Capítulo 29 Días de sombra

Tapachula, Chiapas, México

Estábamos ya en México y para nosotros, después de todo lo que habíamos pasado, era como haber ganado el 90 por ciento de la batalla. Decidimos quedarnos un par de días en el hostal a donde nos envió el coyote para así tomarnos un descanso y escribirle a nuestras familias. Estábamos sumamente estresados de ese viaje cruzando fronteras desde Nicaragua hasta Tapachula. Entonces, en esos dos días aprovechamos para investigar cuáles serían nuestros siguientes pasos. La dueña del hostal donde nos alojamos nos dio mucha información útil, aunque había algo que no nos esperábamos. Nos dijo que al llegar a migraciones lo más probable era que nos detuvieran hasta que estuviese listo el salvoconducto, que antes te dejaban esperarlo afuera pero ultimamente no era así, sino que te dejaban allí.
El salvoconducto no es más que un documento válido por 30 días para abandonar el país, y se lo dan a los ciudadanos de Cuba que han llegado de una manera u otra ilegalmente a México. Obvio, los cubanos al obtener este documento nos vamos directo a la frontera con EEUU para cruzar pidiendo el asilo político. Para acogernos a ese programa debemos demostrar que somos cubanos y pagar una multa de 500 dólares una vez se nos otorga el salvo-conducto. Este proceso demoraba según nos dijeron entre 20 y 25 días. Nosotros pensamos que de todas maneras ya estabamos allí y no había otra forma de llegar hasta EEUU que no fuera con el dichoso documento, así que nos decidimos a ir y presentarnos en inmigración para empezar el proceso.
Al llegar al INM (Instituto Nacional de Migración) de México en Tapachula, vimos que no era como un edificio normal donde uno hace papeles migratorios, aquello tenía mas cara de prisión que de otra cosa. Pero bueno, ya estábamos allí y teníamos que superar el nerviosismo y el miedo que sentíamos por dentro. El lugar tenía muros altos y unas enormes rejas verdes en la entrada, había una garita de seguridad al frente y varios militares armados cuidando el recinto. Agarramos nuestras mochilas y nos presentamos en la garita. Ahí explicamos que éramos cubanos, que andábamos ilegales y necitábamos el salvoconducto para poder salir del país formalmente.
El representante del INM nos dijo que no había problemas, y nos explicó nuestras opciones. Primero, podíamos esperar afuera en algún hostal mientras el proceso se llevaba a cabo, y demoraría entre 30 y 45 días. Segundo, podíamos esperar dentro del INM y el proceso demoraría entre 20 y 25 días, claro, sin garantías de que así fuera, pero eso era lo que demoraba por lo general. Manuel y yo nos separamos aun lado por un momento y lo pensamos. Un hostal por muy barato que fuera nos costaría mucho dinero por un mes y medio, sin contar alimentación y demás gastos. Si nos recluíamos sería la mitad del tiempo de espera y no tendríamos que pagar ni hospedaje ni comida. Por tanto, nos dirigimos nuevamente hasta la garita y le dijimos al representante que nos quedaríamos allí hasta que obtuviéramos el permiso. Él nos explicó que una vez adentro no era posible salir a menos que se aprobara el salvoconducto o se emitiera una orden de deportación en caso de no proceder el permiso.
Pero ¿para qué preocuparnos? Al final éramos cubanos y por lo que sabíamos a todos les daban ese documento sin problemas. Así que empezamos con el trámite que demoró cerca de una hora en lo que respondíamos los cuestionarios y entregábamos nuestros papeles de identificación (en este caso certificación de nacimiento y carnet de identidad). Al concluir este proceso inicial nos abrieron aquellos portones inmensos y nos permitieron la entrada. De afuera obviamente no se veía mucho, pero una vez adentro nuestras dudas de que aquello parecía una prisión se disiparon ¡era una prisión real! Ventanillas rectangulares pequeñas, barras de hierro por todas partes y militares armados de pies a cabeza eran parte del panorama que veíamos mientras caminábamos escoltados hasta la entrada del recinto.
Por un momento me olvidé de todo el trabajo que había pasado para llegar hasta allí, y de cuán cerca estábamos de nuestro objetivo. Presentía que la estancia en esa cárcel sería el comienzo de una nueva odisea. No sabía el por qué, pero ya me empezaba a asustar. Al entrar al edificio nos pusieron en una cola junto a emigrantes de varios países. Nos dijeron: “Quédense nada más con la ropa que van a usar, se la ponen y lo demás hay que entregarlo en aquella taquilla (indicando el lugar con la mano). Solo se permite el uso de sandalias o zapatos sin cordones; nada de celulares, ni fosforeras, ni comida, ni nada; excepto la ropa que traen puesta.” Yo no lo podía creer, no había duda que estaba entrando a una prisión y no había marcha-atrás pues ya habíamos hecho y firmado los papeles.
Todos se miraban unos a los otros de reojo, como tratando de identificar a algún conocido, porque a la verdad que aquel lugar daba terror, sobre todo para alguien que nunca antes ha estado en un sitio como ese. Había otros con mirada intimidante, no estaban adentro y ya estaban tratando de infundir miedo. Y otros que tenían una cara de susto que ni en las películas de terror (entre ellos Manuel y yo). Al llegar nuestro turno nos desprendimos de nuestras pocas pertenencias, incluyendo un celular de minutos que habíamos comprado por si necesitábamos comunicarnos, y nos dirijimos a la entrada. Esta era como unas rejas que giraban en círculo, y solo te permiten entrar, uno empuja y pasa al otro lado. Al pasar te revisan de la punta de los pies hasta la cabeza para asegurarse que no llevas nada más que lo que traes puesto a simple vista.
migrantes_carceles_paisUna vez adentro nos separaron según la procedencia, cubanos a un lado, centroamericanos y sudamericanos a otro. No había mas nacionalidades en ese momento. A nosotros nos llevaron a la nave donde estaban los cubanos obviamente. Las celdas ahí eran bastante pequeñas, y en cada celda había 5 literas de cemento (una banca arriba y otra abajo). Cuando entramos el guardia gritó “Ahí tienen a dos balseros más, arréglenselas como puedan”. La celda estaba llena, todas las camas ocupadas y dos de ellos durmiendo en el piso. Aquello daba miedo a pesar de estar entre cubanos. No sabíamos qué hacer ni qué decir, nos agrupaban como ganado en un corral. Yo me senté en el piso en una esquina y Manuel se sentó a mi lado. El cruzar las fronteras de Nicaragua a México no era nada en comparación con aquello que estábamos pasando, no se si era mi percepción personal o qué, pero estaba sintiendo las peores sensaciones de todo el viaje.
Pero ustedes ya sabrán como es el cubano de hablador, y los que estaban en la celda siguieron en su cuchicheo y nosotros sentados en el piso sin mencionar ni una sola palabra. Minutos más tarde uno de ellos se bajó de su banca y se presentó. Nos dijo que no tuviéramos miedo que al final estábamos entre hermanos. Eso me alivió un poco, pero sinceramente el estrés, o la sensación de verme preso allí me consumía por dentro. Todo empeoró cuando conocí al resto de los reclusos que estaban allí. Uno de ellos llevaba 9 meses, otro 7 meses y otro 4 meses, los demás entre 20 y 45 días. Cuando pregunté por qué no habían salido si estaban pasados del tiempo, me respondieron que no siempre llegaba el permiso en el tiempo previsto, y que simplemente el INM no daba respuesta de por qué el retraso.

