Capítulo 5 Dilema

En nuestro descenso al aeropuerto de Kiev, desde la ventanilla del avión solo se veía grandes bosques de pinos y todo estaba cubierto de nieve. ¡Qué panorama tan desolador! Y yo me preguntaba ¿Dónde estará la ciudad? Aquella vista me empezaba a decepcionar, y encima estaba nervioso por la preocupación de nuestra inminente llegada y nuestro inevitable enfrentamiento a los oficiales de inmigración.

Y aquí estábamos bajando del avión estos tres cubanos, locos y ansiosos de libertad, sin saber qué hacer a nuestra llegada al aeropuerto Borispol de la capital ucraniana. Nuestro mayor temor era la cuestión inmigración y que nos dejaran entrar al país. A última hora, recordé que en mi mochila yo tenía una fotocopia de mi carta de invitación. Ahí estaba la dirección de la persona que me había invitado. Se la di a Damián y Liz y les dije que teníamos que pasar por diferentes garitas ya que daríamos la misma dirección. Ellos fueron juntos por una ventanilla y yo fui por la otra. Para sorpresa mía no me cuestionaron mucho. Simplemente me preguntaron en inglés cuánto tiempo pensaba estar en el país y le mostré mi boleto de regreso, el oficial asintió con la cabeza y luego de estampar mi pasaporte me lo devolvió y me dijo estas dulces palabras “Bienvenido a Ucrania”. Yo empecé a caminar para ver dónde estaban mis amigos, cuando de repente veo a un oficial llevándolos con él. ¡Qué miedo! Y ahora ¿Qué debía hacer? Si regresaba probablemente me detendrían con ellos; y si no lo hacía, podría correr el riesgo de no verlos más en caso que los regresaran a Cuba.

Opté por ir y preguntar. Como sabrán la adrenalina corre por mis venas, y aunque tenía temor no podía dejarlos solos. Primero porque eran mis amigos y decidimos emprender esta aventura juntos, y segundo si ellos tenían que regresar pues yo también lo haría ya que no tenía dinero, y lo poco que tenía no me alcanzaría ni para pasar un día en ese país. Yo hablaba un poco de inglés, por lo tanto, muy decidido fui a la oficina donde los habían llevado y me presenté. Pregunté si podía ayudar en algo y expliqué que ellos habían venido en el mismo vuelo que yo y quería ayudarles si tenían algún problema. El oficial parecía un gigante y emanaba un  aire de autoridad que daba miedo. Pero “perro que ladra no muerde” por tanto fingí no estar intimidado y él me explicó que no se había podido comunicar con ellos. Necesitaba saber para dónde iban y el propósito de su visita a Ucrania. Yo hablé con ellos en español para disimular y le dije al oficial que a ellos los  estaba esperando afuera el amigo que los invitó, y que estarían en el país por treinta días. Me miró como dudando y salió de la oficina, minutos más tarde regresó, devolvió los pasaportes y nos dijo que podíamos salir. Sin pensarlo dos veces, agarramos nuestras mochilas y nos dirigimos al área de salida.

Inmediatamente nos asediaron taxistas, tour-operadores, cambistas de moneda, y no sé cuanta gente más tratando de vendernos sus productos. Nosotros estábamos aterrados sin saber qué hacer, o a dónde íbamos a ir, o a quién íbamos a llamar. Lo primero que hicimos fue tratar de cambiar dinero, así que vimos una oficina de cambio de divisas y fuimos para allá para cambiar cincuenta dólares; luego buscaríamos un taxi o algo que nos llevara a la ciudad. Después de tener los dólares convertidos a Grivnas (moneda ucraniana) hablamos con uno de los taxistas que nos asedió al salir del aeropuerto. Su inglés no era muy bueno y el mío tampoco, pero nos entendimos. Le expliqué que éramos cubanos, llegando de Cuba y que queríamos saber dónde conseguir un hostal barato. Le dije que alguien nos había dicho que habían hostales desde 7 u 8 dólares (claro esta persona era la amiga que consiguió mi carta de invitación) Al decirle que buscábamos algo barato porque no traíamos dinero el taxista se desanimó, dio la media vuelta y se fue a tratar de cazar otros turistas.

