregunté con admiración si estaba loco, porque su idea desde un inicio fue quedarse. Él me explicó de manera breve que había tenido problemas con la chica y que no tenía donde estar ni dinero para rentarse, por lo que se iba para el aeropuerto para tratar de regresar a Cuba. Sin pensarlo dos veces le dije que tomara un taxi y viniera para mi apartamento, que ahí hablaríamos y le ayudaría a determinar qué hacer.

El pobre estaba devastado y con lágrimas en los ojos, prácticamente sin poder hablar. Lo llevé a cenar algo y ahí me explicó lo sucedido con su anfitriona. Yo le dije que lo que podía hacer no era mucho lamentablemente y fue cuando le comenté sobre mi decisión de salir esa misma semana rumbo a los Estados Unidos.  Así que la única forma de ayudarlo sería que se quedara temporalmente en mi apartamento pues estaba pago por un mes más, y que aprovechara ese tiempo para ver qué hacer, pero le insistí que si se iba para Cuba iba a ser un error. La parte mala de quedarse allí conmigo era que tendría que dormir en un colchón en el suelo pues yo lo había vendido todo. Él aceptó quedarse hasta que yo me fuera para así tener unos días y pensar qué hacer.

Yo, por mi parte empecé a buscar la forma de empezar mi viaje averiguando sobre posibles rutas, precios etc. Pedí la visa para Guatemala y me la negaron, ya que exigían papeles de trabajo, y otros requisitos más con los que yo no cumplía. Esta era una vía bastante directa pues este país hace frontera con México. Pero bueno, yo me iba de todas formas y pediría visa en cuanta embajada encontrara que estuviera en mi ruta. Entonces fui a la de El Salvador y en esta oportunidad era un proceso que requería tiempo y había que esperar que se aprobara la visa desde el Ministerio de Relaciones Exteriores del país. Por lo tanto descarté esta vía y me dirigí a la embajada de Honduras. En esta ocasión era otra traba con el lío de presentar papeles de trabajo etc.

Al parecer no iba a ser fácil conseguir un visado. El problema es que estos países de Centroamérica saben que muchos de los que piden visa son emigrantes que van rumbo norte; y creo que por eso es que ponen tantas trabas. Igual yo no me daría por vencido y al otro día me fui con Manuel a la embajada de Nicaragua, que este era mi siguiente plan. Allí me atendieron pero el cónsul no estaba, así que dejé mi pasaporte para recogerlo al día siguiente. Y para suerte mía, en esta oportunidad me otorgaron la visa. Salí súper emocionado de aquella embajada con mi visa en las manos. Al fin veía un rayito de luz en el horizonte.

Viendo que no hubo obstáculos para conseguir el visado a  Nicaragua, empecé a convencer a mi amigo Manuel que se fuera conmigo a Estados Unidos en vez de quedarse en Perú. Él ya estaba decidido a encaminar su vida allí pues no tenía dinero para nada más, pero al parecer se quedó con aquello dándole vueltas en la mente. Un rato más tarde mientras caminábamos a buscar donde cenar, le dije que podía hablar con algún conocido en EEUU que le prestara el dinero. Entonces me comentó de un primo que tenía pero que no sabía si le podría prestar esa cantidad de dinero que necesitaba para lanzarse a un viaje así. Sacando cuentas necesitaría como 3 mil dólares para esta misión. Le dije “Oye, con probar no pierdes nada.” Y aquellas palabras fueron mágicas. Nos desviamos a buscar una cabina de internet donde pudiera escribirle un correo al primo para explicarle lo que quería. Minutos más tarde el primo lo llamó y le dijo que podía contar con ese dinero.

Manuel saltaba de alegría al punto de soltar algunas lágrimas. El caso era tratar de conseguir la visa conmigo ya que él tenía un estatus diferente al mío por completo. Yo era ciudadano peruano y no representaba una amenaza como emigrante para Nicaragua. Pero en su caso él era cubano y para colmo estaba de turista en Perú, ni siquiera tenía residencia. Pero nos arriesgamos y fuimos para la embajada a solicitar su visa; y como era de esperarse no se la dieron ya que Nicaragua solo otorga visas en el país donde el ciudadano reside, en su caso tenía que solicitar la visa en Cuba. Como ya sabrán para mí no es tan fácil darme por vencido, y soy de las personas que uso la conversación como primer medio para tratar de resolver un problema. Así que regresé esa misma tarde con mi amigo al consulado de Nicaragua pero esta vez pedí una cita con el embajador y me la dieron para el día siguiente.

La secretaria de la embajada hizo cierta simpatía conmigo y mientras conversábamos me contó un poco sobre el embajador, el Sr. Tomás Borges. Esta joyita fue uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el movimiento izquierdista que derrocó a Somoza en Nicaragua tras una larga y tediosa guerra civil. Este hombre era un admirador ferviente de los gobiernos comunistas de Cuba y Corea del Norte. Fue acusado de innumerables violaciones a los derechos humanos mientras ocupo su cargo como Ministro del Interior; entre ellos fue responsable de haber ejecutado a 37 opositores encarcelados en Granada. Claro, toda esta información no me la dijo la secretaria de él, sino que esto fue lo que averigüé en internet al llegar a casa, ya que quería saber cómo persuadirlo para obtener la visa de Manuel.

Yo soy como dice el dicho, “tan feo como tan franco” y me cuesta mucho disimular las cosas, soy de los que voy directo al punto y listo. En este caso, no era muy simpatizante del Sr. Borges, pero tenía que de alguna manera convencerlo para que le diera esa visa a Manuel. Así que ese día saqué mi talento de actor dramático y me fui a hablar con él. Obviamente lo primero fue expresarle cuánto admiraba su carrera y por ahí empecé a hacerle “la historia del tabaco” y entre esas cosas le dije que yo iba para Cuba pero que primero quería ver a mi hermana que estaba de misión (enviada por Cuba) en Nicaragua y también quería que Manuel, que era nuestro primo pudiera ir a verla y de ahí el seguiría a Cuba conmigo.

El embajador me dijo que esto era prácticamente imposible pero que si yo daba garantías de que él no se quedaba en Nicaragua entonces podría buscar alguna alternativa, a lo que yo respondí “¿Dónde firmo?” Me dijo que no era necesario firmar nada solo que le diera mi palabra, y yo aun en mi rol de actor se la di. Después de una larga y fingida conversación con Borges, le estampó la visa a mi supuesto primo y dijo que como estaba firmada por él no habría problemas al entrar a Nicaragua. ¡Manuel no lo podía creer! Era increíble para él ver como pasó de querer regresarse a Cuba, a preparar su equipaje para salir a los Estados Unidos de un día para otro. No sabía ni cómo reaccionar el pobre.

Ya ambos  con las visas en la mano nos pusimos a planificar nuestra ruta para  salir cuanto antes del Perú. Entre los amigos que contacté en esta búsqueda encontré a uno que me recomendó un coyote que se dedicaba a este negocio en Nicaragua y que él fue quien lo ayudó con su paso de Panamá a México. De oír  la palabra coyote me dio miedo, ya ustedes saben todas las historias que hay por ahí de asesinatos, y todas esas cosas; pero bueno, al menos tenía pruebas que este tipo había pasado a varias personas sin el mayor percance. Mi amigo me paso su número de teléfono y yo lo llamé. Ahí le expliqué quién era y el motivo por el cual lo llamaba. Así que coordinamos precio y le dije que llegaríamos exacto en una  semana. Quedamos que nos cobraría 1500 USD a cada uno desde el aeropuerto de Managua hasta el cruce en la frontera de México. Por supuesto, él nos estaría esperando en el aeropuerto.

Manuel y yo pensamos que el precio era muy barato y nos hicimos mil preguntas. Pensamos que podía ser una estafa o que seguro nos querían quitar el dinero y dejarnos abandonados, y todas esas cosas que a uno le pasan por la cabeza. Entonces yo decidí contactar con unos amigos míos que vivían en Nicaragua. No les dije a qué iba, solo que yo iba de visita a su país y quería verles. Ellos enseguida me dijeron que nos recibirían en el aeropuerto y que nos podíamos quedar en su casa. Manuel y yo pensamos que esa sería una buena idea, aunque lo que queríamos era seguir rumbo norte, lo mejor era llegar y ver primero el panorama.

En nuestras investigaciones sobre esta ruta que pensábamos hacer, supimos que los cubanos que llegaban a México iban a un lugar de detención para emigrantes, pero que a los 20 o 25 días le daban el salvoconducto para subir hasta la frontera norte con EEUU. Esto no era un problema mayor, pensamos que ese tiempo pasaría rápido, así que no nos importó. Yo enseguida les avisé a mis padres y les dije que los iba a mantener al tanto pero que ya salía para los EEUU y esperaba llegar sin contratiempos, solo que como me iba por Nicaragua y sabía que estaría unos días en México, pues les expliqué sin muchos detalles que me tomaría como un mes y unos días en llegar. Manuel no le avisó en este caso a su familia, solo su primo de Miami lo sabía y estaba al pendiente de él. A mi familia de EEUU también les dije que iba a empezar el viaje para que estuvieran alertas y me llevé sus teléfonos anotados por cualquier eventualidad.

Ya el día antes de viajar volví a contactar al coyote para confirmar nuestra llegada y él me dijo que estaría esperando en el aeropuerto y me dio algunas pautas a seguir ya que él no podía ser identificado y yo debía seguir sus instrucciones. Alguien me iba a recoger en el área de salida con un cartel que tenía un nombre escrito (ahora no recuerdo cual) y yo tendría que  seguir a esta persona. Ante este misterio decidí llamar a mis amigos en Nicaragua y decirle que no fueran al aeropuerto a recibirme sino que me recogieran en  Managua al día siguiente al medio día. Les di la dirección de un hotel en el centro, y yo trataría de llegar allí ya que no sabía lo que iba a pasar ni a dónde me iba a quedar en realidad. Y así quedó todo listo para el viaje.

¡El gran día finalmente llegó! Después de más de tres años en Lima iba saliendo en búsqueda de mi sueño americano, rumbo al país de la libertad. Y para qué lo voy a negar, estaba muy nervioso y ansioso. No sé si era la adrenalina que corría por mis venas por embarcarme en esta aventura, o la idea de retomar el camino y empezar de cero nuevamente. Y créanme que esto es algo que aunque es excitante, a la vez es estresante. Y más en este caso que  aunque yo esperaba que todo saliera bien, no había garantías de nada. Pero bueno, yo iba dispuesto a lo que fuera y para atrás, como dice el dicho, “¡ni pa coger impulso!”

Manuel y yo después de desayunar nos dirigimos al aeropuerto de Lima, ya que aunque nuestro vuelo salía al medio día; y como era una salida internacional ya saben, había que estar unas tres horas antes. Al llegar al aeropuerto todo fue rápido y el proceso de check-in fue en un dos por tres, como decimos los cubanos. Nos preocupaba un poco el paso por el control migratorio pero nada, al final yo tenía un vuelo ida y vuelta, y Manuel tenía una continuación a Cuba; así que estábamos bien pero igual nos preparamos sobre qué decir en caso de cualquier eventualidad. Para sorpresa nuestra no tuvimos contratiempos y pasamos el control de pasaportes sin el más mínimo problema. Ambos estábamos que saltábamos de emoción.

Otro capítulo cerrado en mi historia para darle comienzo a uno nuevo. Atrás dejaba mis amigos, y el país que me acogió como uno más de sus hijos. Donde me sentí por primera vez como uno más de ellos, sin ser tratado como extranjero o con diferencias raciales. Porque para qué negarlo, en Ucrania aunque tu hables el ruso te miran como extranjero y te piden documentos donde quiera que te encuentra la policía, hasta paseando por un parque. Pero en Perú fue otra cosa, fue esa experiencia tan linda de haber vivido en un país de cultura milenaria, un país destacado a nivel mundial por su alta cocina, un país de gente humilde, alegre, trabajadora, y hospitalaria. Y para que seguir, mi corazón estaba triste por dejar todo este tesoro atrás. Creo que fui muy afortunado y bendecido el día que Perú se cruzó en mi camino.

Pero nada, aquí estaba yo otra vez viajando y emprendiendo el rumbo hacia una nueva aventura. Sin pertenencias y sin ataduras, solo con mi mochila viajera llena de sueños y metas. Esta vez no iba solo, iba acompañado por otro amigo que subió al vagón del tren de la vida donde yo viajaba. Me hizo recordar  cuando viajé con Liz y Damián, solo que esperaba esta aventura tuviera un mejor final que el que tuvo con mis amigos en el viaje anterior. Pero si no lo tenía, sinceramente no me preocupaba, porque  entendí que así es la vida. La gente sube y baja del tren, y la verdad es que no sabes quién va a seguir contigo hasta el final del camino.  Y yo lo acepto así, no espero nada de nadie, solo trato de sacar lo bueno de cada persona que conozco y conservar los mejores recuerdos siempre.

Nuestro vuelo hizo escala en Panamá. Pero enseguida tomamos nuestra conexión a Nicaragua y ahí estábamos rumbo a nuestro primer destino, Managua. Cuando llegamos nos pusimos en la cola del control de pasaportes pero yo me quede atrás, así si había algún problema con mi amigo me daría tiempo a ver lo que pasaba y tratar de buscar una solución. Y tal como lo pensé, así pasó. Todos avanzaban y Manuel no pasaba, su pasaporte lo tenían por otra parte. Nosotros solo nos mirábamos pero sin decir una palabra. Él estaba muy nervioso, es lo único que podía notar. Al final todos los pasajeros pasaron migraciones y yo, que era el último, no me quedó de otra que pasar.