Tomando la hora de sol al medio día. INM Tapachula

Tomando la hora de sol al medio día. INM Tapachula

En ese momento el cielo se me vino abajo. Porque la verdad era que uno sabía cuándo había llegado, pero no sabía cuándo saldría de aquella cárcel. Allí se nos permitía una hora de sol al medio día junto con el almuerzo, y en la cena una hora para comer y ducharse. Imaginarán que la comida diaria era frijoles negros (hervidos con un poquito de sal), tortilla de maíz (por montones), un plátano maduro y algún pedacito de pollo o picadillo de alguna carne. Religiosamente era lo mismo en el almuerzo y la cena. En el desayuno un vaso de café negro o té, y un pedazo de pan con huevos revueltos (día tras día lo mismo).
Los días pasaban y a nadie le llegaba el salvo-conducto en aquella celda. Yo me empecé a deprimir y no salía ni a comer. Perdí más de 15 libras, y parecía un güije demacrado y peludo, porque ni siquiera me afeitaba. Manuel jugó un papel muy importante en esta etapa, a pesar de estar atravesando por la misma situación, él se mantuvo fuerte (o al menos eso aparentaba) y no hacía más que darme ánimo y esperanza. Recuerdo que me decía que no dejara de nadar cuando ya estábamos practicamente en la orilla, que confiara en él, y que saldríamos de allí pronto. Yo no reaccionaba de ninguna manera. Al principio él iba y me traía escondido algo de comer, pero después se sentó a mi lado y me dijo que no se pararía de allí a menos que lo hiciera con él.