Lamentablemente en aquel aeropuerto no había nadie que hablara inglés, excepto el taxista antes mencionado. Le pregunté a todo el que pude si hablaba inglés o español, pero sin resultados positivos. Nos sentamos en el medio del aeropuerto en unos bancos sin saber qué hacer pues ni siquiera nos podíamos comunicar. Yo me armé de valor y salí a ver como lucía el panorama afuera. ¡Qué raro era todo aquello para mí! Sentí una sensación de libertad como jamás la había sentido en mi vida, solo quería dar vueltas con los brazos abiertos y que alguien me pellizcara a ver si estaba soñando. En París percibí algo parecido, pero no era lo mismo, estaba aun dentro del área neutra del aeropuerto. Esto era totalmente diferente, sí, ahora si estaba respirando aires de libertad por primera vez en mi vida, nada me impediría seguir adelante, o al menos eso fue lo que pensé en ese momento.

Obviamente esa sensación de estar como soñando se disipó rápidamente por el clima tan agresivo que había afuera y que con mi mente distraída no me había percatado. ¡Que frio! Nunca pensé que en alguna parte del planeta Tierra pudiera hacer tanto frio. Sentí la sensación de estar literalmente dentro de un congelador. Ya mi amiga ucraniana me lo había advertido, pero como ustedes sabrán en Cuba no hay inviernos claramente marcado y obviamente tampoco venden ese tipo de ropa. Yo había conseguido un abrigo, aparentemente bueno, que me regaló un amigo; pero nada como los abrigos que se requerían para aquel clima tan crudo. Por tanto, a los pocos minutos me vi obligado a reingresar a la terminal aérea.

Liz y Damián tenían cara de espanto, nunca los había visto así. Probablemente estuvimos en aquellos bancos sentados cerca de una hora y nada, no encontrábamos la forma de salir de allí, ni sabíamos a dónde ir, ni teníamos con quién hablar ya que todos hablaban ruso. ¡Que frustración tan amarga, mezclada con aquel cansancio que nos agobiaba después de casi 40 horas de viaje! Eran las 2 de la tarde, yo tenía deseos de salir y tomar un bus a cualquier parte, y aunque sea tener noción de lo que lucía la ciudad,  pero a la vez tenía ganas de echarme en uno de aquellos bancos a dormir un rato; estaba muy agotado.

De momento veo a Damián regresando del baño y moviendo la cabeza en forma de negación. Se sentó a mi lado y me dijo que él creía que lo mejor era regresar a Cuba. Entré en pánico, le dije que estos no eran momentos para darse por vencido. Era como nadar para morir ahogado en la orilla. Ya estábamos ahí y había que salir al precio que fuera. Yo por mi parte no pensaba regresar. Él me preguntó si tenía alguna idea de qué hacer y le dije que yo estaba dispuesto a tomar un bus que fuera al centro de la ciudad y ahí tratar de encontrar alguien que hablara inglés para que nos ayudara a buscar un lugar donde quedarnos, o al menos nos dijera dónde podríamos buscar ayuda. Le dije que también llegando al centro podríamos encontrar a alguien que hablara español pues siempre en las grandes ciudades hay extranjeros de todas partes, pero él insistió en su argumento para hacerme razonar. ¿Qué iba a hacer con llegar al centro de la ciudad si ni siquiera sabía dónde estaba, y para colmo hasta ese momento no nos habíamos podido comunicar? Finalmente me persuadió de ir a los mostradores de Air France y preguntar si podíamos cambiar el boleto para el día siguiente.

El representante de Air France nos atendió directamente. Por suerte yo había tomado clases de francés dos años en Cuba y ahí aproveché de poner en práctica mis conocimientos. Le expliqué la situación y me dijo que no éramos los primeros en venir así sin conocer a nadie y desorientados. Nos ofreció el regreso para el día siguiente por un costo por cambio de fecha de $200 dólares. Damián y Liz hablaron y me dijeron que ellos pagarían mi penalidad pues sabían que yo solo tenía 50 dólares. ¡Qué situación! Liz por su parte llorando, y yo atado de pies y manos. Si aceptaba su oferta para mí era una muestra de debilidad y de aceptación del fracaso, todo por esta idea loca y aventurera de querer salir de Cuba a cualquier costo sin medir las consecuencias. Sin querer, esto pasó de ser un sueño a una pesadilla. Yo había luchado mucho para llegar ahí. ¿Cómo podía rendirme sin siquiera haber salido del aeropuerto? Pero a la vez, si decidía quedarme, ¿cómo sobreviviría con solo 50 dólares en el bolsillo?