Yo no tuve ningún problema, enseguida sellaron mi entrada y pasé, pero me fui directo a donde estaba mi amigo y pregunté qué pasaba con él, y expliqué que viajábamos juntos. Ellos me dijeron que su visa era falsa y que sería deportado en la mañana a Lima. Así que imaginarán cómo me puse, y Manuel ni decir, se le salían las lágrimas de la impotencia. Yo empecé a persuadirlos para que no procedieran con la deportación, pero nada, a estos tipos no había quien los hiciera entender. No sé si estaban buscando dinero o qué, pero igual no le podíamos dar porque lo que tenía alcanzaba solo para llegar a EEUU. Después me enteré que esto se lo hacen a cuanto cubano llega al aeropuerto de Managua tratando de obtener una fuerte suma de dinero. Uno de los oficiales se molestó conmigo y llamó a los guardias de seguridad para que me sacaran de allí.

Yo no podía perder esta oportunidad e hice mi último intento. Le pregunté al guardia que si había alguna posibilidad de sacar a mi amigo pagando algún dinero,  pero me dijo rotundamente que no, y por mucho que insistí la respuesta fue negativa. A la verdad no sabía qué más hacer, pero por lo pronto tenía que buscar al coyote a ver si el me ayudaba. Así que busqué el cartel de la persona que me estaba esperando y le dije que me llevara inmediatamente a hablar con el tipo. Una vez con él, le expliqué que yo pude entrar sin problemas pues había llegado con pasaporte  extranjero pero que a Manuel le estaban haciendo el proceso de deportación. Él me dijo que no podía hacer nada que eso lo hacían frecuentemente con los cubanos, pero que esperara un rato más a ver.

Yo agarré mi mochila y me fui para adentro del aeropuerto nuevamente, y sin pedir permiso me colé en el área de inmigración. Allí les dije unas cuantas cosas ya alterado, y les expliqué que si lo deportaban a Lima pues él no tenía visa y de ahí enfrentaría otra deportación a Cuba. Así que basándome en eso les rogué que lo pensaran y les aseguré que al final él no se iba a quedar en Nicaragua, que solo estaría unos días y seguiría a Cuba. Tratando de buscar otros argumentos les insinué que yo era amigo de Tomás Borges, el embajador, y que si la visa estaba autorizada por él no podía ser falsa. Ahí Manuel me siguió la corriente y por suerte él había anotado el número de la embajada. Yo les pedí que llamaran a ese número alegando que era el celular directo del embajador para que confirmaran que la visa era legal. Pero nada, al final ellos no me hicieron caso y me dijeron que lo pondrían en el hotel del aeropuerto, con sus respectivos guardias de seguridad y que en la mañana seria deportado a Perú; que si quería que llamara yo personalmente al embajador por la mañana a ver que podía hacer.

Lamentablemente me sacaron del aeropuerto, esta vez con dos guardias y me dijeron que si no quería tener problemas que tenía que irme de allí. Me fui para el carro donde estaba el coyote y sinceramente no sabía qué hacer. Él me dijo que tendría que seguir yo solo pues aunque yo llamara a Lima al día siguiente, dudaba que el embajador fuera a interceder. Me reafirmó que esto pasaba siempre, y que la mayoría de los cubanos si no sobornaban con dos mil o tres mil dólares los deportaban. Muy lindo para ser cierto, pensé yo. Todo había salido bien y de un momento a otro todo se complicó y “era peor el remedio, que la enfermedad” como decimos en Cuba. En cierto modo yo me sentía culpable porque yo fui quien lo convenció de venir conmigo en el viaje, cuando él se hubiese podido quedar en Lima tranquilamente haciendo su vida. Creo que mis niveles de estrés estaban a mil, yo estaba muy angustiado.

¡Cuántos problemas en un par de horas! Todo por el simple hecho de portar un pasaporte cubano. ¿Qué pasaría con Manuel? ¿Me atrevería yo a seguir el camino solo sabiendo que mi amigo seria deportado a Lima y que yo era su único contacto allá? ¡Les contaré esto y más en el próximo capítulo!

Continuará…

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Capítulo 25 Cargando mi cruz

95_-_Machu_Picchu_-_Juin_2009La idea de vivir en Perú me fascinaba. Tanta historia, gente linda y humilde, lugares enigmáticos y una cultura culinaria exquisita, que hacen que cualquiera se enamore de ese país. Pero mi meta desde que emprendí este viaje al exilio fue llegar a los EEUU, la tierra de la libertad y las oportunidades. Por lo tanto seguiría con mi propósito en mira hasta lograrlo. Por mientras ya estaba legal en el país, tenía mi residencia por matrimonio, así que solo tenía que empezar a averiguar cómo hacer para subir al norte con el menor riesgo posible.

Las cosas no eran tan fácil como yo las creía. Por muy lindo que fuera el país, un salario promedio estaba en los $300 dólares al mes y eso era lo que yo estaba ganando. Obviamente al yo ser cubano necesitaba visa para México, que es la vía que quería usar para poder presentarme en la frontera americana y que me dejaran entrar. Con un salario como el mío en ese momento, no te daban visa ni para ir a Ecuador, así que ya imaginarán para Centroamérica, menos que menos. Me presenté en cuanta embajada había en Lima, empezando por la de México, luego Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y por último en la de Panamá. El resultado fue totalmente negativo, en ningún lugar me dieron visa.

Estaba desanimado, y me sentía totalmente frustrado. ¿Cómo es posible que mi pasaporte tuviera tan poco valor? Yo pensé que al menos con la residencia en Peru me darían visa sin mirar tanto el hecho de que yo era cubano, pero nada. Es como si tuvieran un lema en las embajadas que dijera “Cubano = Emigrante, cero visa para ellos”. Para obtener una visa se necesita demostrar muy buena solvencia económica, con la cual yo no contaba. Debía decidir entonces que hacer, pues no podía estancarme allí de esa manera. Averiguando con amigos supe de algunos cubanos que se iban por frontera hasta llegar a EEUU, pero la mayoría les tomaba 6, 9, y hasta 11 meses. Eso sin contar que perdían en ese viaje unos 5 mil o 6 mil dólares según me contaron algunos de los que contacté. Para colmo también supe de muchos que los deportaron a Cuba. A la verdad que estaba muy indeciso, al parecer no tenía muchas opciones. Yo no quería de ninguna manera arriesgarme a irme por tierra.

Después de un poco de investigación, supe que a los dos años de estar casado podía optar por la ciudadanía peruana por matrimonio. Ya teniendo un pasaporte extranjero en mis manos las cosas serían diferente. En realidad dos años pasan volando, pero cuando uno está en una situación así, que no estás estable ni aquí ni allá, dos años te suenan como a veinte. Por supuesto, al yo no contar con los medios económicos para irme cruzando fronteras ni para pagar un avión directo, pues no me quedaba de otra que darme terapia psicológica yo mismo y aceptar el hecho que tendría que esperar un par de años para poderme ir de allí.

Pues nada amigos, si tenía que vivir dos o tres años en Lima, lo tomaría con carácter deportivo. Empecé a conocer nuevos amigos, y también a disfrutar más de los encantos del Perú. No lo puedo negar, en el fondo me gustó un poco la idea de quedarme temporalmente allí. Esa decisión prendería la chispa de mis deseos de vivir viajando infinitamente, y tomaría mi estancia en Perú como el inicio de la ruta de un viaje que me llevaría a recorrer el mundo. No sabía que pasaría durante esos años de espera, pero de lo que si estaba claro era que empezaría a disfrutar mi libertad desde ese preciso momento.

En Lima conocí mucha gente, y cultivé grandes amistades que perduran hasta hoy. También trabajé en muchos lugares. Empecé con el amigo que me recibió durante los primeros meses, pero luego conseguí mejores plazas e iba cambiando a medida que mejoraba. Trabajé en restaurantes, supermercados, hoteles, y así por el estilo, en lo que iba apareciendo que me ayudara a sufragar mis gastos y reunir un poco más de dinero para cuando llegara el momento de partir. Un día estaba conversando con un amigo que me habló de un lugar donde estaban buscando a un guía de turismo y ofrecían el entrenamiento. Por supuesto, enseguida me fui para allá, y dejé mi hoja de trabajo que no contenía mucho historial, pero como yo hablaba inglés fluido y francés nivel avanzado quizás eso me ayudaría.

Al principio nada, ninguna noticia, pero dos semanas más tarde me llamaron a una entrevista. Yo me presenté y conversamos. Mi único problema era el pasaporte cubano, ya que este trabajo implicaba varios viajes a Bolivia y a veces a Ecuador y tendría que estar pidiendo visa. Pero al parecer les caí bien y me contrataron. Ellos se encargaron entonces de tramitar mis visados múltiples por 10 años a Bolivia y uno por 5 años a Ecuador. ¡Yo no lo podía creer! Pero si, allí estaba yo en un trabajo que era un sueño para mí. Dicen un proverbio que cuando uno hace lo que a uno le gusta, eso no es trabajo, y así me sentía yo. Enseguida empecé mi entrenamiento de un mes y me dieron mi primera asignación llevando un grupo de holandeses a Cusco.

Me la pasaba constantemente viajando, era algo así como sin descanso y a veces se volvía un poquito agotador. Pero yo siempre emocionado con cada viaje empacando y desempacando la maleta y mi mochila viajara. Este trabajo me permitió viajar intensamente a las principales ciudades de Perú como Trujillo, Arequipa, Cusco, Puno, entre otras; y también viajé muchísimo a través de Bolivia. A Ecuador hice pocos viajes pero a Bolivia si iba casi todos los meses. La paga a la verdad no era la mejor, pero estaba haciendo lo que quería, viajar. En este trabajo duré un año y medio, luego la compañía fue vendida a otros dueños y yo quedé en la calle, pero nada, lo disfruté mientras duro.

Para el tiempo que fui despedido de mi último trabajo, ya habían pasado los dos años desde mi entrada como residente permanente a Perú. Por lo tanto había llegado la hora de prepararme y emprender el vuelo a los Estados Unidos, así que ahora ese sería mi enfoque. Me fui a las oficinas de Inmigración y empecé todo el proceso para hacerme ciudadano peruano. Hasta ese momento y de forma diaria siempre mantuve el contacto con mis padres en Cuba, pero los extrañaba a morir, y lo peor es que sabía que no podía regresar pues ya me había pasado del tiempo que Cuba me dio y encima tenía que hacer todo un trámite por lo que había pasado en el aeropuerto de La Habana al salir. Entonces, como yo había reunido un poco de dinero durante ese tiempo decidí traer a mis padres para poder verlos.

El traer a una persona de Cuba de visita a Perú es un poquito caro, así que decidí traer a uno primero y después al otro. Mi papá fue el primero en “montarse en el tren” como decimos en Cuba. Le mandé su carta de invitación y todos los papeles y me lo llevé un mes a Lima. Su llegada fue muy emotiva para mí. Imagínense dos años y unos meses sin verlo, yo me moría del nerviosismo en aquel aeropuerto esperándolo. Al salir por aquella puerta de llegadas yo no sabía ni que hacer, si llorar, si correr, no sé, estaba muy nervioso. Solo fui  corriendo a donde estaba y nos abrazamos y lloramos como dos niños chiquitos. ¡Cuántos recuerdos de aquel día!

Llegada de papi a Lima

Llegada de papi a Lima

Mis amistades en Peru se portaron a la altura de lo que eran, mis amigos. Fuimos a todas partes, nos invitaban a comer aquí y allá, al punto de tener que agradecer pero rechazar un par de invitaciones porque no dábamos a vasto. Aquel fue un mes totalmente ajetreado y a la vez espectacular. Yo estaba feliz de la vida con mi papá allí. Bueno, como imaginarán también llegó la hora de “comprar pa’ Cuba”. En eso perdimos mucho tiempo, ya que en Lima hay mercados inmensos, algunos de varias cuadras de largo, que uno no sabe ni que elegir, y todo a precio sumamente bajo. Pero en fin, aquel mes se fue volando y aunque triste, tuve que despedir a mi papá. Al menos yo estaba tranquilo que lo había visto y que se iba feliz para Cuba, porque de ahí en realidad no sabía cuándo lo volvería a ver.

Cuando papi se fue entonces seguí con mis trámites de ciudadanía, ya que de vez en cuando tenía que ir a alguna cita con un oficial de inmigración o llevar papeles, cosas así comunes en estos tipos de trámites. Mientras tanto empecé a hacer los papeles de mi mamá para poder traerla a ella esta vez. Su proceso fue un poquito más complicado. A ella le negaron la visa y yo tuve que solucionar el asunto, llamé a la embajada del Perú en La Habana, hablé con el embajador personalmente, mandé por fax los papeles que me pidieron y entonces fue que le dieron el visado a Perú. Con mami fue la misma historia de papi a su llegada, me puse muy nervioso pues para cuando ella vino ya iban a hacer tres años que no la veía. Nunca había estado separado de mi mamá por tanto tiempo, estaba desesperado por verla. Y bueno, ya imaginarán el recibimiento de mi madre en aquel aeropuerto de Lima en medio de llantos y abrazos.