INM Tapachula

INM Tapachula

Poco a poco, con paciencia y perseverancia logró sacarme de ese bache, y es algo que siempre le agradeceré. Unos días mas tarde llegaron 4 salvo-conductos. Eso me devolvió la fe y las ganas de seguir adelante, pues al menos ya veía alguna luz al final del túnel. Al irse esos cuatro que recibieron el permiso, yo me pasé a una de las bancas. No había diferencia con el piso, pero ya era una señal de que al menos mi turno llegaría en cualquier momento. Obviamente luego fueron llegando otros, que ocuparon mi esquina en aquella celda, y pasaron por el mismo desespero y ansiedad que yo pasé los primeros días allí.
Estando en la cárcel, como no había mucho tema de conversación, la gente se ponía a hablar de la forma en que llegaron. Los cuentos que se escuchaban ahí eran terribles. Yo había oído algo por los programas de la Doctora Polo en Caso Cerrado, pero nunca me imaginé que a los cubanos nos tocara vivir cosas tan extremas como esas, ya que uno siempre piensa que eso solo se ve en las películas o le pasa a los centroamericanos que tratan de llegar a EEUU en busca de su sueño americano. Pero nada, los cubanos estamos involucrados en eso también y los cuentos eran de terror; mujeres violadas, personas hospitalizadas por golpizas extremas de los Zetas, amenazas de muerte, embarcaciones precarias que naufragaban. De todo como en botica, como decimos en Cuba.

Grupo de cubanos en recluidos en el INM Tapachula. Peor que una prisión.

Grupo de cubanos recluidos en el INM Tapachula.

Recuerdo uno de los que estaba conmigo en la celda, le decían “el trillizo” y él salió con un grupo más de 20 personas (3 embarcaciones en total), la mayoría de ellos era parte de su familia, y estas embarcaciones habían sido hechas por ellos mismos. La lancha de él llegó, pero las otras dos desaparecieron, y en una de ellas venía su esposa, de la que no supo más nada ni de sus hermanos tampoco. Una realidad muy triste que nos partió el corazón a todos los que escuchamos la historia de su propia boca. Como esta, escuché cientos de historias de los cubanos que estaban allí. Dolía ver como algunos se quebraban en llanto recordando las situaciones por las que atravesaban, y a veces a uno se le salían las lágrimas también. Ahí me di cuenta que lo que yo pasé en esos cruces de fronteras no fue nada en comparación con lo que pasaron muchos de mis hermanos cubanos que me acompañaban en la celda en ese momento. Solo Dios sabe cuántas historias más guardan aquellas paredes.

Peor que cualquier otra prisión.

Peor que cualquier otra prisión.

Por otro lado, había algunas personas allí que les llegaba el salvo-conducto, pero sin embargo no tenían el dinero para pagar los 500 dólares que abusivamente cobraba el gobierno mexicano por otorgárselos, y se quedaban sin poder salir de la prisión del INM, pues eran personas que habían llegado por mar, en embarcaciones diseñadas por ellos y no tenían ni recursos para seguir, ni un amigo ni familiar que les mandara esa suma de dinero. En realidad, son tantas las vivencias que uno tiene cuando está en un lugar de esos, que a veces es mejor pensar que se trata de una pesadilla.
El tiempo seguía corriendo, y nuestro salvo-conducto no llegaba. Estaba tan cerca, pero ta lejos a la vez de lograr mis sueños, que por momentos pensaba que todo se iría por la borda. El cansancio y el estrés se apoderaban de mí, y me sentía atado de pies y manos, sin nada que pudiera hacer para disipar esos pensamientos de pesimismo que empezaban a invadir mi mente. Los días me parecían meses y las semanas se convertían en años. Y allí estaba yo, sentado en aquel rincón otra vez con mil preguntas rondando en mi cabeza, tratando de darme ánimo para soportar la espera y confiar que mi salvoconducto llegaría a la brevedad. Pero ¿saldríamos de aquel infierno en el tiempo previsto?