Continuará…

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Copyright © 2014 Rodolfo Paneque
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Acerca de Un Cubano por el Mundo

Soy Rodolfo Paneque, un cubano como otro cualquiera haciendo realidad mis sueños de vivir en libertad y viajar por el mundo. Mi pasión por los viajes me llevo a estudiar una licenciatura en Hotelería y Turismo, y de esa manera me he realizado como profesional en el este fascinante mundo al que me he dedicado. Me encanta compartir mis experiencias con amigos y familia y así estimularlos a que viajen también y se vayan a descubrir las maravillas que hay regadas en mundo. Les invito a todos a seguir mi blog y también a seguirme en las redes sociales. Si eres de los míos ¡bienvenido a bordo!
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14 respuestas a Capítulo 5 Dilema

  1. Qué duro no me lo quiero ni imaginar no es facil! !!

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  2. Yamilé dijo:

    ¡Fueron momentos duros, mi amigo! Y lo peor de todo, es que en aquel momento ustedes hicieron ese viaje a ciegas, porque hoy en día, ya hay un poquito de acceso a Internet en Cuba, y eso,
    hubiese hecho la diferencia, en el viaje de ustedes. Pero nada, sé que de una manera u otra, salieron pa’lante ja,ja,ja. ¡Ya me enteraré qué hicieron en la siguiente narración…! Gracias por compartir tu historia, amigo querido. Muaaaaa.

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    • Rodolfo M. Paneque dijo:

      Yami tienes razon! El caso es que hacer algo a ciegas estos dias es algo loco, pero en aquel momento no teniamos opcion, creo que de haber tenido acceso a las redes no nos hubiesemos lanzado a esa aventura o al menos hubiesemos planificado todo bien. Yo por ejemplo actualmente viajo por el mundo solo y he estado en muchisimos paises, desde Asia, Africa, Europa y toda America desde Chile hasta Canada, pero obviamente son otros tiempos y puedo planificar y saber exactamente todo lo que voy a hacer antes de viajar, incluso cada sitio que voy a visitar, transporte en que moverme etc. Si de hecho si hubiesemos tenido acceso an aquellos tiempo otra hubiese sido la historia! Gracias corazon por siempre dejarme tu comentario tan lindo y lleno de buena vibra! Un besote y cuidate!

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  3. Rosa Gonzalez dijo:

    DE SUSTO EN SUSTO NO SALIAS PERO YO NO CREO QUE TU TE DIERAS POR VENCIDO TAN PRONTO ESCRIBE MAS Y PRONTO YA ESTOY ANSIOSA POR SABER QUE SUCEDE UN ABRAZO

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  4. Xiomara dijo:

    Hola seguire esa historia hasta terminarla pero necesito saber si Liz es una muchacha que vivia en Chacon y fue maestro me podias decir? Saludos, Xiomara

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    • Rodolfo M. Paneque dijo:

      Hola Xiomara! Liz Y Damian no son los nombres verdaderos de los personajes. Los cambie pues no sabia si ellos estarian de acuerdo en que publicara sus nombres reales. Cualquier cosa dejame saber! Me alegra que estes siguiendo la historia, saludos!

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  5. Primy dijo:

    Que dificil situacion, y dificil en ese momento decidir que hacer!!!

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  6. Maria Teresa Lopez Barrios dijo:

    Rodol que interesante historia !! creo que si eran tan grande tu deceo de libertad !! que no te importo pagar el precio de ella!! no cabe duda que eres un guerrero y que sabes luchar por lograr tus sueños ,, sabias muy bien lo que querias y es por eso que desidiste seguir adelante a pesar de tantas angustias ,,miedos y todo lo bueno o malo que estaba por venir !! muy bonita historia ,,saludos!

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  7. Oye me da angustia solo de pensar en estar en un lugar sin posibilidad de comunicarme. tremendo valor hay que tener.

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