Llegada de mami a Lima

Llegada de mami a Lima

Para el momento que mami llegó ya me habían dado la ciudadanía peruana, así que ella estaba consciente que una vez regresara a Cuba yo me iba a los EEUU. Ese mes que ella estuvo conmigo lo disfrutamos al máximo, pero lo que más disfruté fue sentir cada mañana ese olorcito a café cubano que me sacaba de la cama. Eso lo extrañaba con mi vida. ¡Qué días aquellos! Mami recibió mucho cariño de parte de mis amistades en el Perú y al igual que papi pasó unos días súper lindos conmigo en Lima. De la despedida ni quiero hablar, eso fue duro para mí al no saber cuándo la volvería a ver. Pero yo estaba feliz de haber podido traerlos a los dos y disfrutar unos días con ellos.

Ahora estaba listo para partir. Tenía mi pasaporte peruano en mano, y solo era pedir mi visa para México o cualquier lugar cerca y comprar mi pasaje. Entonces empecé a contactar a mi familia y amigos en EEUU e informarles del viaje pues aunque no creía tener problemas, uno nunca sabe lo que puede pasar en el camino, y siempre es mejor que varias personas sepan por donde andas “por si las moscas” como decimos en buen cubano. Antes de empezar a vender lo poco que tenía primero fui a la embajada de México y pregunté sobre el trámite de visa. Obtener una visa para visitar la parte norte del país requería ciertos documentos y prueba de solvencia económica, mientras que si viajaba a Cancún y me mantenía en la zona sur pues solo con presentar el pasaje con la reserva de hotel me otorgaban el visado. Y esta visa la podía pedir 7 días antes de viajar.

Yo ya sabía que si llegaba a México podía pedir como cubano un salvoconducto para viajar al norte alegando que iba a presentarme en la frontera americana, por lo tanto para mí estaba bien con la visa a Cancún, ya de ahí haría el siguiente trámite. Haciendo esto me ahorraba el paso por todos esos países desde Sudamérica y volaría directo a México. En Lima yo tenía muchos amigos, pero solo uno sabía de mi viaje y mis planes. Su nombre Alaín, era como mi hermano de sangre. Él me ayudó en todos esos trámites y a vender poco a poco mis pertenencias, como TV, la refri, y esas cosas.  Mi mamá se había llevado la mayoría de mi ropa y cosas para Cuba, ya que esta vez yo solo me iría con mi mochila viajera. Pero lo que no se llevó ella lo vendí para llevar todo el dinero que pudiera.

Ya ahora si no me ataba nada, tenía todo listo, había vendido mis cosas y solo quedaba comprar mi paquete a Cancún y solicitar la visa para México. Así que me fui a ver una amiga mía que trabajaba en una agencia y ella me preparó un paquete de vuelos y hotel a la Rivera Maya y de ahí me fui a solicitar el visado a la embajada mexicana. Me dijeron que podía recoger mi pasaporte en dos días. Yo contento me fui a celebrar mis últimos días en Lima. Aunque no lo crean, yo estaba ansioso por irme finalmente a los Estados Unidos, pero mi corazón se quería quedar en el Perú. Llegué a amar tanto a ese país, que lo considero mi segunda patria. Me costaba irme, pero ese era mi destino y ya estaba listo para  el viaje.

Dos días más tarde me presenté en el consulado mexicano para recoger mi pasaporte, pero la visa no estaba lista. Me dijeron que viniera al día siguiente en la mañana que el embajador me iba a entrevistar. Yo me sorprendí y me preguntaba a mí mismo ¿entrevistarme? ¿para qué quiere entrevistarme? A la verdad no entendía pero bueno, el chico me dijo que a veces escogían a algunos pasaportes al azar para entrevista. Yo me fui muy preocupado y como con un dolor o quizás un vacío en el pecho como presagio de que algo andaba mal. Y no estaba errado. Al día siguiente cuando fui a la cita, el embajador me atendió y me dijo que como ciudadano peruano normalmente se otorga la visa sin problemas, pero como yo era nacido en Cuba, mi visa tenía que ser aprobada primero por Migraciones en México y que el trámite demoraba entre 60 y 90 días.

Por poco me da un ataque sentado allí, tanto tiempo esperando en vano. Casi tres años de espera para obtener una doble ciudadanía y al final se me seguía juzgando o tratando como cubano. ¡Me sentí frustrado como nunca antes! ¿Acaso tendría que cargar con esa cruz por siempre? ¿Qué culpa tengo yo de haber nacido en Cuba? ¿Por qué se me miraba como cubano si tenía un pasaporte peruano? Sinceramente no sabía que pensar ni cómo actuar. El embajador me dio unos formularios extra que tenía que llenar y me dijo que él se encargaría de estar al pendiente de mi visa. ¿Estaría yo dispuesto a esperar dos a tres meses mas a ver si me aprobaban la visa a México? Total ya había esperado casi 3 años. ¿O me armaría de valor y me lanzaría por tierra desde Perú hasta llegar a los Estados Unidos? ¡Les contaré mi decisión en el siguiente capítulo!

Continuará…

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Capítulo 24 Quieto en mi zona de confort

En Lima, una ciudad llena de cultura y tradición, hay para satisfacer hasta los gustos más exigentes. Hay de todo y por todas partes. Teatro callejero, exposiciones de arte, ferias de comida, y por supuesto, no faltan los vendedores ambulantes y pregoneros, que le dan vida a la ciudad, que de por sí ya es bastante ajetreada. Pero algo que me asombró desde que llegué fue ver el cielo gris, totalmente nublado casi todo el tiempo. Uno que viene del caribe piensa que va a caer tremendo aguacero, pero de eso nada. Freddy me explicó que en Lima el cielo está así casi todo el tiempo excepto en verano, pero que en realidad nunca llovía ya que la ciudad gozaba de un clima de desierto. Eso era algo inusual para mí, pero me gustaba la idea de no volver a ver la lluvia y tener que lidiar con el fanguero que se arma por todas partes cuando llueve.

Los primeros días estuve conociendo la ciudad, pero ya era hora de empezar a ver que iba a hacer con mi vida. Yo sabía que mi objetivo era llegar a EEUU pero no sabía cómo, al menos en esta oportunidad solo había fronteras de por medio, así que empecé a hacer mis averiguaciones. Me encantaba la idea de quedarme allí, pero no era mi meta. Freddy me puso en contacto con un par de amigos de él, pero esto no procedió, los precios eran muy altos y aunque era directo yo no tenía como pagar tanto dinero. Mi presupuesto se limitaba a tan solo 3 mil dólares, que eso fue lo que pude hacer con las cosas que traje de Ucrania y vendí en Cuba. Claro está, por ese dinero no encontré a nadie que me ayudara a salir de allí. Solo me quedaba ir cruzando fronteras, pero ¿qué iba a hacer si me asaltaban por el camino y me robaban; o si se me acababa el dinero sin aún llegar? Con mi familia de EEUU yo sabía que no podía contar porque ya me lo habían dicho que no me ayudarían nuevamente; así que tenía que descartar esa posibilidad. Estuve varios días pensando en todas las vías posibles, y llegué a la conclusión que lo mejor era tratar de legalizarme en el país y luego solicitar visa a México o a algún país cerca. A la verdad no quería lanzarme por fronteras hasta llegar a los EEUU y perderlo todo.

Aquí es cuando ustedes pueden apreciar lo que es estar en la zona de confort a la que me refería en capítulos anteriores. Yo no quería salir de Perú a arriesgarme, por temor a perderlo todo. Pero si se recuerdan, cuando me fui a Ucrania lo hice con solo 50 dólares, y total, iba para un país donde no hablaba el idioma, sin conocer a nadie y sin condiciones para el invierno que me esperaba allá. Pero me fui y dejé todo en manos del destino. Luego cuando me lancé a la aventura de irme con un pasaporte español a EEUU también tuve que abandonar mi zona de confort y arriesgué todo cuanto tenia, al punto de regresar deportado a Cuba sin un peso en el bolsillo. Pero bueno, en este momento en Lima, no pensé en eso y solo quería proteger a todo costo lo poco que tenía, me sentía bien allí, me encantaba el país y rechacé la posibilidad de aventurarme a cruzar fronteras con la incertidumbre de quedarme sin nada. Opté por quedarme en mi zona de confort.

Bueno ya estaba decidido, arreglaría mi situación migratoria, por lo tanto empecé a averiguar lo que podía hacer para quedarme. Las posibilidades eran escasas pero no era algo imposible. Podía pedir asilo político y esperar al juicio a ver si me lo otorgaban, demorando el proceso hasta un año y sin la seguridad de conseguirlo. Lo segundo era aplicar por una visa de estudiante para hacer un curso de post-grado. Obviamente yo no tenía estudios universitarios así que esa opción tuve que descartarla. La tercera vía era a través del matrimonio. Esta era la forma más fácil, pero lo difícil era encontrar la candidata para el acto y tenía que ser antes que se venciera mi visa, que era por 90 días. La cuarta opción era a través de un contrato de trabajo, pero para que te lo aprueben tienes que ser profesional, así que esta cuarta y última opción también estaba descartada. Solo podía pedir asilo o casarme, no había de otra.

Como no sabía si iba a encontrar la “esposa” a tiempo, decidí aplicar por el asilo; y si aparecía la esposa entonces ya me iría por esa vía. Pero al menos al pedir asilo me daban un carnet con el cual me podría quedar sin temor a que me deportaran. Efectivamente, al aplicar me dieron el permiso de estadía por un año y autorización de empleo provisional. Entonces con Freddy busqué un cuarto para alquilarme en lo que se resolvía mi situación. En aquel entonces en Lima, un cuarto con baño costaba alrededor de 70 dólares, así que eso era más que bueno ya que podría ahorrar el dinero para mis trámites y futura salida hacia EEUU. Para empezar, Freddy me ofreció trabajo en su compañía. Él era dueño de una pequeña empresa donde hacían polos (pulóveres). No era mucho lo que ganaba pero al menos era suficiente para pagar mi renta y demás gastos sin preocuparme de tocar el dinero de mi viaje.

A medida que iban pasando los días empecé a conocer nuevos amigos. Entre ellos a una persona que sin yo esperármelo me ofreció el casamiento para ayudarme a obtener la residencia. Yo no sabía que decir, pero tampoco había mucho que pensar, no podía perder de mira mi objetivo. Le dije que le daría una respuesta en cuanto supiera como proceder. Lo primero fue mandar a pedir a Cuba mi inscripción de nacimiento y mi certificado de soltería. Mi papá enseguida me lo envió y en menos de dos semanas ya tenía los documentos en mis manos. Con mi amiga fuimos a la municipalidad  averiguar los requisitos y todo salió a pedir de boca. Tuvimos que publicar en el periódico local y si no había objeción en dos semanas podríamos fijar la fecha del matrimonio. Por suerte no hubo nadie en contra ja ja. Así que elegimos el día y nos casamos en presencia de algunos amigos y conocidos. De ahí nos fuimos a celebrar en una cevicheria local, a fin de cuentas, todos éramos amigos.

En cuanto me entregaron el certificado de matrimonio me fui a Inmigración a presentar los papeles para mi residencia. Obviamente en aquel tiempo era muy fácil usar esta vía e increíblemente al mes exacto mi residencia permanente fue aprobada. En Peru no está permitido el cambio de calidad migratoria así que me dijeron que escogiera a que país quería ir a recoger la visa, y me propusieron enviarla al consulado peruano en La Habana. Como comprenderán, después de un trauma como el que pasé no iba a ir a Cuba, además mi pasaporte tenía el permiso anulado así que sería todo un trámite y dinero para regresar. Opté por recibir la visa en Bolivia y di la autorización para que la mandaran para allá. El proceso tomaría de dos a tres semanas así que de vez en cuando yo llamaba al consulado peruano en La Paz para confirmar si había llegado mi visa de residente hasta que me dijeron que ya estaba disponible. Inmediatamente saqué mi visa para Bolivia y me fui tras la residencia.

Alpacas, en los Andes peruanos.

Alpacas, en los Andes peruanos.

Un boleto en avión a la capital boliviana me salía en más o menos 400 dólares. Pero yo, como soy medio loco y atrevido, agarré mi mochila viajera y me fui como decimos en Cuba “cogiendo botella”, otros dicen a dedo. Pero bueno no fue tanto así, solo es un decir, lo que pasa es que yendo por tierra me salía muy barato el viaje. Siguiendo las orientaciones de un viajero que encontré por internet compré el primer tramo de Lima a Cusco por unos 15 dólares, y al llegar a Cusco compré otro pasaje a Puno, muy cerca de la frontera con Bolivia. Este me salió en unos 5 dólares más. Luego en la misma terminal de Puno hay buses hasta la frontera que hacen continuación a La Paz. Pero yo estaba sintiéndome mal por la altura, además llevaba ya muchísimas horas de viaje, por lo que decidí quedarme en un hostal cerca de la terminal para continuar viaje al otro día. Los hospedajes en la zona son muy baratos, alrededor de 4 o 5 dólares la noche. Al llegar a uno de ellos enseguida me notaron el malestar y me ofrecieron “Mate de Coca”. Yo dije “No, gracias. No consumo.” El chico se hechó a reír y me explicó que para el mal de altura ellos toman este té de hoja de Coca pero que eso no era droga, más bien lo usan como un analgésico natural. Yo medio incrédulo lo acepté y a la verdad que “remedio santo”. Se me quitó todo el malestar.