Les contaré esto y más en el próximo capítulo.

Ir al —–> Capítulo 30

Copyright © 2014 Rodolfo Paneque
Anuncios

Acerca de Un Cubano por el Mundo

Soy Rodolfo Paneque, un cubano como otro cualquiera haciendo realidad mis sueños de vivir en libertad y viajar por el mundo. Mi pasión por los viajes me llevo a estudiar una licenciatura en Hotelería y Turismo, y de esa manera me he realizado como profesional en el este fascinante mundo al que me he dedicado. Me encanta compartir mis experiencias con amigos y familia y así estimularlos a que viajen también y se vayan a descubrir las maravillas que hay regadas en mundo. Les invito a todos a seguir mi blog y también a seguirme en las redes sociales. Si eres de los míos ¡bienvenido a bordo!
Esta entrada fue publicada en Capítulos 20 - final, Lee mi historia: y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a Capítulo 29 Días de sombra

  1. Marilin dijo:

    Me encanta leerte,lo haces de tal manera que es imposible dejar de lerlo todo hasta el final,porfa’ no demores mucho para el proximo capitulo gracias,,,,

    Me gusta

  2. Rosa dijo:

    COMO DE COSTUMBRE MARAVILLOSA MARACION TU EQUIVOCASTES LA PROFECION TIENES ESO DE ESCRITOR MATURAL NO DEMORES PARA EL CAPITULO SIGUIENTE UN ABRASO

    Me gusta

  3. Nelson dijo:

    Impresionante como siempre y con los mismos deseos de seguir leyendo cuando se termina un capitulo. Por favor, mi amigo, trata de no hacernos esperar mucho por 30. Un abrazo.

    Me gusta

  4. yuri dijo:

    Madre mia que Horror. Dios santo cuando acabara esa maldicion para el mundo , pues no solo los cubanos para todos.

    Me gusta

  5. Sofia dijo:

    uffffff que historia ! Tengo un amigo cubano que esta haciendo un “viaje” asi desde Ecuador. Las ultimas noticias que tengo son de Panama, hace 6 dias. Estoy preocupada… Tu historia y la manera sincera y con detalles de contarla me ayuda a entender algunas cosas que son dificiles de entender para nostros que no estan pasando por esas cosas teribles. Gracias

    Me gusta

  6. Mayrel Cuba dijo:

    Hola no sabia que habia que pagar 500 dolares por el salbo conducto en tapachula.. eso es nuevo o a sido desde siempre?… que pasa si no se tiene ese dinero?..gracias amigo muy buena tu historia.. solo te falto decir la cantidad que te cobraron los coyotes en cada lugar.. esperando tu nuevo capitulo.. gracias por todo

    Me gusta

  7. Animo, tu puedes. Se algo de las leyes de migración por si necesesitas apoyo.

    Me gusta

  8. Nataly dijo:

    Tu historia me ha conmovido hasta las lagrimas!
    Libertad para Cuba! No es justo que gente como tu tenga que vivir situaciones como esta donde son tratados como criminales cuando lo único que buscan es un DERECHO HUMANO… La libertad!
    Espero que hayas conocido algo mas de Mexico! Mi país tiene cosas muy buenas y gente hospitalaria!
    Espero con ansia el siguiente capitulo!

    Me gusta

  9. Yaudel Contino dijo:

    wow hermano leerte todas tus historias es como sentirla y vivirla, siempre te leo asi llegue cansado del trabajo. pero ya todo paso gracias a dios.

    Me gusta

  10. cecilia ..sissi dijo:

    es increíble lo que acabo de leer mi hermano, la vida que nos toca, no es nada fácil. pero me da gusto que a pesar de todo estés bien y con ese positivismo que te ase ver especial y diferente.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s