En los Andes peruanos

Al día siguiente pedí otro mate de coca con el desayuno y me fui caminando hasta la terminal. El día antes ya había comprado la continuación a Bolivia que me costó como 6 dólares, para un total de 26 dólares de Lima a La Paz, nada mal en comparación con los 400 que hubiese tenido que pagar en avión. De Puno a desaguadero (la frontera) fue un trayecto muy rápido. El bus hizo una parada breve para que nos sellaran el pasaporte y luego de unos minutos nos recogió al otro lado de la frontera y seguimos hasta La Paz. Viajar por los Andes es una experiencia que no tiene precio. Ver esos nevados en vivo y directo no tiene comparación, porque no hay palabras que describan semejante belleza.

La llegada a la Paz es otra de las vistas que es increíblemente hermosa. De hecho la ciudad tiene forma de embudo. Y de la cima de los Andes los buses van bajando en forma de círculo o a veces en zigzag hasta llegar al centro de la ciudad. La Paz es el centro cultural más importante de Bolivia, muchos piensan que esta es la capital, pero la verdad es que no lo es. La capital de Bolivia es Sucre. Aunque no lo crea la Paz es una ciudad muy bohemia; y está llena de museos, centros comerciales, y obviamente de muchos bares, donde no solo van los locales de la zona, sino los miles de turistas y mochileros que visitan la ciudad cada año, entre ellos yo, claro. La Paz ha sido calificada por Lonely Planet como una de las 10 ciudades con la mejor vida nocturna de todo el mundo.

La Paz, Bolivia. Nevado Illimani al fondo.

La Paz, Bolivia. Nevado Illimani al fondo.

Bueno, volviendo al tema de mí visa, todo salió sin problemas. Al día siguiente de llegar me fui al consulado peruano y ya me conocían de tanto que llamé a ver si la visa estaba lista. Así que tuve una amena conversación con el cónsul y salí de allí feliz con mi visa de residente. En la Paz conocí a algunos amigos, ya saben que soy muy sociable, y decidí quedarme un par de días más para disfrutar de la vida nocturna y los hermosos paisajes que rodean la ciudad. Mi regreso a Lima después de esta inolvidable experiencia fue similar a la forma en que llegué a Bolivia, La Paz – Puno, Puno – Cusco, Cusco – Lima. Como ven, a veces viajar no es tan caro como uno piensa. Con 100 dólares viajé a Bolivia a buscar mi visa, y me pasé tres días allí. Encima adicioné un país más a mi lista de viajes, siendo este el cuarto país en visitar después de Ucrania, Holanda, y Perú.

En La Paz, comiendo helados con amigos!

En La Paz, comiendo helados con amigos!

Una vez en la frontera me hicieron los papeles de entrada como residente y listo, a partir de ese momento era uno más de esa gran nación llena de gente linda y humilde. Ahora podría trabajar sin problemas y solicitar la visa a México para poder seguir el camino al país de la libertad, la tierra más anhelada por todos, Estados Unidos de América. Sé que suena fácil, pero ¿me darían la visa a México? Y si no, ¿tendría en mente un segundo plan de salida? Les contaré esto y mucho más en el próximo capítulo!

Continuará….

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Adiós Delta Airlines y United Airlines

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Generalmente a los que nos gusta viajar por el mundo al mejor precio posible, pertenecemos a los programas de viajeros frecuentes que brindan las grandes alianzas de aerolíneas a sus clientes leales. Nosotros preferimos comprar el boleto un poquito más caro con tal de acumular las tan apreciadas millas en nuestros programas de viajeros frecuentes, y así poder cambiar esas millas por boletos a otros destinos. Entre esas aerolíneas de las que hablo, yo soy miembro de Delta Airlines (desde 2008) y United Airlines (desde 2005)

Pero creo que ha llegado el momento de decirle adiós a estas dos aerolíneas, o al menos trataré de evitarlas a todo costo, y ahora explico el por qué. Delta anunció hace poco que cambiará su programa de recompensas SkyMiles. A partir de  enero del 2015, los miembros en general de este programa ganarán basado en el precio del boleto, a razón de 5 millas por cada 1USD pagado. Este cambio afecta negativamente a los viajeros como yo, que siempre ando buscando las mejores ofertas para viajar barato y aun así acumular las millas, por lo que me mantengo leal volando con esta compañía o con alguna que esté asociada a su programa. Muchas veces ni siquiera viajo a donde yo quiero, sino que voy con la marea de las promociones, total, lo mío es viajar.

Para ilustrar un poco esto, uno puede canjear 20 mil millas por un boleto de ida y regreso de Rochester a Chicago. Y si siempre que uno viaja acumula millas pues con dos o tres viajes ya tienes las suficientes para canjear un boleto, esto sin contar que hay muchas formas más de acumular.  Con los nuevos cambios del programa SkyMiles para el 2015, los afectados seremos los que siempre andamos viajando con bajo presupuesto, haciéndosenos más difícil acumular las millas. Por ejemplo, un viaje en Delta Airlines que está en promoción en estos momentos es de Nueva York a Milán, ida y vuelta, costando unos 645 USD. Con el programa vigente acumularía por el trayecto unas 8000 millas. Con el nuevo programa del 2015 como es basado en el precio, solo acumularía 3220 millas.

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Con United Airlines está sucediendo la misma cosa, acaban de anunciar que implementarán el cambio a acumulación de millas basado en el precio a partir de marzo del 2015. Y abajo les muestro el mismo esquema que Delta, ya que igualmente tienen a Milán en promoción. Normalmente en el programa actual ganaría unas 8020 millas, pero como tienen la tarifa en 628 USD, con el nuevo programa a implementarse en el 2015 acumularía solo 3140 millas.

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La noticia nos ha molestado a la mayoría de los viajeros que hemos sido leales a estas aerolíneas por años. Estas buscan ahora recompensar a los ejecutivos y gente de negocios que viajan con ellos, que en realidad son gente que las compañías para las que trabajan pagan sus boletos, no es con el sudor de sus frentes. Sin embargo, los que tenemos que ahorrar para poder viajar y somos fieles a estas por sus programas de millas, pues nos tiran de lado. Por eso creo que es la hora de decirles adiós. Conmigo al menos perdieron, no volaré con ninguna de estas dos aerolíneas a menos que me den un boleto con una oferta sumamente irresistible de manera que no me interese acumular las millas. De lo contrario ¡Chao! Espero que el mensaje les llegue, pues no soy solo yo, todos los viajeros leales de estas aerolíneas les estamos dando de lado. Por ahora uno de los mejores programas que queda es el Advantage, de American Airlines; solo nos queda cruzar dedos para que esta aerolínea no vaya a hacer lo mismo que las demás monopolizando el mercado de las millas.

Conclusiones: A la basura estoy echando todos los años de lealtad con estas dos aerolíneas, Delta y United. Pero no lo puedo negar, fue bueno mientras duró. Al menos el de United, porque el de Delta era una dolor de cabeza encontrar buenas promociones de pasajes premio. De momento optaré por volar con American Airlines y aerolíneas asociadas a su alianza One World siempre que pueda, y así seguir recibiendo millas por distancia y no basado en el precio.

Pues nada amigos, compartiendo un poco con ustedes de este mundo loco de viajes y millas y promociones. Espero les haya gustado el articulo y les invito a que dejen sus comentarios.

¡Hasta una próxima ocasión!

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Capítulo 23 Un nuevo horizonte

Aquellos minutos de desesperación por tener mi pasaporte retenido y luego anulado me pusieron en tal estado de estrés que me juré que si salía de esta, esa sería la última vez que pisaría mi país mientras el gobierno de facto de los Castro siguiera en el poder. Al cruzar la puerta de inmigración y ver aquella cola kilométrica para pasar el chequeo de seguridad por poco convulsiono, pero afortunadamente había una chica gritando mi nombre y al identificarme enseguida me pasó de primero. Obviamente tuve que quitarme mi cinto, zapatos, todo lo que tenía en mis bolsillos etc. Así que lo hice lo más rápido que pude y salí corriendo detrás de la  muchacha que me iba dirigiendo hacia la puerta de salida. Al entrar al avión enseguida la aeromoza me ubicó y sin perder el tiempo me dispuse a poner mi mochila viajera (sin mucho de valor, pero repleta de sueños) en el compartimiento de gaveta encima de mi asiento.

Me senté y traté de respirar profundo un par de veces ya que estaba demasiado estresado y agitado por la corredera, y no podía respirar con facilidad; cuando de momento veo entrar al avión dos uniformados de seguridad preguntando por mi nombre. Ahí como que el alma se me salió del cuerpo, me quede frio y con ganas de desaparecer de la faz de la tierra. ¿Para qué me estaban buscando? ¿Qué habría salido mal ahora? La aeromoza les dijo donde yo estaba y mientras ellos se aproximaban yo temblaba por dentro sin saber por qué, pero estaba totalmente aterrado. Hoy pienso que quizás fue por el trauma vivido cuando me sacaron de aquel avión en Holanda que me llevaría a Nueva York. Al llegar a donde yo estaba, me extendieron la mano y me dijeron “Aquí tienes, dejaste tu billetera y tu reloj cuando pasaste seguridad. Tienes suerte que nos hayamos dado cuenta” ¡Uaoh, que alivio! Al fin pude dar un respiro hondo y exhalar un poco de aquel estrés. Además, ¿imaginan que hubiese pasado si al llegar a Lima me hubiese dado cuenta que no traía mi billetera? Bueno a la verdad tuve mucha suerte ahí.

Esta vez estaba seguro que definitivamente no regresaría a Cuba. Pasara lo que pasara, tenía que quedarme y tratar de salir adelante. No sabía si lograría llegar a EEUU o no, pero no había marcha atrás. Mientras el avión corría por la pista, yo solo miraba el aeropuerto y de imaginarme a mi papá allí viviendo todo aquel drama conmigo se me salían las lágrimas. No sabía que tiempo pasaría hasta que lo volviera a ver. Aquel recuerdo de ver la terminal aérea desde la ventanilla del avión mientras este se alzaba por los aires de mi Habana, no lo puedo olvidar hasta el día de hoy. Y así me fui hasta Lima, con el sufrimiento de saber que esta vez pasarían años hasta que volviera a ver a mis seres queridos. Una nueva tierra me esperaba, nuevos amigos, y en fin, una nueva vida que tendría que enfrentar solo este cubano errante y sin un rumbo fijo, con la esperanza de un día ver sus sueños hechos realidad.

PERU

El vuelo no fue malo, prácticamente ni lo sentí ya que mi mente iba distraída, aún estaba medio aturdido por todo lo que había pasado. Vine  a reaccionar cuando prácticamente iba llegando a Lima. Ya era de noche, pero aquella mega ciudad totalmente iluminada me parecía alucinante. De momento olvidé todo el sufrimiento anterior y mi corazón se llenó de emoción y esperanza. Desde que salí del avión se respiraba un aire de bienvenida,  no sé, era una experiencia totalmente distinta a la del aeropuerto de Kiev. En Ucrania uno siente que llega a otra cultura, donde la gente no habla tu idioma, donde todo te parece raro, donde sientes y te recuerdas a cada instante que eres un emigrante. Aquí no, desde mi llegada al aeropuerto me sentía en mi cultura, en mi ambiente, en un suelo que podía hacer mío si se me daba la oportunidad. La gente sumamente educada, guiándote hacia el control de pasaporte, diciéndote “Bienvenido al Perú”, una experiencia única realmente.

airport_limaY este fue el punto que más influyó en mi decisión de ir al Peru, el idioma. No hay nada más agradable que hablar y ser entendido. Poder preguntar, poder defenderte, poder hacer lo que tú quieras y llegar tan lejos como tú quieras sin la barrera que la otra persona no entienda lo que tú dices y que te frustres sin poderte expresar. Este sentimiento de pertenencia cultural no tiene precio, y lo pude palpar desde el momento que bajé de aquel avión. Al pasar por el control de pasaportes no tuve la menor objeción. El oficial muy amable, me hizo un par de preguntas, me estampó mi pasaporte, y me repitió lo que ya había oído al llegar pero que había hecho mella en mi corazón  “Bienvenido al Perú”.

Ahora, aquí estaba la situación. Yo no conocía a la familia de Naún, mi amigo peruano de Kiev, y tampoco sabía quién me recibiría en el aeropuerto. Él solo me dijo que uno de sus hermanos me esperaría allí. Era un poco confuso pues había muchísima gente allí esperando a sus familiares que venían en los diferentes vuelos que habían llegado. Yo solo veía la multitud y no sabía para dónde ir, si lanzarme a salir entre ellos o ir por otra parte. Bueno, me decidí a pasar entre ellos y si nadie me decía nada o no veía algún cartel, trataría de hacer una llamada pues tenía un par de números telefónicos que me dio Naún. Pero al salir sentí alguien gritando mi nombre entre toda aquella gente y yo miraba pero no podía distinguir quien me llamaba. Así que seguí caminando y al salir del área de espera me encontré con Freddy, quien se presentó como el hermano de Naún.

Eran ya las 11 pm cuando salí  del aeropuerto, y al llegar a la casa ya era media noche, así que decidimos dejar las conversaciones para el día siguiente. Yo estaba muy cansado debido el trajín del día, incluyendo el tropelaje en el aeropuerto de La Habana, y como imaginarán caí muerto a la cama. Al día siguiente conocí a la familia de mi anfitrión y como es lógico, querían saber todo sobre Cuba. Eso fue una tarea difícil pues lo que menos quiere uno es dar una mala impresión de su país ¿verdad? Pues nada, les comenté cómo era la vida allá y le expliqué que el mayor problema era el no tener la libertad de expresarse, entre algunas otras prohibiciones; pero que si iban de turismo algún día realmente no verían esto, pues los extranjeros por lo general no tienen problemas allá, al contrario, son bien cuidados.

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Bueno, luego de las presentaciones, la amena conversación y un exquisito desayuno peruano, ya me picaba la curiosidad por salir a conocer. Así que con Freddy me fui a explorar mi nuevo territorio. Primero dejamos sus hijitos en la escuela, a su esposa en el trabajo, y él no tenía que trabajar pues había sacado una semana de vacaciones para ubicarme, ya que Naún le había dicho que mi objetivo era quedarme, entonces él tomó esos días para mostrarme la ciudad y ayudarme a buscar algún alquiler. Pero primero lo primero ¡a recorrer Lima! No tengo palabras para expresar lo hermoso de esta metrópolis. Lima es cultura, es hospitalidad, es pasión, es alegría. La población capitalina es totalmente mixta; y la gente es sumamente agradable, hospitalaria, noble, conversadora, trabajadora. El centro histórico de la  ciudad, donde se encuentra la famosa Catedral de Lima, y el Palacio de Gobierno, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1988, por la importancia que tuvo la ciudad durante el Virreinato del Perú, dejando como huella una enorme cantidad de legados arquitectónicos.

100_7160Freddy se encargó de mostrarme la mayoría de los puntos interesantes de la ciudad, incluyendo el casco histórico, Cerro San Cristóbal (de donde se aprecia una vista hermosa de la ciudad), la zona turística de Miraflores, Larcomar, Rosa náutica, entre otros atractivos. A la verdad que yo estaba extasiado, me gustaba tanto lo que veía que no podía con tantas emociones. Para el almuerzo fuimos a comer a una cevicheria que él conocía. Fue la primera vez que probé el ceviche y ¡me encantó! Claro, acompañado de la gaseosa bandera del Perú, la Inca-Cola, también riquísima y va de maravillas con el picante del ceviche.

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lima_nightMi primer día en la hermosa capital peruana y yo caía rendido de amor a sus pies ¡qué ciudad! Ese día yo desperté un amor inexplicable por aquella tierra de cultura milenaria, llena de tradiciones y gente linda. Yo estaba convencido que era allí donde yo quería vivir. Primero, porque se hablaba mi idioma y me sentía libre, no sé cómo explicar ese sentimiento, pero no sentía barrera alguna con respecto a la comunicación. Segundo, ustedes saben que las primeras impresiones son las que valen ¿verdad?; pues su gente me encantó. Los peruanos son sumamente hospitalarios y humildes, te bridan lo que tienen y te hacen sentir en casa. Y tercero, yo soy un amante empedernido de la cultura y la historia, y no pude haber llegado a un mejor lugar. Perú tiene más de tres mil años de historia, y fue la cuna de una de las civilizaciones más importantes de la historia, los incas. ¿Qué más podía pedir?

5ff62852-cb9b-4fc5-80b6-3c6bb4d39fbbLarco_mar_MirafloresAhora, ¿dónde viviría? ¿Cómo haría mis papeles para poder estar legal? ¿Me dejarían quedarme? ¿En que podría trabajar? ¿Qué pasaría con mis sueños de llegar a la tierra de las libertades, EEUU? ¿Sería posible dar el brinco esta vez? Les invito a que me sigan en un siguiente capítulo, donde responderé estas preguntas y seguiré con el relato de este cubano loco y apasionado que dejó atrás su tierra y su familia para ir a perseguir sus sueños. Ahora con un nuevo horizonte a la vista, pero siendo el mismo caballero errante y sin rumbo, sí, un cubano por el mundo.

Continuará…

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Un día en Niagara-on-the-Lake

542Después de dos años estudiando en la Universidad de Niagara decidí visitar una pequeña villa de la cual había escuchado mucho por parte de mis compañeros de clase, pero que nunca había hecho el tiempo para realmente ir. En uno de mis últimos días de clase, un profesor nos ofreció una excursión a este lugar, y obviamente fuimos muchos los que aceptamos ir. El único requisito era tener un pasaporte valido pues había que cruzar al lado canadiense. Por lo general, los que vivimos en las áreas aledañas al lago Ontario (Rochester, Syracuse, Búfalo, etc.) nos vamos en un tour de un día a ver las hermosas Cataratas del Niagara, sin saber que a tan solo unas millas de allí existe este pueblito que parece salido de un cuento de hadas.

Esta hermosa y pintoresca villa está a sólo unos minutos de las Cataratas del Niágara, y es el lugar perfecto para conseguir una sensación auténtica de la región. Paseando por el distrito comercial podemos apreciar un paisaje alucinante, y a la vez disfrutar de su variedad de boutiques, cafés al aire libre, y de una exquisita gastronomía. Niagara-on-the-Lake ha sido descrito por muchos turistas y por los propios residentes de la provincia como el pueblo más bonito que tiene Ontario. Y es que este es en realidad un pueblito muy bien conservado del siglo XIX, con sus casas de hospedaje que parecen encantadas, restaurantes de lujo y una arquitectura muy elegante y conservada. Claro, esto es sin contar que Niagara-on-the-Lake es el corazón de la región vinícola de Ontario.Wine_05-hr_0

Prince-of-Wales-Hotel-Niagara-on-the-LakeEl pueblo es bastante pequeño, y no me gustaría decir cuáles son los principales lugares a visitar, o qué hacer, porque a la verdad da tiempo a recorrer todo para llevarse un recuerdo mágico de este lugar. Además hay de todo y para todos. Puedes hacer paseos en botes  en el lago, picnic, montar a caballo, senderismo, pesca, o también sugiero un tour a uno de los viñedos que están en la zona. Al llegar al pueblo se darán cuenta que hay solo una calle principal, así que no hay perdida. Simplemente buscan un punto de referencia si andan en grupo y listo. Aunque bueno, les cuento que hay un lugar que no se ve a simple vista pero que también es  alucinante, especialmente si lo visitan durante el verano ya que ofrecen un show espectacular. Me refiero a Fort George, una fortaleza militar que sirvió como escenario de varias batallas durante la guerra de 1812. Como mencionaba anteriormente si lo visitamos durante la época vacacional podremos ver en vivo demostraciones de artillerías, ensayos militares y hasta vernos inmersos en el campo de batalla. ¡No se lo pueden perder!

Niagara_on_the_Lake010Yo por ahora me despido, pero espero que les haya gustado esta breve introducción a uno de los pueblos más lindos y singulares de Canadá, que nos transporta sin darnos cuenta a pleno siglo XIX. Ya saben, la próxima vez que visiten las Cataratas del Niagara, no olviden llegarse hasta Niagara-200th-fgb-221297439160793_ORIGINALon-the-Lake. ¡Hasta una próxima ocasión!

 

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10 Recetas cubanas del “Período Especial”

1- Arroz Microyé: Una vez cocinado el arroz, añada agua. (Se enchumba, pero crece y llena más).

2- Francisco: Una vez blandos los frijoles, agregue arroz crudo. (No, no es congrí, es potaje de frijoles con arroz flotando. Este plato es principalmente de las provincias orientales).

3- Huevo frito con agua: Coloque el sartén a la candela, añada agua hasta cubrir la superficie y espere a que se caliente. Parta el huevo y protéjase de las salpicaduras. Espere a que se endurezca y retire con una espumadera.

4- Bistec de toronja: Pele la toronja. Separe la corteza blanca pegada al hollejo tratando de sacar lascas grandes. Adobar a la manera tradicional con no más de tres ingredientes. Fríalo en aceite de coco.

5- Picadillo de gofio: Prepare una salsa con la menor cantidad de ingredientes posible. Tire el gofio y observe cómo se apelotona. Piense en un sabroso picadillo de res y cuando comience a salivar, métale mano.

6- Picadillo de cáscara de plátano: Muela la cáscara de plátano (preferiblemente de plátano burro). Prepare una salsa similar a la del picadillo de gofio y agregue la cáscara molida. Para una mejor degustación haga un intenso ejercicio de abstracción.

7- Dulce de coco de col: Muela la col y échela sobre el almíbar previamente hecho. Asegúrese de haberle echado mucha azúcar al almíbar.

8- Cerelá: (Polvo de procedencia dudosa que vendían por la libreta y que supuestamente contaba con leche entre sus ingredientes). Ponga a calentar agua y luego vierta varias cucharadas de Cerelá. Remueva hasta espesar. Tómelo si puede.

9- Arroz mixto: Para este platillo es preciso tener los conocidos “cabos” de días anteriores. Puede usarse todo tipo de arroz: congrí, arroz amarillo, arroz blanco. Mézclelo, rocíe agua y ponga a calentar. (Ojo: no confundir con arroz frito).

10- Albóndigas de pasta de oca: Es probable que usted ya no encuentre esta masa en el mercado, al menos no con esa consistencia babosa que la caracteriza. Si usted tuviera tamaña  desgracia haga pelotas con la masa y échelas a cocinar en la salsa de los picadillos anteriores. No coma mucho, para evitar que se le pegue en el estómago.

Espero les haya sacado una sonrisa con esas recetas que muchos de nosotros alguna vez probamos. Si te gustó este post no olvides compartirlo con tu familia y amigos.

¡Ah! Y si aún no has empezado a leer la historia de mi exilio, te invito a hacer clic aquí y darle un vistazo. Es una serie de capítulos dedicados a narrar mis anécdotas de viajes. Sí, anécdotas un cubano como otro cualquiera en un viaje al exilio, con el único propósito de perseguir un sueño, ser libre.  Relatado en primera persona.

¡Hasta una próxima ocasión!

 Fuente: habanapordentro.wordpress.com/2013/02/25/10-recetas-cubanas-de-los-tiempos-duros/
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Capítulo 22 Un atravesado en el camino

Al día siguiente del velorio, mi abuela fue puesta en el panteón de la familia en el pueblito donde ella nació. Lamentablemente esa fue la última vez que pude ver su tumba, pero no pierdo las esperanzas de un día poder regresar a mi tierra querida, a mi Cuba linda, y volver a visitar el lugar donde se encuentran sus restos. Fueron días tristes, días de angustia y de dolor que dejaron un profundo vacío en mi alma. Mi papá no sé de dónde sacó las fuerzas, pero estuvo en todo momento a mi lado dándome ánimo, quizás el ánimo que él también necesitaba pero que yo estaba tan confundido y perdido que al menos conmigo no podía contar; y creo que se invirtieron los roles, él me ayudó a mí en vez de yo a él.

Dos días más tarde, después de dejar algunos asuntos arreglados en la familia, decidimos regresar a la Isla de la Juventud, donde vivíamos. No fue fácil, porque aún nos costaba aceptar irnos sin poder despedirnos de mamá, que siempre estaba tan contenta y llena de vida preparándonos comida para que lleváramos en el viaje, aunque de momento se nos ponía sentimental a la hora de la partida. Pero nada, nos tocó enfrentar ese momento, y nos fuimos con el corazón destrozado, prácticamente sin pronunciar ni media palabra entre tantos sollozos y lágrimas.

Al llegar a La Habana, fuimos a casa de la amiga que me recibió en el aeropuerto para recoger mis maletas y seguir a la Isla. Mientras conversábamos le conté de mi plan, que originalmente era venir con mercancía, venderla y seguir a Peru; pero como el viaje se precipitó no tuve tiempo ni de pedir la visa. Ella me ofreció quedarme en su casa unos días para ayudarme a venderlo todo y de paso para que yo averiguara lo del viaje a Perú, pero yo quería ver a mi mamá que estaba ya esperándome, así que le dije que me iría a la Isla de la Juventud por dos o tres días y regresaría. Y eso fue lo que hice, me fui con mi papá, estuve el fin de semana en mi casa y regresé a La Habana.

Para sorpresa mía, mi amiga había vendido ya más de la mitad de las cosas. Yo le dejé una lista con todo lo que venía en las maletas y con los precios que yo había pagado. Ella se guió por ahí y tan solo con esa mitad vendida ya había recuperado mi inversión y más del dinero que yo en realidad esperaba de las ventas. Me daban ganas de dar otro viaje a Ucrania, pero ese no era mi objetivo. Yo quería largarme definitivamente de aquel país en el que mi futuro se veía tronchado al no permitírseme una educación superior, en el cual no se respetaban mis creencias religiosas, y en el que no se me permitía hablar lo que yo pensaba, entre muchas otras arbitrariedades. Tan solo recordar eso ya era motivo suficiente para retomar mi camino, si, el camino al exilio. Claro, eso sin contar que me agobiaba mucho el ver las calles destruidas, las casas cayéndose, la gente pasando hambre y miseria. Todo resultado de un mal comunismo, una dictadura de facto que oprimía y sigue oprimiendo hasta hoy a mi pueblo.

Pues nada, ahora tendría que enfocarme en preparar mi viaje en el menor tiempo posible. Lo primero que hice fue averiguar dónde estaba la embajada peruana e ir a ver los requisitos que exigían. Cuando llegué para suerte mía no había nadie, eso me dio la oportunidad de hablar sin apuros con la encargada de la sección consular y hacerle algunas preguntas. Ella me dio una lista de requisitos interminables y yo por dentro decía “hasta aquí llegué”. Me dijo que la visa demoraba unos días y bueno, una serie de cosas que me hacían pensar que era un caso perdido, así que ni modo, intentaría por otra parte. Pero bueno, ya saben cómo somos los cubanos que hablamos de todo un poco, y yo le comenté de mi amigo peruano que conocí en Kiev y que yo me había hecho mucha ilusión con visitar su país. Ella se sorprendió y me preguntó cómo yo había llegado a Ucrania; entonces le dije que yo tenía residencia allá. Al oír esto, enseguida me aseguró que si yo tenía residencia en otro país entonces no necesitaba los requisitos que se le exigían a los residentes cubanos, y me preguntó si había traído mi pasaporte y 35 dólares, que en tal caso me concederían la visa en ese instante. Yo no lo podía creer, pero así fue, aquella señora le estampó esa gloriosa visa a mi pasaporte y yo salí dando brincos de alegría de aquella embajada.

Y esa era la verdad, me había hecho muchas ilusiones con el Perú. En mi búsqueda de información cibernética no encontraba más que cosas lindas de este país legendario, tierra de algunas de las civilizaciones más antiguas del mundo. Un país que tiene selva, costa y sierra; y puedes encontrar desde un oasis en medio del desierto hasta una tribu de indígenas en el medio de la selva. Para los amantes de la cultura y la historia las principales atracciones, por supuesto,  son el patrimonio arqueológico del país, que data de las culturas precolombinas. Pero para los amantes de la alta cocina sabrán que Perú tiene la gastronomía más variada del mundo, la cual está entre las cinco más importantes del planeta. Y ni mencionar sus recursos naturales, que convierten sus bellos e impresionantes paisajes en un paraíso para el ecoturismo. Nada amigos, que sin llegar al Perú ya mi cabeza fantaseaba con estar allí.

Inmediatamente llamé a mis padres y les di la noticia; quizás pensaron que estaba medio loco con esto de ir de aquí para allá y de allá para acá, pero al final siempre estaban ahí, presentes y brindándome su apoyo.  Con la ayuda de mi amiga pude vender todo en menos de dos semanas, y logré reunir más de lo que realmente había planificado, así que yo feliz y con todas las ganas del mundo por luchar y seguir adelante. En esos días fui al Habana Libre, uno de los hoteles más céntricos e importantes de la capital cubana, ya que las oficinas de Taca se encontraban ahí; y efectivamente, tal como me había dicho uno de mis amigos cuando le pedí que me averiguara, el boleto ida y vuelta a Lima me costaba alrededor de 350 dólares. Sin pensarlo dos veces lo compré y le pasé un mensaje a mi amigo peruano de Kiev para que le avisara a su familia en Perú el día que yo iba. En realidad yo ni sabía quién era la familia, pero me emocionaba tanto la idea de visitar esa joya sudamericana, que ni me preocupé por eso.

En cuanto se vendieron todas las cosas que traje de Ucrania, regresé a mi casa para pasar esas dos últimas semanas con mis padres y mi hermanito. Me encargué de disfrutar bien, pues como siempre, una vez saliera no sabía cuándo iba a regresar. Y esa es la incertidumbre del cubano, que no sabe cuándo podrá ver nuevamente a sus seres queridos cuando sale al exilio. Aunque claro, también hay muchos que se piensan que afuera todo es color de rosa; y se creen que uno se hace millonario de un día para otro; y no es así. Hay que trabajar, y trabajar duro para poder salir adelante. Pero el que nunca ha salido y ve que hay muchos que van a Cuba a despilfarrar dinero y a especular, pues obviamente piensa que afuera los billetes de 20 dólares cuelgan de las ramas de los árboles. Nada más diferente de la realidad. Claro, hay que salir para saber el trabajo que se pasa, pero no es menos cierto que si vienes a luchar y salir adelante, lo puedes lograr. Pero sobre todo puedes disfrutar de los derechos esenciales del ser humano, como la libertad de expresión y la libertad de elegir un gobernante democráticamente, que son derechos violados en nuestra tierra.

Los días pasaron volando, y cuando me di cuenta ya tenía que irme para la Habana para tomar mi vuelo a Lima, la capital peruana. No sé por qué, pero no estaba nervioso en lo absoluto. Al parecer los dos viajes anteriores ya me habían fortalecido lo suficiente como para tomar este viaje de manera deportiva. Mi papá como siempre se fue conmigo para despedirme en el aeropuerto y yo pues me despedí ahí de mi mamá y mi hermanito. Por otro lado, le pedí a mi tía, la hermana de mi papa que vivía en Holguín, que viniera a La Habana a despedirme y que de paso se fuera con papi unos días a la Isla, ya que ella estaba muy afectada por la muerte de mi abuela y otros problemas familiares que venía enfrentando. Y así fue, ella vino el día antes y pasamos ese día juntos. Me daba tristeza irme, pero ese era mi camino y tenía que seguir adelante. Hoy agradezco que se me haya ocurrido decirle que viniera a despedirme, porque fue la última vez que la vi.

Todo transcurría con tranquilidad y en la mañana tomamos un taxi al aeropuerto internacional. Hice el protocolo habitual de chequeo de boleto y facturación de equipaje a través de Taca, y me senté con mi papá y mi tía a conversar hasta que me tocara pasar por las ventanillas de inmigración. Lo que menos imaginaba yo era el vuelco tan grande que iba a dar mi historia en ese momento. Me despedí de mi tía, que se quedó sentada, y mi papá me acompañó hasta la entrada del control de pasaportes. Una vez tocó mi turno fue cuando empezó mi odisea. La oficial de inmigración a la que le entregué mi pasaporte, al parecer, se levantó ese día con ganas de malograrle el viaje a alguien, y yo fui su presa.

1229838_679677985394399_1560880697_n1Miró mi pasaporte en todos los ángulos posibles,  pensé que lo rompería. Entonces me hizo de todo tipo de preguntas, incluso las que yo nunca me imaginé que alguien me pudiera preguntar. ‘¿Transportas drogas?’ – No. ‘¿A qué te dedicas?’ – Me expulsaron de la escuela y no consigo trabajo, por lo tanto estoy disponible (así se le dice a los desempleados en Cuba, por eso es que la tasa de desempleo es 0%, no hay desempleados, todos están “disponibles”). ‘¿Y cómo un vago como tú que no trabaja ha viajado dos veces a Ucrania y piensa hacer un viaje a Peru?’ – Bueno usted tiene el derecho a preguntarse eso, pero la realidad es que ni en 30 años trabajando en este país, podría reunir el dinero necesario para hacer un viaje de turismo al exterior; por supuesto que amistades mías me están invitando y ayudando con los gastos del viaje. ‘Aquí tenemos un reporte que dice que tú eres ‘mula’ (término despectivo hacia las personas que cargan mercancías a Cuba ya sea porque venden las libras o porque llevan cosas para vender)’. – No, yo tengo residencia en Ucrania y las cosas que traje fueron cosas personales y algún que otro regalo a mi familia. ‘¿Cómo resolviste esa visa a Perú?’ – Yo no la resolví. Simplemente la solicité en su respectiva embajada y me la otorgaron.

Bueno así fue el interrogatorio, y la discusión se tornaba agridulce. Yo no sabía qué hacer, ni en que iba a parar todo aquello, solo escuchaba por el altavoz mi nombre y que si no me presentaba en la puerta del avión inmediatamente bajarían mi maleta. Le dije a la oficial que estaban llamándome y que por favor no me lo hiciera más difícil ya que estaba a punto de perder el vuelo. Me respondió fríamente que eso no era problema de ella y que solo hablara cuando ella me preguntara. Yo me puse muy nervioso y me fui de allí y ella empezó a gritarme que no me podía ir. Caminé a toda prisa hasta la oficina donde estaba el jefe de turno y le dije el problema y que iba a perder mi vuelo sin motivo alguno. Me dijo que me esperara allí en su oficina y  él fue a hablar con la oficial. Minutos después regreso con mi pasaporte y me dijo que había un problema, que la oficial estaba haciendo su trabajo, pero que todo era debido a que mi nombre no aparecía en el sistema como autorizado a viajar al exterior.

Claro, ahí no acaba todo; la muy fresca le puso un cuño de ANULADO a mi permiso de residencia en el extranjero (un tipo permiso que Cuba otorgaba en aquellos días) por el simple hecho que pensó que era falso y dejo mi pasaporte manchado. Por lo tanto el jefe de turno me dijo que podía quedarme y ellos me pondrían uno nuevo al siguiente día en la Consultoría Jurídica Internacional, o que podía irme y volverlo a solicitar en el consulado cubano en Lima. Yo le dije que prefería viajar de lo contrario tendría que pagar una penalización por cambio de boleto. Así que me entrego mi pasaporte, y me escoltó hasta la puerta de inmigración para que me dejaran pasar. Yo aproveché de correr a donde estaba mi papá a darle un último abrazo porque creo que él se puso peor que yo, y le dije que todo estaba bien que le escribiría al llegar a Lima para explicarle lo que sucedió.

Y así pasaron esos minutos de angustia y desesperación, que en realidad me parecieron eternos. Yo a esa hora no sabía dónde estaba mi pase de abordar, ni sabía por qué puerta era, ni que asiento tenía. Solo sabía que debía correr porque llevaban más de 15 minutos llamándome y diciendo que bajarían mi maleta. Pero al cruzar la puerta de inmigración entonces había una cola para pasar por los scanner y revisión de seguridad. ¿Lograría tomar el avión a Lima? ¿Sería capaz de una aerolínea tan puntual como Taca retrasar su vuelo por un pasajero que no se presenta a tiempo en la puerta de embarque? ¡No se pierdan el desenlace en el próximo capítulo!

Continuará….

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Capítulo 21 Tiempos de angustia

maidan_nezalezhnosti_kievLa idea de regresar a Cuba no me animaba mucho, pero yo estaba consciente de una cosa, mi lugar no estaba en Ucrania. No era mi cultura, no era mi gente, no era mi idioma, y en general aunque hermosa la ciudad, no me sentía bien allí. Pero la única salida que tenía era usando a Cuba como una vía de escape, o tránsito para seguir a Peru, aprovechando las circunstancias y contando con el poco dinero que tenía.  Con la ayuda de mi amigo peruano fui a un mercado chino en las afueras de la ciudad y compramos toda la pacotilla (mercadería) que me llevaría y vendería una vez en Cuba para poder recuperar el dinero y tener un excedente para irme a Sudamérica.

Unos días más tarde, mientras aun coordinaba mi viaje de regreso, recibí una llamada de mi papá. Él nunca me había llamado a Ucrania, solo nos comunicábamos a diario por e-mail y hablábamos cuando yo llamaba una vez al mes. Como comprenderán, en Cuba un salario profesional (en este caso Lic. Economía) en aquel año 2004 era cerca de 400 pesos. Esto venía siendo unos 16 dólares al mes, y para llamar por dos o tres minutos a Ucrania mínimo necesitaría una tarjeta de 10 dólares, que esto significaba más de medio salario. Entonces, al ver entrando esta llamada de Cuba en la pantalla de mi celular, el corazón de me detuvo, las piernas se me aflojaron, el alma se me salió del cuerpo y me puse tan nervioso que no sabía si responder o no. Pero no sabía el motivo y podía ser algo de suma importancia para que de Cuba alguien me estuviese llamando.

Al contestar era mi padre. En breves palabras me dijo que no era grave, pero que iba a estar varios días sin comunicarse pues tenía que irse a Holguín (una provincia al este de Cuba) y no sabía cuándo regresaría ya que mi abuela estaba ingresada en el hospital y lo habían llamado para que fuera para allá. No pude hacerle más preguntas pues la llamada se cortó, solo me dio tiempo a escuchar cuando me dijo que no fuera a ir para Cuba a menos que me avisara; pero aquello me dejó muy mal y con una ansiedad tan grande que no sabía si llorar, si correr, si gritar, no sé… ¿Qué no fuera para Cuba? Si me dijo eso fue porque era algo grave. A mi abuela de vez en cuando había que llevarla al hospital debido a algunos problemas de salud, pero lo que me mataba de ansiedad era la duda de por qué lo habían llamado para que se fuera para allá si era una hospitalización cualquiera, y por qué tan nervioso me dijo que no fuera a ir a menos que me lo indicara.

Yo no hacía más que pensar, los minutos me parecieron horas. El transportarse de urgencia de la Isla de la Juventud, donde nosotros vivíamos, hasta Holguín podría ser una pesadilla ya que el sistema de transporte en Cuba es pésimo elevado a la máxima potencia. Para que la familia lo llamara y le dijeran que fuera para allá era porque la situación era seria de verdad. Yo viví con mi abuela desde que nací, y ella era como mi madre, de hecho siempre la llamé mamá y a mi madre la decía mami. Por eso mi papá sabía lo que me podía afectar cualquier noticia de ella y me dijo que no fuera a volverme loco y querer regresar, aunque claro, él no sabía que ya yo estaba en esos trámites pues no le había contado aún. Yo no me pude aguantar, no hacía más que comerme por dentro de tanta ansiedad y llamé a mi amigo peruano para decirle la situación y que tenía que irme inmediatamente para Cuba. El trató de calmarme, pero solo Dios sabe la ansiedad tan grande que tenía encima de no saber ni siquiera si iba a poder conseguir boleto para regresar lo antes posible.

Quedamos en ir juntos a la agencia de pasajes al día siguiente para ver que se podía hacer. Cuando llegamos le imploré a la chica de la agencia que por favor me vendiera un boleto aunque fuera para aquella misma tarde. Ella me dijo que lo sentía pero que no había disponibilidad, entonces al explicarle la situación ella llamó directamente a la aerolínea y logró que me vendieran un asiento por los $500 que yo tenía pero con dos escalas, en Londres y en París. Le dije que no importaba, que lo principal era llegar; así que lo pagué y me fui con mi amigo directo al consulado peruano para lo de la visa a Perú. Cuando llegamos estaba cerrado ya que allí no hay embajada de Peru, sino un consulado honorario y solo estaba abierto dos días por semana. Bueno, ni modo, ya tenía el boleto y me tenía que ir; averiguaría que hacer una vez en Cuba.

Llamé a mis amigos más cercanos para despedirme y como si el tiempo se hubiese acelerado, ya estaba en aquel aeropuerto otra vez. Mi estadía en Kiev me parecía irreal, no sé por qué, era como si no hubiese estado allí. Quizás porque todo fue muy rápido y precipitado, y bueno, para rematar estaba algo confundido y nervioso. Pero faltaba “ponerle la tapa al pomo” como decimos en buen cubano. Al llegar al aeropuerto con mis tres maletas y presentarme en los mostradores de Air France (la aerolínea en la que iba a volar) me dijeron que la primera maleta era gratis, pero por cada maleta adicional tenía que pagar 200 dólares. No quieran haber visto mi cara en ese momento, aquello fue como si me hubiesen lanzado un cubo de agua fría acabado de levantar. ¿De dónde iba a sacar ese dinero yo, si apenas había dejado 100 o 150 dólares creo para poder llegar hasta mi casa? El resto lo tenía invertido en la mercancía que me estaba llevando.

A esa hora tuve que decirles que quería hablar con el supervisor de turno, darle tremenda muela (convencerlo) y decirle que yo era un estudiante, que no tenia de dónde sacar ese dinero y que yo no podía dejar mis maletas atrás porque yo ya me estaba regresando a vivir en Cuba y ahí estaban todas mis pertenencias. Para no hacer largo el cuento le dije que si yo tenía que cancelar el vuelo lo haría pero que a mí nadie me había dicho que tenía que pagar esos impuestos y que por lo tanto haría las reclamaciones pertinentes. Imagínense ustedes, en esas maletas estaba todo cuanto poseía materialmente, y mi dinero estaba invertido en ropa, zapatos, relojes etc. Por otro lado estaba con la incertidumbre de lo que estaba pasando con mi abuelita en Cuba y si perdía el vuelo entonces sí que sería un problema. Nada, decisiones a las que nos tenemos que enfrentar muchas veces los cubanos cuando vamos sobrecargados para Cuba. Bueno el caso es que el supervisor me dijo que me sentara y esperara al final del vuelo a ver si había espacio y entonces me dejarían pasar las maletas. Pero al parecer le dio lástima y como 10 minutos más tarde me llamó y me dejó pasar todo mi equipaje.  ¡Qué alivio! Aunque para ser honesto, la ansiedad me seguía atacando.

Después de todo ese ajetreo finalmente estaba rumbo a Cuba. Mi primera escala fue en Londres, y la segunda en Paris, donde tuve que esperar 8 horas por mi vuelo de conexión a La Habana. Allí aproveché de comprar una tarjeta y llamar a una vecina en Cuba, a la que le encargué que se comunicara con mi papá de alguna manera para decirle que yo estaba en camino. A esa hora yo estaba que no quería gastar ni un centavo más, pues contaba con poco dinero y aún tenía que moverme hasta Holguín y no sabía cuánto iba a gastar. Así que no me compré ni un agua, ya imaginan lo que cuesta una botellita de agua mineral en París, y ni que decir en el aeropuerto. Pero como estaba con tantas preocupaciones en mi cabeza, ni hambre me daba.

Llegando a La Habana me empecé a poner nervioso, no sé por qué, pero me daba terror aterrizar en aquel aeropuerto y que los oficiales de inmigración se pusieran pesados, y yo que lo que quería era pasar lo más rápido posible para poder irme al otro aeropuerto y seguir mi viaje para poder ver a mi abuela. Al lado mío venia una cubana, creo que me dijo que vivía en Noruega. ¡Qué manera de hablar! Me traía mareado. Y a mí no me interesaba en lo más mínimo los cuentos de ella en Europa, hasta que se le ocurrió la brillante idea de decirme que si de casualidad venía con sobrepeso en el equipaje, cuando llegara a Cuba seguro que me lo decomisaban todo, porque ya a ella le había pasado. Con todo lo que yo tenía en mi cabeza y ella diciéndome eso, ya era el colmo. ¡Que viajecito! Yo le dije “Mija, que hagan lo que quieran, yo solo quiero salir de ese aeropuerto tan pronto llegue”. Elevé una plegaria al cielo, y dejé todo a suerte y verdad, lo que fuera.

Pues no sé si fue suerte o qué, pero cuando pasé por inmigración solo me preguntaron cuanto tiempo llevaba fuera, yo respondí y me devolvieron mi pasaporte. Ahora venía la parte interesante, pasar aduanas. Los cubanos que trabajan allí, son como aves de rapiña, tratando de ver por dónde muerden a su propia gente. Yo esperé mis maletas y mientras tanto veía aquel alboroto de la gente gritando, discutiendo con los oficiales que, efectivamente, querían decomisar todo el equipaje que pasara de 44 libras permitidas, o que uno los sobornara. Mirando aterrado aquel espectáculo que solo pasa en los aeropuertos internacionales de Cuba, me preparaba psicológicamente para lo que me esperaba. Claro, esto solo se lo hacen a los cubanos que vienen a ayudar a sus familiares y le traen cuatro trapos y un par de zapatos para que sigan andando; ellos con los extranjeros no se meten.

El caso es que cuando me tocó salir, dejé que delante de mí pasara una señora mayor que venía con su maleta, y yo con mis tres maletas en otro carrito atrás. Cuando ella llegó al oficial este la miró, le hizo unas preguntas y le dijo que podía seguir. Yo me hice el que estaba buscando mi pasaporte, y le dije: “vengo con la señora, es mi abuela”. ¿Qué creen que pasó? Pues sí, me dejó salir diciendo “Ah, ya me extrañaba que ella viniera solo con esa maletica”. No lo podía creer, pero allí estaba yo saliendo con mis todo mi equipaje cuando ya me estaba haciendo la idea que me lo iban a quitar, y pues nada, de nuevo en Cuba por segunda vez. Estaba bañado en sudor de pies a cabeza, con un dolor de cabeza irresistible y sin saber que hacer o para dónde ir con todo aquel equipaje y alboroto. De pronto, mientras caminaba buscando la salida veo a una amiga mía sentada en un banco con el marido conversando. Pensé que estaba soñando, porque era demasiada coincidencia que me la encontrara ahí y yo con tantos rollos encima, que cada minuto que pasaba sin saber nada de mi abuela  me desesperaba más.

En cuanto me vio enseguida vino corriendo y me abrazó y me dijo que mi papá la había llamado y le había pedido que me esperara, pero que ella no se imaginó que yo iba a salir tan rápido porque por lo general la gente demora dos o tres horas. Le dije que por favor me dijera la condición de mi abuela, qué tan grave estaba, y demás. Ella al pedirme que me sentara lo que hizo fue hacerme explotar todo lo que tenía acumulado y empecé a llorar. Me dijo que era grave y estaba en terapia intensiva, y que lo mejor era que fuera directo para allá. Así que después de calmarme un poco, nos dirigimos al aeropuerto nacional. Ella me dijo que se quedaría con las maletas hasta que yo regresara y que solo me llevara lo necesario, así que me pareció genial la idea pues no tendría que cargar con todo ese equipaje.

Al llegar al aeropuerto ya había salido el último vuelo de Holguín, en Cuba solo hay uno o dos vuelos diarios a las provincias y en aviones pequeños. Así que tendría que esperar al otro día en la mañana a ver si alguien con reservación no se presentaba para entonces yo, sobornando con 20 dólares, poder obtener el espacio y viajar. Eso es muy común en Cuba (o al menos en el tiempo que pasó esta historia, en el año 2004), si tienes el dinero para sobornar viajas, si no, te esperas 5 o 6  días en una terminal sin condiciones ningunas, hasta que te llegue el turno. Pero bueno, eso es otro rollo de los tantos que afectan al cubano de a pie. Hay que verlo para creerlo. Entonces, como no me pude ir, y el vuelo al día siguiente era a las 6 am, no me quedaba de otra que dormir en un asiento de la terminal hasta el otro día. Todo esto después de haber hecho 22 horas de viaje, y haber pasado todo el tropelaje de inmigración y aduana.

Entonces traté y pude contactar con mi papa y decirle que ya estaba en Cuba y que todo había salido bien pero que no había podido salir para Holguín pues ya a esa hora no había ningún vuelo, que en realidad esperaba irme en el primer vuelo de la mañana. El no quiso preocuparme y trató de evadir el tema de mi abuela, solo me dijo que no mejoraba ni empeoraba, pero que no me preocupara que me tendría al tanto. Yo llamaba cada 3 o 4 horas para estar informado. La cosa es que llegó la mañana y como imaginarán no hubo ningún fallo. Yo puedo apostar que hubo alguien que sobornó con más dinero que yo, pero bueno en ese momento se me subió la bilirrubina, como dice Juan Luis Guerra, y lo que tengo de “Congo y de carabalí” se mezcló con mi frustración de no poder viajar y todo el mundo en aquel aeropuerto se enteró que yo estaba alli y que necesitaba viajar lo antes posible por tener un familiar grave en un hospital. Solo así pude conseguir mi espacio para el siguiente vuelo a las 7 de la noche.

Ya era mucho mi desespero, angustia, cansancio, frustración y todo lo peor que pueda existir golpeándome al mismo tiempo. Mi amiga y su esposo se quedaron conmigo todo ese tiempo en el aeropuerto, se portaron muy bien y siempre les he estado muy agradecido por eso. Ella, que sé que lee esta historia, sabe que es así. Yo estaba tan agotado que abrí una caja de cartón que encontré y me quedé dormido en el piso en un rincón del aeropuerto. Era un cansancio extremo, como nunca antes sentí ni he sentido hasta ahora. Esas horas que descansé me hicieron muy bien y me  recuperé un poco. Finalmente pude abordar el vuelo de la noche y al llegar a Holguín mi papa me estaba esperando en el aeropuerto. De ahí nos fuimos directo al hospital, y para que contar, fue muy triste, toda la familia allí y mi abuela no salía de aquel estado crítico. Lo médicos no me dejaron entrar a verla pues no podía recibir ningún tipo de emoción fuerte.

Después de tanta insistencia de la familia, a la 1 am, sin electricidad y con un calor infernal, me fui a la casa para descansar algo. Mi papa se quedó al lado mío echándome aire con un cartón para que pudiera dormir, de lo contrario era imposible. Así me quedé rendido hasta que en la mañana un alboroto me despertó. Me levanté tan, pero tan confundido que no sabía ni dónde estaba, ni porque estaba allí. Yo miraba a los alrededores y no reconocía nada, hasta que mi papa se apareció y me dijo “Vámonos, tu abuela empeoró”. En cuestión de minutos volví a conectar con la realidad y salimos hacia el hospital. Lamentablemente no llegué a tiempo para verla con vida. Mi alma se destrozaba, mi corazón no latía, y mi espíritu se apagaba. No tenía fuerzas para hablar, para llorar, para reaccionar, no sé, me quedé en completo shock.

Ese ha sido el día más triste de mi vida. Yo sufrí tanto por dentro que no sabía ni cómo actuar, no me salía una lágrima, es que simplemente no tenía ni fuerzas para pararme de donde estaba. Yo le había mandado de Ucrania una bata para la casa y algunas boberías, y como si ella lo hubiese presentido, dijo que si moría que la enterraran con la ropita que yo le había mandado.  Saber aquello me partió el alma, y fui yo quien fue hasta la casa a traérsela para que la vistieran. Estaba totalmente devastado y ni siquiera quise entrar para verla, creo que no lo hubiese soportado. Luego la gente empezó a decir que ella solo estaba esperando que yo llegara para irse, y emocionalmente eso me afectó más de lo que ya estaba.

Yo la vi horas más tarde en su ataúd, donde tomé su mano, le di un beso en la frente, y le dije “Este no es un adiós mamá, es un hasta pronto. Nos volveremos a ver”. Ella sabe que yo hice lo posible por llegar en tiempo, pero se me fue sin poder decirle frente a frente  “Te quiero mucho”. Nunca dejemos de expresarle a las personas que nos rodean cuánto las queremos, porque el tiempo no perdona. Y amigos míos, vivamos intensamente como si cada día fuera nuestro  último día, porque la realidad es que cuando nos toca, nos toca. Pues nada, así pasaron esos días tristes, los días más tristes de mi vida. Pero mi destino estaba a punto de cambiar, y entre confusión, dolor y luto, muchas cosas buenas me esperaban en lo adelante.

Continuará….

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Capítulo 20 Un nuevo comienzo

Aquello parecía un sueño, todo tan repentino que no tuve tiempo de creérmelo. Aunque esta vez no tuve contratiempos al pasar migraciones en el aeropuerto de La Habana, siempre iba con aquel miedo característico de que algo pudiera salir mal. Pero nada, todo fue más fácil que la primera vez, o al menos no estaba tan nervioso. Aeroflot es la aerolínea bandera de Rusia, y ofrecen un servicio excelente en el vuelo de 12 horas de La Habana a Moscú.

El vuelo fue espectacular, pero claro, como eran tantas horas alguien me recomendó tomar medio diazepam para dormir durante el trayecto, y “¡remedio santo!” como decimos en Cuba. Compré una soda antes de subir al avión mientras esperaba para abordar y me tomé la pastilla. El avión salía a las 9 am de Cuba y llegaba a Rusia 7 am (hora local). Con decirles que una vez ubicado me senté, me recosté, y cuando me desperté ya estábamos llegando a Moscú. Yo nunca había tomado este tipo de pastillas y por ende me hizo muy buen efecto. Al llegar no tuve que pasar migraciones porque solo estaba en tránsito, así que pasé a una sala de espera y ahí estuve dos horas hasta que salió mi próximo vuelo. Este duró una hora y media aproximadamente, y sobre la 1 de la tarde llegué a Kiev.

No voy a negar que me puse un poquito nervioso y ansioso, pues no sabía lo que me iban a preguntar los oficiales de inmigración al llegar allí, y ya estaba medio traumado con lo de la deportación anterior. Pero todo salió bien. Miraron mi residencia y solo me preguntaron qué tiempo estuve fuera del país, yo les dije “dos meses”, y listo, eso fue todo. En la aduana tampoco me preguntaron nada, pues era  obvio, solo llevaba una mochila. Muchos sentimientos encontrados al llegar a Kiev, recordé todo lo que había pasado anteriormente, pero entre alegría y tristeza, me sentía mucho más seguro que la primera vez.

Mi amiga Lidia, quien pagó mi boleto para que regresara a Ucrania, me estaba  esperando en el aeropuerto. Fue mucha la alegría que me dio volver a verla. Es una historia larga como la conocí, pero la resumiré. Ella es una persona que le gusta ayudar a quien lo necesita, y no sé cómo ella dio con una cubana que la dejaron sola en un hospital con embarazo ectópico y tuvo que ser operada. Al parecer alguien la iba a sacar para EEUU pero al presentarse esta emergencia la dejaron sola en el hospital. Esta chica, a quien llamaré Dania, llegó a ser mi mejor amiga en Ucrania. Ella al igual que Liz y Damián fue estafada y tuvo que regresar a Cuba tiempo después. Creo que ella tambien tiene mucha historia que contar. Bueno, el caso es que como les comentaba ahí es donde ella y Lidia se conocieron. Entonces, a través de un muchacho que trabajaba conmigo yo conocí a Lidia ya que estaba buscando alguien que hablara español para que Dania tuviera con quien comunicarse y ver como la podia ayudar. A grandes rasgos así fue como comenzó esta amistad entre Lidia y yo, y pues ya saben el resto, cuando le conté que estaba en Cuba y lo que me había pasado, sin consultármelo ella compró un boleto y me lo envió.

Del aeropuerto fuimos para su casa donde ya ella había organizado un pequeño recibimiento con algunos amigos y familiares de ella. A todas estas, aunque era mi amiga yo no sabía dónde iba a vivir o que iba a hacer, yo sonreía pero por estaba algo ansioso con toda esta preocupación por dentro. Me parecía increíble estar allí. Lidia se imaginó que yo estaba medio tenso y me apartó y entonces hablamos sobre la situación. Yo le comenté que no había venido totalmente sin dinero pues había logrado reunir algo en Cuba y por lo menos me daría para dos o tres meses hasta que me estabilizara. Me dijo que ya ella había conseguido un cuarto para mí y había pagado un mes por adelantado. Ofrecí pagárselo pero no lo acepto, por lo que le dije que no tenía palabras para agradecer toda la ayuda que me había brindado.

La verdad era esa, yo estaba profundamente agradecido por los detalles de esta chica, que así de la nada me salió con un pasaje y yo de loco estaba allí otra vez. Pero había otra verdad que me afligía, yo ya no quería estar allí. Pasé tanto trabajo en un principio, que me desanimaba a empezar de nuevo. Allí si no hablas ruso bien pues es difícil conseguir trabajo, encima de eso lo que ganas no es mucho que digamos. Te alcanza para vivir allí pero no puedes ahorrar nada y una de las cosas que yo quería hacer era poder ayudar a mi familia en Cuba. Estas son algunas de las cosas que me inquietaban, pero el colmo era el frio del invierno que se avecinaba y yo no estaba tan seguro de querer soportarlo otra vez. Aunque disfrutaba de libertad, no sé, me sentía raro. Era como si yo no perteneciera a aquel lugar, no me iba a ser fácil adaptarme; pero ni modo, ya estaba allí y tenía que seguir pa’lante.

Al día siguiente me mude a mi nuevo lugar, muy cerca del centro, por donde vivía anteriormente. El cuarto estupendo, y una vista muy linda del vecindario, a la verdad ahí me sentí bien y acogido, aunque ya empezaba a extrañar a mi familia. Yo aún tenía conmigo el celular que usaba antes, y lo traje, así que fui y le puse dinero y empecé a llamar a algunos amigos míos. Poco a poco me fui contactando con todos incluyendo a Sasha y su mamá, Elena, Raúl, y algunos otros. La mayoría se llevó una sorpresa enorme pues no se imaginaban que yo hubiese podido regresar. Así que esa primera semana fue bastante ocupada haciendo visitas y poniéndome al día con las cosas.

Uno de esos días me encontré con Elena. Súper feliz de verla, ella fue muy buena conmigo y siempre me ayudo. Pero mi alegría no duro mucho. La noté un poco tensa, y no hablaba mucho. Le pregunté si pasaba algo y me dijo que no, que después me contaría. Pero a mi insistencia me dijo que tenía que confesarme algo, pero que me advertía que me iba a doler. Y tenía razón. Me dijo que Liana, la señora que me acogió en su casa en el campo cuando yo me quedé sin un lugar donde vivir, había fallecido de un ataque cardiaco dos semanas atrás. Esa noticia sí que me dolió. Esta perdida la sufrí como si hubiese sido un familiar mío. A esta señora le tenía un profundo cariño y aprecio. Liana siempre estuvo pendiente de mí a pesar de no podernos comunicar bien por no hablar el mismo idioma, me ponía todos los días un plato con comida la mesa, me preguntaba si necesitaba algo, y así siempre, un ser maravilloso de esos que no se hayan fácilmente. Me costaba creer que no iba a poder verla y darle un abrazo. Pero así es de injusta la vida a veces. No me quedo otra que ir a su tumba y llevarle un lindo ramo de tulipanes, su flor preferida.

Y así empezaron a transcurrir mis primeros días en la hermosa capital ucraniana. Viendo a amigos, buscando trabajo, adaptándome nuevamente al estilo de vida, y ahorrando hasta el más mínimo centavo porque no sabía cuándo conseguiría un trabajo. Poco a poco fui recordándome nuevamente de lo poco de ruso que aprendí y ya así me iba abriendo paso. Muchos amigos quedaron en avisarme si encontraban alguna plaza que yo pudiera ocupar pero a la verdad no recibía ni la más mínima esperanza, recuerdo que me decían que no me desesperara. En realidad estaba preocupado pues cuando se me acabara el dinero que había traído tenía que sacar de donde no había.  Pero bueno tuve la suerte de encontrar trabajillos aquí y allá, y así empecé a salir de la inseguridad de estar desempleado. El caso es romper el hielo con cualquier trabajo que se presente, ya de ahí vas conociendo gente que te van recomendando y  así funcionan las cosas por allá.

Pero esta vez yo tomé las cosas con más calma, ya se me había quitado la idea de buscar una vía para ir para los EEUU, ya que era imposible, pero bueno, en mi mente seguía aquella cosa de no querer estar allí. Así que empecé a buscar una vía para irme a un país de habla hispana. Mi razonamiento fue el siguiente. En los países hispanos los salarios no eran la gran cosa, según yo estaba averiguando. Pero de ganar lo que yo ganaba en Ucrania, en un país que no era ni mi idioma ni mi cultura; prefería ganarlo en un país donde aunque se ganara poco, al menos se hablara español y estuviera entre gente latina con una cultura similar a la mía.

Un día paseando por un centro comercial en Kiev, conocí a un señor que iba conversando con su hijita y yo lo abordé pues me pareció raro escuchar a alguien hablando español. Me dijo que era peruano y que aunque él hablaba ruso y su hija había nacido allí, él le hablaba en español para cultivar en la niña el amor por sus raíces. Hicimos buena empatía y me invitó a su casa, y así surgió una bonita amistad. Un día conversando le comenté que yo me quería ir a un país de habla hispana pero que no sabía para dónde pues no conocía a nadie y yo dudaba que me dieran la visa. Además, le expliqué que estando en uno de esos países al menos cruzando fronteras podría llegar a EEUU; pero que si no era posible, al menos iba a sentirme más cómodo que en Ucrania.

El me preguntó que si me interesaría irme a Perú. Yo le dije que no sabía, pues Perú era en Sudamérica y era muy lejos. Pero él me dijo que su familia vivía en Lima, la capital peruana y que si yo me iba para allá, ellos me podían ayudar, incluso hasta darme trabajo pues eran empresarios. La idea me agradó, pero tenía que averiguar lo de la visa. Él se ofreció a ir conmigo al consulado y averiguar, y así lo hicimos. El embajador era su amigo y le dijo que no había problema, que fuera cuando yo tuviera el pasaje que él me autorizaba la visa. Me sentí digamos que muy excitado con esta nueva aventura. Me imaginaba como sería mi vida en un país de habla hispana, y enseguida me puse a buscar información del país.

Todo lo que veía en internet sobre Peru me gustaba y me hacía muchas ilusiones. Un país de cultura milenaria; donde se desarrolló una de las grandes civilizaciones de la historia, los incas; gente buena, educada, culta; uno de los mejores países en artes culinarias del mundo con más de 400 platos auténticos. A la verdad que me encantó la idea. Ahora la cosa es que cuando averigüé cuánto me costaba un boleto de Kiev a Lima me quería dar un ataque al corazón, casi $1700 dólares. Yo no tenía ni remotamente ese dinero. Yo tenía como 800 dólares que había traído de Cuba y si acaso unos 400 que había reunido trabajando y ahorrando. Entonces lo comenté con mi amigo peruano y le expliqué la situación. Le dije que esperaría a reunir el pasaje más unos 500 dólares más y con eso me iría.

Pero bueno ya saben cómo es el cubano de inventor, y de un vaso de agua te saca una cerveza. Ya estaba empezando a hacer frio y a la verdad yo no quería seguir en Ucrania. Se me ocurrió que podía regresar a Cuba como hacían algunos, vender un poco de pacotilla (ropa y cosas así que se compraban en los mercados chinos) y sacar el dinero para seguir a Perú. En realidad la idea de tener que volver a la dictadura no me atraía, pero era la ruta más viable para seguir el camino en busca de mis sueños. No basta con ser libres, sino que debemos estar donde realmente seamos felices; y por eso estaba dispuesto a seguir luchando para alcanzar mi meta aunque esto implicara tener que volver por unos días a Cuba.

 Un boleto de regreso a Cuba me salía en 525 dólares, solo ida. Y un amigo mío en La Habana me averiguó en las oficinas de Taca que el boleto ida y vuelta a Perú me costaba 370 dólares. Esto me pareció perfecto, con las cosas que yo vendería en Cuba podría sacar para el pasaje a Perú y para llevarme algún dinero conmigo, así que ya estaba decidido. Fui y lo comenté con mi amigo peruano, y quedamos que en cuanto yo tuviera todo listo iríamos a la embajada a solicitar la visa. De momento, solo me quedaba ir a hablar con Lidia, para explicarle mis planes, ya que ella fue quien me ayudó a regresar y le debía una explicación si me iba a ir.

Fui totalmente abierto y sincero con ella y le expuse la situación. Para sorpresa mía ella me dijo que deseaba lo mejor para mí y que si yo creía que ese era el camino correcto pues que me iba a desear la mejor de las suertes. Yo estaba feliz, me preocupaba mucho su opinión y aprobación con respecto a este proyecto. Pero cuando pensaba que todo salía bien, una llamada de Cuba complicaría todo y precipitaría mi regreso a la isla. Me esperaban momentos de mucha angustia y dolor en los días por venir.

Continuará…

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